Claudia AlmaguerLa Opinión

Desde la Mano Izquierda

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De la violencia feminicida y la protesta de las mujeres en México

Claudia Almaguer

SemMéxico. 17 de febrero 2020.- Si hoy nos lee desde otras tierras sepa que en México las mujeres estamos hartas, otra vez dirá… y efectivamente no es posible pausar la ira porque la violencia sobre nuestros cuerpos no se detiene, porque a pesar de los datos y de las severas dimensiones que adquieren las agresiones contra nosotras en este país no ha sido posible que los gobiernos asuman la realidad a la que nos enfrentamos todos los días.

Duele profundamente la indiferencia, las excusas con las que algunas actoras en los puestos de poder del régimen justifican a sus superiores como se leyó en la entrevista que recientemente dio Candelaria Ochoa, titular de CONAVIM al diario El País para señalar en cuanto a su presidente López Obrador que: “ha declarado su compromiso con las mujeres y hombres de este pueblo. El movimiento feminista cabe en su idea de justicia y honestidad” y luego decir que “es un presidente comprometido con las mujeres. Queremos que un día se declare feminista, que no lo entienda como un estigma ni como un cliché.”

Francamente basta con escuchar sus discursos en relación a las mujeres y a los feminicidios para concluir semejante utopía y darse cuenta que el presidente no será feminista nunca, ya sus prejuicios, sus estereotipos de género y sobre todo su absoluta certeza de que por ser hombre todo lo sabe son prueba suficiente, es el común de todos sus predecesores y no hay ninguna diferencia al respecto.

Afortunadamente en nuestro país existen instrumentos jurídicos y compromisos internacionales que integran de manera armónica la valórica de los movimientos feministas con el ideal de la justicia, por lo que no se necesita que el presidente sea un convencido, sólo que cumpla con su obligación de hacer respetar la ley y de respetar él mismo la progresividad que deben tener los derechos humanos de las mujeres.

Y ni siquiera eso ha sucedido, por el contrario se ha jugado con los recursos destinados a prevenir, atender y sancionar la violencia de género y feminicida como ocurrió con los recursos para atender los refugios para las mujeres que se encuentran en situaciones de riesgo, con la ausencia de programas fundamentales para la coordinación institucional como el que marca la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres y la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, con la ofensiva propuesta de la Fiscalía General de la República de eliminar el tipo penal de feminicidio so pretexto de no poder aplicarlo.

Desafortunadamente ha tenido que ocurrir el feminicidio de Ingrid Escamilla para visibilizar circunstancias que suelen pasar desapercibidas para la sociedad y de las que preferimos no hacernos cargo:

Diariamente se asesinan de las formas más brutales a diez mujeres en México, el vínculo desigual de superioridad y subordinación es fundamental para comprender estos crímenes, tal y como lo son los antecedentes de violencia y las humillaciones a las que se somete el cuerpo de la víctima, por ello las razones de género de estos delitos aluden al hecho criminal y al contexto previo, por eso no se protegen los mismos bienes jurídicos que en un homicidio cualquiera.

Es urgente que el Ministerio Público reconozca que el mero uso del derecho penal para ese delito es insuficiente, que hay que adquirir otros saberes como la investigación con perspectiva de género, justo una metodología que permite visibilizar el acto de poder, de cosificación y de violencia extrema que se produce en un feminicidio. Desde luego no se trata de eliminar la figura y tampoco es cierto que la que hoy se indica desde el código penal federal sea la mejor, pero sí que necesitamos volver a revisar la norma y los protocolos en su mayoría producidos en la urgencia de responder a una exigencia de justicia.

Es necesario construir sanciones severas para quienes difunden imágenes de los feminicidios en colusión con agentes corruptos. Resulta profundamente vergonzoso el actuar de los espacios de comunicación que mostraron las imágenes del asesinato de Ingrid en sus plataformas y redes sociales, lo que no podría darse de no haber policías involucrados que comparten evidencia de investigaciones activas, una práctica deleznable que se produce en todo el país y que amplifica el daño causado por los agresores.

Los asesinos de las mujeres no están locos, no son hombres enfermos que carecen de alguna facultad mental, por eso es importante que las autoridades dejen de mencionar términos como los “celos” o los “problemas familiares” como causa univoca de los feminicidios, ya además de errar perpetúan los prejuicios de la sociedad que legitiman la violencia feminicida culpando a las víctimas de su propia muerte.

Lo que hoy se protesta desde las organizaciones feministas y de familiares de las víctimas es un asunto de todos. No hay diferencia ni frontera entre el peligro al que están expuestas unas mujeres y otras, porque todas las que habitamos en este país hemos aprendido a vivir con miedo y porque la violencia feminicida no es esa circunstancia terrible que se produjo al azar en ocasiones esporádicas, es una constante, es lo común, lo normal, lo cotidiano y nos concierne a menos que estemos dispuestas y conformes con el hecho de que puedan destazarnos y salir impunes.

Sí mira pasar a los colectivos únase, escuche sus consignas, lea sus cárteles, comprenda las injusticias que las hacen caminar, en riesgo está la vida de todas. A más ver.

@Almagzur

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