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Segundo Congreso Feminista en Chiapas 2019

* Un balance preliminar

* Un fruto del trabajo de las generaciones previas

Inés Castro Apreza

SemMéxico, 2 diciembre 2019.- Hoy por hoy, muchas más mujeres feministas hay en México. También hay muchas más mujeres que no se llaman a sí mismas feministas, pero que luchan por hacer escuchar sus voces y posicionar sus demandas y proyectos en los ámbitos públicos. Es ésta la primera revelación del Segundo Congreso Feminista en Chiapas 2019.

El Segundo Congreso Feminista tuvo como sede la ciudad capital Tuxtla Gutiérrez los días 27, 28 y 29 de noviembre pasados.

Cuadro 1. Numeralia básica del

Segundo Congreso Feminista en Chiapas 2019

Rubro Cantidad
Días de Congreso 3
Mesas 29
Ponencias 120 a 130
Ponentes 110 a 120
Países participantes 5  
Estados de México presentes 16
Temas/problemas abordados 19

Fuente: Documentos del Segundo Congreso

La numeralia es aproximada, ya que amerita un análisis a fondo (mujeres que no pudieron llegar, otras que se incorporaron). El grueso de la presencia fue de mujeres de México, pero las hubo de otros países como Colombia, Ecuador, Chile y Argentina, en estos casos de jóvenes estudiantes de posgrados. Los estados presentes fueron: Chiapas, Tabasco, Quintana Roo, Campeche, Veracruz, Yucatán, Oaxaca, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Jalisco, Sonora, San Luis Potosí, Baja California, Ciudad de México y Coahuila.

Más allá de la necesaria precisión en los números, tuvimos una inauguración y un desarrollo de debates en tres días que mostraron rostros diversos, voces divergentes, experiencias todas que reflejan la fuerza de movimientos femeninos en curso.

No todos estos movimientos son feministas. Sí lo son la mayoría.

Entre las novedades más significativas está la fuerte presencia de mujeres jóvenes (“jóvenas”, como dicen ellas), estudiantes de licenciatura y maestría, la mayoría en sus años veinte y algunas en los treintas. Aproximadamente, hablamos de la mitad de las presentes: un Congreso con predominio de jóvenes que hacen investigaciones sobre mujeres, con perspectiva de género o, directamente, feministas. Un Congreso con activistas feministas de todas las generaciones; con ellas el porcentaje de mujeres feministas presentes en el evento asciende a 80 % o más.

Estas investigaciones ameritan por sí mismas un análisis a profundidad para conocer el rumbo que están tomando los estudios de mujeres, de género y feministas casi cincuenta años después de haberse iniciado en México. Me reservo este análisis para un siguiente escrito.

De lo que no cabe duda alguna es que estas investigaciones y este activismo feminista son resultado, en buena medida, de todo el trabajo de las generaciones previas. Es un fruto.

Es también, diría yo, una promesa.

Con contradicciones y fuertes debates, con profundas conflictividades que no cesan, estamos al fin y al cabo frente a un proyecto político en marcha. De aquí la fuerza de los poderes conservadores en toda América Latina que buscan contrarrestarlo. Las feministas hablamos de “patriarcado” para reivindicar una categoría esencial, con un paraguas, que define todo un sistema, pero también sabemos enunciar con nombre y apellido qué poderes conservadores conforman dicho sistema, qué actores, cuáles son sus estrategias y contra qué combaten. Cómo nos combaten y cómo buscan reducir nuestras voces, ¿aniquilarnos?

También.

Por otra parte, otras novedades más en este Segundo Congreso no pueden pasar desapercibidas: hubo un grupo de empresarias y una importante presencia de mujeres ligadas a partidos políticos e instituciones gubernamentales, todas ellas en diferentes mesas de debate. Nos acompañaron asimismo trabajadoras sexuales, mesa en la que salió a flote un álgido debate.

Feminismos emergentes: ¿una Cuarta Ola Feminista?

Una mesa en particular se tituló así: ¿Una Cuarta Ola Feminista? Las respuestas aquí y en otras mesas fueron en varias direcciones, pero sobre todo destacaron el intenso uso de las redes sociales (así como sus riesgos y peligros) para el debate, la denuncia y las grandes convocatorias. Un indicador es los movimientos #MeToo locales que se han multiplicado, es decir, las jóvenes ya no se quedan calladas frente al acoso y el hostigamiento sexual.

La masiva presencia de mujeres jóvenes es un elemento novedoso de las multitudinarias manifestaciones en diversos países de América Latina. Indicador que da un carácter intergeneracional a los movimientos.

Lo intergeneracional, sin embargo, no borra la clase social ni la raza. Hoy más que antes se hace consciencia sobre la colonialidad del poder y la colonialidad del género. 

Nuevas estrategias contra las violencias y los feminicidios se construyen, por cierto, y algunas se dejaron ver en el Segundo Congreso Feminista en Chiapas. Frente a la inoperatividad de las Alertas de Género, las políticas públicas, los talleres de “sensibilización” a hombres y mujeres burócratas, las jóvenes innovan diariamente. Se recurre al arte, el performance, el teatro de las oprimidas….

Es destacable el performance-desmontaje contra la violencia y el feminicidio realizado en el Congreso Feminista, que concitó atención, empatía, reflexión… tanto por mujeres como por hombres. Si en algunas mesas se prohibió la presencia de hombres, en ésta se permitió y el resultado fue mejor de lo que se esperaba.

De alguna manera, con el Segundo Congreso Feminista en Chiapas pensamos que es como volver a empezar: en los setenta y ochenta las feministas jóvenes y adultas iniciaron batallas diversas a favor del aborto, contra las violencias machistas y en particular la violencia sexual. Casi cincuenta años después, las jóvenes feministas y las feministas adultas tenemos que innovar.

Esta fue así otra fuerte revelación del Segundo Congreso Feminista en Chiapas: no podemos dejar en manos del Estado la solución a los grandes problemas que afrontamos las mujeres. El Estado ha probado su fracaso y sigue en deuda con nosotras.

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