30 años de la caída del Muro de Berlín

Especial: 30 años de la caída del Muro de Berlín; Waltraud Falk, ex directora universitaria

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  • Los teólogos elegirán el rumbo de la universidad en la RDA

Esta indagación periodística no habría sido posible sin el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert y la cooperación decisiva de Isabel Basterra, Elizabeth Klose, Mariane Braig y Peter Sthorandt por sus orientaciones y traducción de charlas, entrevistas y sondeos en ambas Alemanias.

Quinta parte

Sara Lovera, enviada/V, Berlín, 1 de mayo, 1990.-En las calles de Berlín oriental la gente mira cómo nace la primavera, la fiebre de refundación de la “nueva patria” empieza a disiparse. Se debilita poco a poco la algarabía que produjo la caída del muro.

Tras cada fachada de una vivienda hay una inquietud indescifrable. Todo se desestructura, cambia. Los estudiantes están de vacaciones mientras la cúpula decide cómo será dentro de algunos meses la vida en la Universidad de Humboldt, nacida hace 175 años. La primera demanda es mantener su autonomía.

En el edificio central, el 9 de abril pasado Waltraud Falk dispone su último día como directora de la Facultad de Ciencias Sociales. Ya tiene el cabello cano y no recuerda en qué momento comenzó a reconocer sus errores, “los de todos, los de los socialistas que nos negamos a reconocer las fallas del sistema, los que no oímos que eran necesarias las reformas económicas en 1980, las políticas en 1985, los que todo justificamos en nombre de un sistema que ahora resultó falso. Fuimos intolerantes”.

Burócrata del partido de Estado, profesora de la Humboldt desde 1956, economista de carrera, doctora en historia “yo sabía, como muchos otros que esto ya no tenía sentido. Ahora sabemos que el 50 por ciento de la población será considerada marginalizada en muy poco tiempo. Mi hija es ingeniera, gana 700 marcos, mi hijo, en el momento del cambio de moneda ganará 600 marcos. Esta gente ya no podrá construir una vida”.

La mujer de más de un 1.70 metros de estatura, se dobla ante la realidad: “Se va fundar un solo ministerio: Educación Ciencia, Mujer, Familia y Asuntos Sociales, lo va a dirigir T. Evelyn, el pastor evangelista más reaccionario que se conozca en la RDA y eso nos conducía a lo imprevisible”.

Trata de explicarse: “Hay una posibilidad. El nuevo rector en la Humboltd, J. Fuik, es un teólogo reconocido, no pertenece a ningún partido político y ha sido el primero en desechar la idea de reunificar a las universidades de Humboldt y Libre de Berlín, porque ello llevaría al caos. El hombre, es cierto, tiene valores cristianos, pero no ideológicos, sin embargo, luchará por desarrollar la autonomía y un nuevo perfil para nuestras universidades y sus 12 mil estudiantes”.

En la oficina universitaria todo queda igual, cómo si la señora Falk fuera a regresar al día siguiente. Sonríe nerviosa mientras se hace la traducción de sus reflexiones: “Hasta hoy y desde 1945 la Universidad de Humboldt y todo el sistema educativo respondieron a la planificación central de la economía. Los estudiantes ahora quieren otra cosa, autonomía y nuevos conocimientos relacionados con el establecimiento del sistema capitalista que se empezó a implantar ya. La entrada a esta universidad fue muy restringida, todo dependerá ahora de decisiones políticas”.

Empezaron a desaparecer las becas. Antes cada estudiante era becado y recibía materiales de trabajo, libros y disciplina. Había una relación estrecha maestro-alumno. Ahora los teólogos dirán cómo será la enseñanza. Muchos maestros ya han huido a Occidente, y eso también es un problema a resolver”.

“El atraso en la economía del país –continúa- empezó a mediados de los años 70, tras un repunte muy importante y después del impulso que hubo en 1968 por cambiar algunas cosas. En 1980 se propusieron reformas que no se escucharon, la cúpula del partido consideró que no era el memento; la crisis –sólo la económica- apareció descarnada en 1985; el gobierno abrió las puertas al turismo, pero continuó protegiendo totalmente la economía interna. En la RDA se produce hasta lo más elemental, con el pretexto de no afectar a los países del Tercer Mundo. Muchas industrias no tendrán capacidad de sobrevivencia. Si el acuerdo monetario es de 2 por uno, toda la economía de la RDA se vendrá abajo”.

La cuestión política e ideológica es mucho peor, explica. El sistema socialista en la RDA fue impuesto por las fuerzas de ocupación soviéticas al término de la Segunda Guerra, “mucha gente sintió que el sistema era falso”, desconociendo la lucha histórica de los comunistas alemanes y este sentimiento fue lo que accionó durante las elecciones de marzo pasado y las falsas promesas del oeste.

Lo cierto es que el control político, primero de los nazis y después de nuestro sistema, “impidió a nuestra generación saber algo sobre democracia. A pesar de que muchos, aún todavía, mantenemos firmes nuestras ideas y principios socialistas, por largos años no reflexionamos sobre lo que estaba pasando. Tras la guerra la lucha era por sobrevivir, la gente creyó en algo, construyó algo, creímos en el socialismo. Ahora luchamos por elecciones libres, es triste pensar que no volveremos a votar, si como todo parece, la anexión es irrefrenable”.

Ahora es diferente, dice mirando hacia sus interlocutoras. “Ya no puedo recordar cuando empecé a aceptar mis errores. Entré al partido en 1946, dos años después mi padre, acusado de socialdemócrata, fue apresado por los soviéticos y recluido un año. Yo seguí en el partido. En 1964 mi esposo fue reprimido y sacado de la universidad por haber invitado a Havelman –el ideólogo de oposición en los años 60- y se fue a la Academia de Ciencias. Ambos, sin embargo, continuamos en el partido”.

Del mismo modo ocultamos, borramos de la memoria lo que hicieron con nuestros familiares y amigos que disentían. Olvidamos lo que hicieron con ellos los rusos, en los mismos campos donde antes hicieron lo mismo los fascistas. En mi pueblo conocíamos el campo Sachsenhausen, fascista primero, ruso después. Pero nadie hablaba de él. El campo existe, es de la Stasi (la policía secreta del régimen en extinción) nadie había querido saber o decir nada sobre él. Mucho tiempo fuimos cobardes, no escuchamos a Brecht, no escuchamos a la historia. Esto nos llevó al cambio”.

 “Ahora –prosigue- que aprendimos a gritar ya no nos callaremos”, asegura la profesora al reconocer que la anexión y el ingreso acelerado de la RDA al mundo capitalista traerá nuevas derrotas “pero también nuevas luchas. Hemos empezado apenas a darnos cuenta que iniciamos con retraso. Atrás de la RFA, como un país pequeño y pobre frente a ello, como una comarca, otra vez ocupada. Perderemos los logros, a pesar de todo, los logros del socialismo: la seguridad, el empleo, la protección a la niñez, pero ahora lo sabemos”.

Para la señora Falk la responsabilidad la tiene hoy la iglesia protestante, porque bajo su techo se hizo toda la movilización social y política que acabó con el régimen. Sus representantes, dijo, están asustados, ahora ellos están diciendo, frente al caos, que el Estado no debe perder su cara”. Pero, se pregunta ¿quién los detendrá’, refiriéndose a la nueva alianza gubernamental.

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