Mujeres

Pasta de Conchos, la herida sigue abierta

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* 14 años en espera de los cuerpos, Grupo México devolverá el predio

* Inaceptable, dice la Organización Familia Pasta de Conchos

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, Cd. de México, 19 de febrero 2020.- La noticia vuelve a cimbrar. El Grupo México anunció que entregará al gobierno federal la concesión de la mina 8 del complejo Pasta de Conchos, ubicado en San Juan Sabinas, Coahuila, para facilitar la búsqueda de los restos de 63 de los 65 mineros que quedaron atrapados en una explosión la madrugada de hace 14 años.

De esta forma, se cumpliría el anhelo de las familias de los mineros que murieron atrapados entonces, y a las voces que desde entonces se han unido, como la activista Cristina Auerbach Benavides y el obispo Raúl Vera Salinas, así como innumerables organizaciones de México y del ámbito internacional.

En el caso de Auerbach Benavides, quien ha dado puntal acompañamiento a la organización Familia Pasta de Conchos, que surgió desde el siniestro, ha sufrido hostigamiento, amenazas y difamación, incluso agresiones físicas, como el sucedido el 19 de junio de 2007, cuando fue aslatada en el estacionamiento de su casa, donde además de robarle sus pertenencias personales, le fueron robados documentos importantes sobre la mina Pasta de Conchos, lo que dio origen a un exhorto al titular de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, para que realice las investigaciones lo que ocurrió el 7 de agosto de ese año.

La tragedia para las familias

En 2006, cuando sucedió la tragedia solo dos cuerpos fueron recuperados, los de José Manuel Peña Saucedo, de 52 años de edad, y Felipe de Jesús Torres Reyna, de 42 años de edad, para el resto de las familias no hubo más, la misma madrugada cuando las mujeres, madres, esposas, hijas, llegaron hasta las puertas de Pasta de Conchos tras escuchar la explosión y correrse la voz, las encontraron cerradas y custodiadas por elementos del Ejército mexicano.

La tragedia en la zona carbonífera de Coahuila había vuelto a enlutar a las familias. No era la primera vez que esto ocurría. Sus deudos reclamaron a sus muertos y nuevamente, en la historia de aquella región, se había puesto en evidencia las pésimas condiciones en que los mineros trabajaban, incluso a riesgo de sus vidas como se lo habían advertido especialistas antes y como lo confirmaron después especialistas, quienes también mostraron “complicidad de empresarios e inspectores de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social”, cuyo titular era Carlos Abascal Carranza.

Este miércoles, en un comunicado enviado a la Bolsa de Valores, el Grupo México, encabezado hoy como hace 14 años por German Larrea, anunció la devolución de la concesión, esto luego de que el presidente Andrés Manuel López Obrador había solicitado la recuperación de los restos de los mineros fallecidos el 19 de febrero de 2006.

Una tragedia que terminó, como señaló un año después el obispo Vera López, no sólo con la vida de los 65 mineros, sino que también cambió el destino de las familias que enfrentarían un destino incierto con cientos de niñas y niños en la orfandad.

Organización Familia Pasta de Conchos dijo que en su cuenta de Facebook:

“Es absolutamente inaceptable que Grupo México “ofrezca entregar el pedazo de pa concesión en donde están los mineros y no todo el lote minero al cual no tenían derechos porque la Secretaria de Economía se los suspendió hasta que hicieran el Rescate. En el gobierno de Peña Nieto, de forma ilegal lo dividieron en 4 y le dieron nuevos nombres. No es justo, no es aceptable que manipulen la petición que hace el Presidente Andrés Manuel López Obrador de que entreguen la concesión de Pasta de Conchos, no un pedazo.  Lo único que muestran nuevamente, es que los mineros nunca les importaron sino el carbón. #ElRescateVa y Grupo México no va a decidir en qué parte ni como se hace”.

Esto tras conocer el comunicado del Grupo México anunció que entregará el título de concesión de El Olivo, donde se localiza la mina de Pasta de Conchos para que el gobierno federal reanude la recuperación de los restos y en el que califica el accidente del 19 de febrero de 2006 como la “experiencia más dolorosa que ha vivido México a lo largo de 83 años de operaciones en el país”. Además de relatar que la empresa realizó todos los esfuerzos “humanos y técnicos” para rescatar a los mineros, lo que se interrumpió porque se tuvo la certeza de que no podían seguir con vida y ponía en riesgo la integridad y la vida de los rescatistas, que asegura sumaron 270.

La tragedia para las familias

Publicado por SemMéxico hace cuatro años:

“Todo tembló la madrugada del 19 de febrero de 2006, las sirenas ulularon, la gente corrió hacia la mina, de inmediato la zona fue acordonada, el Ejército ya estaba en el lugar, nadie pudo pasar.

Debajo de la tierra, aquella fría madrugada, los túneles de la mina número ocho en el ejido Pasta de Conchos, en San Juan de Sabinas, Coahuila, habían colapsado. Un desastre anunciado, en el recuerdo de sus familias están las palabras de Fermín, Gil, Feliciano, Margarito, Guillermo, Raúl y Reyes que ya les habían contado sobre las malas condiciones en que estaba Pasta de Conchos.

Las investigaciones revelarían después que la causa de aquella funesta explosión fue la mala combinación de gas metano y falta de ventilación. Una sola ventilación a lo largo de dos kilómetros. El saldo, 65 mineros quedaron atrapados, eran vecinos de Nueva Rosita, y de otras localidades cercanas de la zona carbonífera. Los gritos de justicia se fueron silenciando.

Son 10 años desde aquella tragedia que sigue impune. Salvo dos casos, el resto de los cuerpos no fueron rescatados nunca y las viudas, sus hijos e hijas no tuvieron tumbas en donde llorar, como decía una de las viudas en 2006.

El obispo de Saltillo, Raúl Vera López, fue de las pocas personas que no quitaron el dedo del renglón y hoy siguen acusando a las autoridades del estado, entonces gobernado por Humberto Moreira, y a los concesionarios como los directos responsables al Grupo México, además de los funcionarios corruptos que se prestaron a no reportar las anomalías encontradas, personal de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, “firmaban y se iban”, señalan mineros sobrevivientes.

Elvira Martínez Espinoza, cuyo esposo, Jorge Vladimir Muñoz Delgado, murió junto a otras 64 víctimas dentro de la mina de carbón Pasta de Conchos, fue otra de las protagonistas de aquella tragedia. Nunca aceptó la indemnización de 750 mil pesos. Nada, era apenas el 4.4 por ciento del total de las utilidades obtenidas por el Grupo México en 2005, cifra que alcanzó los mil 100 millones de pesos.

Sólo un año antes, en 2004, la misma empresa obtuvo utilidades cercanas a los 700 millones de pesos. Como otras madres, esposas, hermanas e hijos, Elvira Martínez se sintió sola desde el primer momento, al cabo del tiempo las dejaron solas.

Claudia Escobar Pacheco fue de las últimas mujeres que se separó de a alambrada que rodeaba la mina, durante largos días y noches, mientras las mantas eran desgarradas por el viento, esperó el cuerpo de Raúl su esposo. Pero esperó en vano noticias y que le entregaran su cuerpo.

Nada, nunca tuvieron nada. Se quedaron ahí a 700 metros de profundidad, cuando la explosión sorprendió a los mineros que laboraban en el segundo turno. Un total de 65 viudas y 165 huérfanos y huérfanas, familias que fueron tocadas por la tragedia y cuya vida cambió desde entonces, una historia que se ha repetido innumerables veces, como se ha documentado y como quedó plasmado en el documental Las Viudas del Carbón que documentó la periodista Sara Lovera.

Ellas, las viudas del carbón, tenían información sobre lo que ahí sucedía. El testimonio  de Tomacita Martínez lo confirma. Su esposo quien murió en la mina Pasta de Conchos le había comentado unas noches antes que había mucho gas. Maribel Rico también recordó hace 10 años que su hermano Gil, otro de los que murieron atrapados, tenía 20 años en este oficio de rascarle a la tierra para sacar carbón.  Ella, conocía bien el trabajo por su hermano y por su padre, quien también fue minero en su tiempo, la historia era la misma, poco sueldo por un trabajo riesgoso, sabían bien que entraban, pero no si saldrían.

Pese al dolor de las familias, nada cambia. Después de Pasta de Conchos otras explosiones han ocurrido en la zona carbonífera de Coahuila, más muertos, más viudas, más huérfanos y huérfanas. La tierra de Pasta de Conchos se tragó a los mineros aquella madrugada del 19 de febrero de 2006. Sobre la tierra se quedó la tragedia que provocan la impunidad y el olvido.

SEM/sj

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