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La violencia obstétrica, un análisis internacional

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Claudia Almaguer

SemMéxico. 19 de octubre 2019.- El pasado mes de agosto durante lo que fue el Foro Interdisciplinario para Prevenir y Atender la Violencia Obstétrica que hubo en San Luis Potosí, convergieron distintas perspectivas para enfrentar este problema relacionado a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y a la salud materna. Desde luego que las propuestas más nutricias partieron desde el reconocimiento de su existencia en los ámbitos de la atención a las mujeres, y es que difícilmente pueden surgir las ideas desde la negación o la minimización del fenómeno.

¿Por qué hablar de violencia obstétrica y no de violencia oftálmica? Se llegó a cuestionar, esto  ya devela por lo menos desde qué nociones de perspectiva de género parten las preguntas y lo indispensable que es ser conscientes que la salud de las mujeres durante el embarazo el parto y el puerperio no son territorios asépticos de la aplicación de estereotipos y de prejuicios que devienen en claros usos y costumbres en los que no se las toma en cuenta así como en agresiones que dejan secuelas irreconciliables con el ejercicio y pleno goce de sus derechos humanos.

Muy por el contrario de a quien no le guste el término recientemente ha sido ya aplicado a una primera investigación de la Organización de las Naciones Unidas denominada “Informe de la Relatora Especial sobre la Violencia contra la Mujer, sus causas y consecuencias acerca de un enfoque basado en los derechos humanos del maltrato y la violencia contra la mujer en los servicios de salud reproductiva, con especial hincapié en la atención del parto y la violencia obstétrica” un documento que devela algunas de las prácticas que ya se han identificado tanto en México como en otros países.

Precisamente, la Relatora  Dubravka Šimonović expuso ante la Asamblea General de la ONU datos fundamentales, reconociendo que las mujeres tienen derecho a recibir una atención digna, respetuosa, libre de violencia y malos tratos tal y como se ha establecido en diferentes instrumentos del derecho internacional pero que ésta no es su realidad cotidiana dadas las diversas manifestaciones de violencia obstétrica definida allí como la que padecen las mujeres durante la atención del parto en los centros de salud y que constituye una práctica arraigada y generalizada.

Algunas de las manifestaciones encontradas y descritas en el informe que además son consideradas tal cual violaciones a los derechos humanos y formas de tortura son técnicas como la sinfisiotomía que consiste en la separación y ampliación quirúrgicas de la pelvis, o la episotomía un corte profundo en el perineo de la mujer que de acuerdo al documento en México oscila entre el 30% de las mujeres que dan a luz de forma vaginal y que da pie a otra agresión machista conocida como los “puntos para el marido” ese procedimiento de sutura que aplica más puntos de los necesarios para la satisfacción sexual del esposo.

Respecto a las prácticas discriminatorias estas van desde las humillaciones que reciben las mujeres que viven en condiciones de pobreza, que no saben leer y escribir o que viven en zonas rurales por parte de personal sanitario en todo el mundo, hasta formas de violencia obstétrica que sí constituyen un delito como la esterilización y el aborto forzado que se realizan principalmente a mujeres pertenecientes a grupos minoritarios como las mujeres romaníes, indígenas, las que viven con alguna discapacidad o con VIH de las que se señala que no son “dignas” o que no son capaces de ser “buenas madres” y que suelen ser engañadas o amenazadas para la toma de consentimiento.

Dicho consentimiento no es tal indica la experta: “se ignora completamente el concepto de la atención centrada en la mujer y los conceptos de elección libre y consentimiento informado no han sido asimilados en la cultura médica paternalista que impregna el ámbito de la obstetricia”. Puede parecer de sentido común que no se trata sólo de que las mujeres firmen en un papel sino a que se les proporcione información comprensible, accesible y adecuada, no obstante se registró inclusive en países de primer mundo que se les dan los formularios de consentimiento durante las contracciones o el alumbramiento.

Muchas de estas costumbres perniciosas están vinculadas a las malas condiciones de trabajo de los profesionales de la salud, la falta de formación, los bajos salarios, las largas jornadas y las carencias desde luego que coadyuvan a que las mujeres reciban malos tratos, pero también queda claro en el informe que hay conveniencias que no pueden encontrar justificaciones como sucede con el excesivo uso de la cesárea que está sustituyendo al parto vaginal en América y Europa, lo que no es una necesidad sino un aprovechamiento de costos y de tiempo dado que estos procedimientos suelen programarse en días laborales en donde los médicos cobran honorarios más altos a las aseguradoras.

Pero también encontramos que a nivel mundial (si, también México) hay estereotipos de género en el ámbito de la salud y cito: “Estos estereotipos surgen de solidas convicciones religiosas, sociales y culturales y de las ideas sobre la sexualidad, el embarazo y la maternidad. Estos estereotipos nocivos se justifican además con la creencia de que el parto es un acontecimiento que exige el sufrimiento de la mujer. A la mujeres se les dice que estén felices por tener un niño sano, sin valorar su salud física y su equilibrio emocional.”  

Y desde luego las recomendaciones para combatir estas prácticas nocivas para la autonomía de las mujeres, que retomaremos la próxima semana, van mucho más allá de la tipificación y son mucho más integrales y creativas. A más ver.

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