Mujer y PoderNatalia Vidales

Mujer y Poder

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Vergonzosa protesta de Rosario Piedra

Natalia Vidales Rodríguez

SemMéxico. Sonora. 13 de noviembre de 2019.- Este miércoles el Presidente López Obrador se refirió a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos como si se tratase de una dependencia más de su gobierno y no  al revés y como lo es, una institución que defiende a los ciudadanos de los abusos del poder público (hay que recordar que la mayoría de las quejas en esa Comisión son, precisamente, en contra de los gobiernos y particularmente del más grande y poderosos de ellos: el gobierno federal que  encabeza, claro,  ¡el Presidente de la República!.

Al igual que los juicios de Amparo que se presentan  ante el Poder Judicial de la Federación , las quejas ante la CNDH tienen por objeto resarcir o detener las violaciones de las garantías constitucionales del gobierno en perjuicio  de cualquier mexicano, y de ahí la indispensable independencia de esas instancias para poder lograr ese propósito. Pero el Presidente se ha referido a los  primeros –los Amparos–   como a instrumentos de los conservadores para intentar detener las causas  de  su gobierno; e incluso  en el mismo sentido en relación con las Recomendaciones de la Comisión, si recordamos que la primera de ellas que se emitió en el actual régimen, fue para reponer los subsidios a las Estancias Infantiles, pero AMLO se negó a acatarla.

 “Estoy muy contento –dijo el mandatario–  en su matiné de este día  (por cierto cada vez menos informativo y más propagandístico)  que se haya  tomado esa decisión”, refiriéndose   al nombramiento en el Senado de la República de la Sra. Rosario Piedra Ibarra al frente de la Comisión, una importante  activista de los derechos civiles pero cuya cercanía personal con el Presidente y abierta simpatizante de MORENA (el  partido en el poder) la hace, a juicio de buena parte de la opinión pública y publicada, inapropiada para el cargo precisamente por su inclinación política a  favor del régimen.

Así como tampoco sería conveniente que  la CNDH estuviera presidida por un furibundo opositor,  a quien “nada” de lo que hiciera  el gobierno le pareciera  –y que igual   le evitaría cumplir cabalmente con su función por esa fobia— tampoco resulta adecuada  una persona afín al régimen y que, por definición “todo” el quehacer oficial  lo vería con buenos ojos.  Salvo,  para agravar el problema,  las acciones de los gobiernos de la oposición “enemigos” de la Cuarta Transformación con la cual se coincide.

El “palo” sin embargo, todavía no está dado del todo: precisamente por el inconveniente anterior no se logró la mayoría calificada de los  Senadores (encargados de la elección del ombudsperson) en la Cámara Alta, buscándose una y otra vez el mejor de los perfiles para el cargo, y se recurrió al fraude electoral (desapareciendo dos votos en contra) para favorecer a la preferida del Presidente. Así que el nombramiento, en realidad, está pendiente de su impugnación ante el Poder Judicial.

El Presidente ha ido logrando, de menos a más, hacerse de las Instituciones que, por ley, deben ser independientes y autónomas del gobierno (la Fiscalía, la Suprema Corte, por ejemplos,  y hasta el Coneval que mide la pobreza en el país)  para que todas queden  sumadas a su causa. Pero aun aceptando –sin conceder como dicen los abogados-  que la 4T sea la mejor opción para el país, se requiere de la independencia de las instancias citadas precisamente para proteger al ciudadano de los excesos del poder o, de plano, de los abusos en su contra (que en todos los gobiernos, por bienintencionados que sean, suelen darse ya sea a propósito en el peor de los casos,  o por error en el menor de ellos).

Todos los mexicanos, incluyendo a las personas afines al nuevo gobierno, tanto como los incondicionales y los  fanáticos  del  Presidente, pueden  ser víctimas impunes del gobierno si no existen instituciones que velen efectivamente  por sus derechos, en vez de ser meros amanuenses del régimen. Empecinarse en lo contrario puede salir mucho más costoso, en términos de las libertades civiles (las más difíciles de proteger y que tantos sacrificios costó construir) que la mejor de las transformaciones prometidas, en cuyo nombre –sobran los ejemplos en la historia— se han cometido enormes abusos y se ha empedrado el camino al infierno (para decirlo dramáticamente).

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