Dulce María Sauri Riancho

Al bache o al pozo

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Crisis del Covid

Por: Dulce María Sauri Riancho

SemMéxico. Mérida, Yucatán. 29 de abril 2020.- En Yucatán sabemos distinguir perfectamente un bache de un pozo. El primero es una falla en el pavimento y se presenta, generalmente, en temporada de lluvias. Los pozos acompañan a los y a las yucatecas, tanto del campo como de las ciudades.

La mayor pesadilla de las madres con hijos traviesos es que, jugando, se caigan al pozo. Lo mismo sucede algunas veces con las personas en estado de ebriedad que acaban en el fondo.

Cuando los baches reinan en las calles, se puede transitar en ellas, aunque hay que cuidar de no cruzarlos a alta velocidad para no romper la suspensión de los vehículos. Cuando alguien se cae al pozo, si sale vivo, será con golpes y fracturas.

Al Covid 19 tenemos la opción de afrontarlo como un peligroso bache en nuestra salud y la economía de las familias. Un bache que, pasada la emergencia, permita la recuperación sobre bases más sólidas. Pero también podemos acabar en el fondo del pozo. El riesgo mayor son las malas decisiones que acaben tirando por la borda lo logrado o precipitando al país a un abismo, del cual será muy difícil salir.

Baches y pozo en la salud. Tirios y troyanos, incluyendo finalmente al presidente López Obrador, admiten que México vive una crisis sanitaria por el Covid 19.

Veamos las coincidencias. Es un peligroso y desconocido virus contra el cual todavía no se crea una vacuna eficaz. Desgraciadamente, la información reciente muestra que no sólo se aloja en los pulmones provocando una neumonía, sino que también puede causar derrames cerebrales, sobre todo en los pacientes más jóvenes.

La recomendación “Quédate en casa” sigue siendo válida, aunque la necesidad haga que miles de personas se desplacen a sus actividades diarias, con el consiguiente riesgo de infección.

Las autoridades, no sé si con el afán de mantener la esperanza, hablan de un pronto final de la cuarentena, alrededor del 17 de mayo, para todos aquellos municipios donde no se hayan presentado casos de infección.

Sin embargo, ¿cómo le harán para declarar, por ejemplo, el fin del aislamiento en Tunkás, Peto o Yaxcabá, cuando la mayoría de sus habitantes se tienen que desplazar a la Riviera Maya o a Mérida para ganar su sustento?; ¿Y si estos municipios continúan sin regresar a sus actividades económicas? Muy pronto tendrá el gobernador que definir esta situación que, probablemente, se ordenó tras un escritorio en Ciudad de México y ante numerosas gráficas.

Estas semanas de pandemia nos han demostrado, en los hechos, la conveniencia de mantener la descentralización de los servicios médicos.

A diferencia del propósito del INSABI de concentrarlas bajo el mando federal, las estructuras estatales del difunto Seguro Popular son las que se han activado para detener al virus. Y han sido las y los gobernadores quienes han asumido medidas efectivas para reducir los contagios y preparar con sus menguados recursos las instalaciones necesarias para atender a los posibles infectados.

Bache será reorientar al INSABI en su empeño de acabar con las estructuras estatales. Pozo será insistir en la centralización, una vez salvada la emergencia.

Pozo y baches en la economía. La crisis en el empleo y los ingresos de millones de familias ya se ha presentado. Las reservas y los ahorros se han visto seriamente reducidos después de seis semanas de confinamiento.

Los escenarios económicos futuros hablan de una caída del PIB (Producto Interno Bruto) de alrededor del 7%, o quizá más. Menos de la mitad de la población trabajadora (43.3%) está afiliada al Seguro Social o al Issste, en tanto que la parte más grande están en la economía informal, con toda la incertidumbre que acompaña a esta forma de participación económica. Los pronósticos anuncian un retroceso de más de una década en la situación de pobreza y un crecimiento de la informalidad.

Ante estos obscuros escenarios vuelve a presentarse la opción. Se trataría de un bache si se asume que, para salvar el empleo y los ingresos de las y los trabajadores, requerimos una doble estrategia: una, dirigida a cuidar el trabajo formal —los más de 20 millones de aseguradas y asegurados del IMSS, casi 370,000 en Yucatán— con medidas dirigidas a aligerar la carga tributaria a las empresas, postergando el pago de impuestos. Además, echar a andar los fondos de garantía para que puedan obtener créditos a tasas preferentes, de acuerdo con sus necesidades.

De poco sirven los apoyos de $25,000 que ofrece el gobierno federal a una empresa de, por ejemplo, 5 trabajadores. Da para dos quincenas de salarios mínimos, sin considerar adquisición de insumos, pago de luz, renta, etc.

El gobierno de Yucatán ha tomado decisiones acertadas para apoyar con diversas medidas fiscales a los establecimientos yucatecos. Muy eficaz se muestra el programa del Ayuntamiento de Mérida, ejemplo, a mi juicio, del micro-rescate focalizado. “Surte tu negocio”, para panaderos, pasteleros, jardineros, etc.; “Impulsa Mérida”, para carnicerías, estéticas, loncherías; “Manos al campo”; Apoyos al Talento Cultural; al Trabajador Turístico y Acciones de Fortalecimiento al Hogar son muestras de la posibilidad real de llegar a quien verdaderamente lo necesita.

El Seguro del Desempleo del gobierno del estado, dirigido a quienes perdieron su trabajo, tuvo un arranque un tanto accidentado, pero se están corrigiendo excesos y errores como, entre otros, no presentar la información por municipio para facilitar la supervisión de la misma comunidad sobre la entrega de los apoyos.

Caer al pozo sería continuar polarizando a la sociedad entre ricos y pobres; negar créditos y facilidades fiscales a las empresas y condenar a las clases medias del país a ingresar a la pobreza por decisiones equivocadas o insuficientes.

El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) convocó esta semana a una Conferencia Nacional para la Recuperación Económica. Participantes de todos los colores ideológicos, experiencias profesionales y académicas, con un solo propósito: desarrollar la imaginación para que la pandemia del Covid 19 sea un bache del que salgamos en unidad y si se puede, más fuertes. El pozo, con su brocal de obscuridad, hay que rodearlo, ignorarlo, taparlo. O conseguir una buena bomba que le extraiga el agua para distribuir entre quienes anhelamos que este país salga adelante.

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