Drina ErguetaTextura Violeta

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En Bolivia todo es arma electoral, hasta las causas vitales

Drina Ergueta

SemMéxico. La Paz-Bolivia. 01 de octubre de 2019. Los incendios en el oriente boliviano, con las importantísimas pérdidas en flora y fauna, han provocado una temporal conciencia ciudadana respecto al medio ambiente y al cuidado de los recursos naturales y de la Pachamama, todo exacerbado por la campaña electoral que ha aprovechado para repartir culpas; pero ¿cuánto valor tiene ese compromiso ambiental?

El crecimiento económico continuado a lo largo de los últimos años de gobierno, de un 4 a 5% anual, es el principal argumento del actual gobierno que se repostula dirigir la administración del país, mientras que los partidos de oposición también candidatos se centran en señalar que eso fue pura suerte y en profundizar muy poco en este punto a la hora de hacer promesas de futuro. Entonces atrapan al vuelo la coyuntura ambientalista y la aprovechan.

El Producto Interno Bruto (PIB) nacional, que en los últimos años se ha cuadruplicado, mide lo que produce un país, lo cosechado por hectárea, lo producido por la industria, lo que se ha invertido en infraestructura, etc. no toma en cuenta los daños, no resta lo que se afecta al medio ambiente. Es decir, puede contabilizar la producción minera pero no toma en cuenta la contaminación ambiental que esta actividad produce. ¿A cuánto llega el daño ambiental anual? Ningún país lo toma en cuenta y mucho menos lo resta de las cifras de la producción.

Hay más. Hay mucha más producción que no se toma en cuenta a la hora de establecer el crecimiento económico, es el trabajo de mucha gente en la informalidad y el trabajo de quienes cobran una miseria porque están en un lugar muy vulnerable de la sociedad, aquí entran muchas mujeres, niños y niñas y también gente mayor desatendida.

Hay más. El PIB no toma en cuenta al trabajo de cuidados que realizan las mujeres en los hogares y otros espacios sociales. Es un trabajo invisible y no remunerado y cuya importancia en la sociedad es vital porque permite que todo el resto siga adelante. Esto no entra en el PIB.

Cuando los partidos se rasgan las vestiduras por el respeto a la Pachamama o por los incendios y sus daños sólo utilizan este tema como arma arrojadiza contra el contrario ¿Contabilizarán los daños ambientales como pérdidas del PIB? ¿Harán políticas ambientales que rompan con la comodidad de las industrias contaminantes?

Cuando los partidos prometen sobre estabilidad económica y crecimiento, ¿tomarán en cuenta el trabajo de cuidados de las mujeres? ¿ponderarán ese trabajo como una actividad profesional de valor? ¿igualarán los sueldos entre hombres y mujeres?

No, este año electoral los incendios han dirigido las campañas proselitistas hacia la defensa del medio ambiente. En alguna campaña anterior, uno de los temas era la violencia machista y entonces los asesinatos de mujeres, las violaciones y los golpes eran patrimonio del partido contrario.

Esta vez el incremento de asesinos de mujeres, cada vez más violentos, la aparición de “manadas” bolivianas de violadores, los innumerables casos de hombres que golpean y violentan de distintas maneras a mujeres, no ha sido tema de preocupación para atender, para prometer mejoras. Al contrario, han aparecido candidaturas con perfiles machistas y misóginos que rayan en el delito, y allí siguen.

En fin. La lucha medio ambiental se topa con un capitalismo depredador que ha llevado al planeta a un punto peligroso de no retorno. Un capitalismo dirigido por hombres que, de manera más o menos evidente, someten a los otros sexos y contra el que se enfrentan los planteamientos de los feminismos.

Hoy hablar de lucha de clases, que existe, no es suficiente. Hablar de reivindicaciones indígenas frente al racismo colonial, que también existe, no es suficiente. La lucha medio ambiental, que se ha iniciado hace unas décadas, hoy tiene cada vez más fuerza porque es cada vez más necesaria. Y lo mismo la lucha feminista que gana espacios como también encuentra barreras que se alzan desde lo más profundo de la dominación masculina.

Las propuestas electorales no hablan de cambios, sino de mantenimiento de lo que hay.

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