30 años de la caída del Muro de Berlín

Cada vez más Alemania y menos Europa: treinta años de la caída del muro de Berlín

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  • Tres décadas después de una reunificación encaminada a hacer crecer el proyecto europeo, el Brexit aumentaría el poder de Alemania

Maria Subarroca Ferrer/Foto: Mar Cerdeira / Unsplash

Analista de la Universidad Abierta de Cataluña (uoc seu de Barcelona

SemMéxico. 8 de noviembre de 2019.- El 9 de noviembre de 1989 cayó un muro que separaba Alemania en dos estados diferentes, Europa en dos bloques y el orden internacional en dos superpotencias. Treinta años después, las consecuencias de aquel momento histórico aún marcan estos tres ámbitos, ya que las expectativas que se abrieron se han cumplido solo parcialmente, tal como explica el profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Marc Gil.

Alemania vuelve a ser la gran potencia europea

«Con la caída del muro de Berlín, la unificación de Alemania parecía inevitable, pero algunos políticos europeos, por ejemplo Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido, mostraban muchas reticencias», explica Gil. Antes de la Segunda Guerra Mundial y la posterior división de Alemania en dos estados, este país había tenido una enorme potencia dentro de Europa. «Para evitar que vuelva a pasar, se encapsula Alemania dentro del proyecto europeo. Francia e Inglaterra consideran que si se da un paso adelante con las políticas comunes de la Unión Europea —como pasó en 1992 con el tratado de Maastricht— Alemania quedará contenida dentro de una lógica supranacional y su poder, acotado», afirma Gil.

Sin embargo, según el experto, al proyecto europeo le ha faltado consolidar unos mecanismos que le hubieran permitido resolver mejor las crisis de la última década y desde Alemania también ha faltado compromiso con los intereses comunes, tanto en aspectos económicos como políticos.

«En crisis como las de los refugiados, desde Alemania se han defendido más firmemente que en otros países los valores europeos, pero en cuanto a la construcción europea, los gobernantes alemanes han priorizado los intereses de su país», considera Marc Gil.

«Durante la crisis financiera global de 2007, a la hora de diseñar el rescate de las economías más afectadas, se favoreció los intereses de los acreedores, muchos de los cuales eran alemanes, y también algunos franceses», afirma Gil. «La postura de Alemania ha sido muy rígida con el cumplimiento del déficit. La respuesta a la crisis se pensó para proteger al acreedor y ha generado mucho sufrimiento económico, social y político en poblaciones que forman parte de la Unión Europea y que se han sentido abandonadas», añade.

El sistema europeo no está preparado para afrontar choques asimétricos, cuyos efectos son diferentes en cada economía estatal, a diferencia por ejemplo de Estados Unidos. «Allí, con crisis como la del huracán Katrina, disponen de fondos que pueden destinarse a ello, y también pueden fomentar el movimiento interno de población a otras zonas, pero en Europa tenemos la barrera idiomática y este tipo de sistemas unificados de respuesta aún no se han establecido», considera Gil.

El profesor de la UOC apunta a la inexistencia de mecanismos económicos comunes como la deuda compartida o bien una política común para hacer frente al paro. «Ante las reclamaciones de países del sur para la creación de eurobonos o bien para que Irlanda deje de hacer competencia fiscal a otros estados europeos, Alemania es el país más reticente», explica Gil.

Además, hasta ahora, la política del Banco Central Europeo ha impulsado la compra de deuda pública y los bajos tipos de interés para reactivar la economía, pero hay expertos que opinan que queda poco margen en este sentido. «Algunos economistas plantean que las políticas de impulso al dinero barato ya se han agotado y que sería necesario que los estados impulsaran el gasto público, pero actualmente en Europa no se puede hacer porque los países están ligados por los criterios de déficit. Alemania es la economía con menos déficit y que podría impulsar una respuesta en este sentido», opina Gil.

La hegemonía económica de Alemania también ha ido acompañada de un protagonismo político. Según el profesor de la UOC, experto en historia del mundo actual, «Alemania es la potencia más importante de la Unión Europea y la que decide en gran medida las políticas comunes y si se alía con un país u otro por cuestiones determinadas. Los intentos de Francia de volver a un eje francoalemán no han prosperado», afirma.

Este protagonismo podría aumentar si se produce el Brexit. «Inglaterra es una potencia que tradicionalmente, a lo largo de la historia, ha intentado evitar hegemonías en la política internacional y siempre ha tendido al equilibrio de poderes. Si se marcha de la Unión Europea, el papel político de Alemania se reforzará», según Gil.

«El Brexit genera incertidumbre porque nadie había previsto los mecanismos para abandonar la Unión Europea. Es probable que se generen turbulencias económicas, que pueden poner en riesgo el euro. Políticamente se podría vivir un nuevo «euroentusiasmo» —que considero poco probable— o incluso el surgimiento de una Europa de dos velocidades, en la que haya unos países más prósperos con políticas económicas compartidas y otros con una asociación más débil», apunta Gil.

Un orden internacional apolar

La caída del muro de Berlín fue el preludio del fin del enfrentamiento bipolar entre Estados Unidos y la URSS, ya que la potencia comunista se disolvió en solo dos años. «El fin de la guerra fría generó un orden internacional que durante un período muy corto fue unipolar, con la hegemonía total de los Estados Unidos», explica Gil, que es profesor del grado de Historia de la UOC.

La correlación de fuerzas internacional cambió, pero entonces estalló una serie de conflictos que estaban congelados. «Con la lógica bipolar, si se desestabilizaba un país podía producirse un efecto dominó, y cuando esta guerra fría desaparece, muchos conflictos armados estallan. Es un fenómeno que suele suceder cuando hay un nuevo orden internacional.»

Sin embargo, el dominio norteamericano no se ha consolidado, según Gil. «Se ha llegado a una situación de apolaridad, en la que los Estados Unidos mantienen una potencia extraordinaria, pero su dominio está menos fijado y es menos claro», afirma el historiador.

Citando a Joseph S. Nye, el profesor de la UOC considera que aunque Estados Unidos dispone del mayor presupuesto militar, no tienen el control económico ni tampoco consiguen el equilibrio en todas las regiones del mundo. «Económicamente, deben competir con la Unión Europea y con China, y actualmente están provocando guerras comerciales que van en contra de los principios que ellos mismos impulsaron, como el libre comercio, y que responden a intereses estratégicos como los vinculados a la tecnología 5G», opina Marc Gil.

Desigualdades entre el este y el oeste de Alemania

Con la desaparición del muro, cayó también la frontera entre la República Federal de Alemania (o Alemania Occidental), que durante más de cuarenta años fue aliada de Estados Unidos, y la República Democrática Alemana, al este, aliada de la URSS. «La unificación en realidad fue una absorción por parte de Alemania Occidental, que era mucho más potente», considera Gil.

Según el profesor, «el proceso de convergencia no ha sido del todo exitoso, porque el mapa de distribución de la riqueza aún muestra una desigualdad entre los dos territorios. Hubo diferencias muy grandes entre los dos países, como la moneda o el marco legal, y aún no se han equiparado completamente. La unificación ha funcionado desde un punto de vista simbólico, cultural y de valores, pero ha tenido unos efectos menos dulces de los que se esperaban en el este desde un punto de vista de renta y de desarrollo de infraestructuras», concluye Marc Gil.

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