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Triple Feminicidio: ¿Justicia selectiva o fabricación de culpables?

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Por Jackie Campbell*/academicxsmty43

SemMéxico/ academicxsmty43. Saltillo, Coahuila. 11 de mayo 2020.- La noche del jueves 7 de mayo, los cuerpos de 3 mujeres (de 48, 56 y 59 años) fueron encontrados al interior de un domicilio de la Colonia Compresora en la ciudad de Torreón, Coahuila. Eran hermanas y trabajadoras del sector salud, trabajaban en el IMSS. Según una llamada al 911, sus cuerpos se veían en el suelo desde la ventana; el reporte oficial de la Secretaría de Seguridad Pública en Coahuila, indicó que estaban “en estado de descomposición… habrían muerto por estrangulamiento”, “presentaban huellas de violencia y estaban maniatadas”.

El Comité Ejecutivo del Sindicato Nacional del Seguro Social (SNTSS) condenó las muertes, señaló que la violencia contra la mujer es inadmisible, demandó transparencia en las investigaciones y especificó sus puestos. Cecilia, la más joven de las hermanas, era enfermera general adscrita a la Unidad de Medicina Familiar No.46, Dora era subjefa de Enfermeras de la UMAE No.71 (Unidades Médicas de Alta Especialidad), y la hermana mayor, Aracely, era jefa de Grupo de Servicios Técnicos de la Subdelegación del IMSS.

El gobernador y el fiscal del estado de Coahuila dieron una Rueda de Prensa el viernes por la noche, tras ella el gobernador tuiteó: “Gracias a las labores de investigación e inteligencia, y la coordinación de la #SSP con la @FGECoahuila, hemos dado a conocer la detención de los probables responsables de los tres feminicidios de las trabajadoras de la salud ocurridos ayer en la Ciudad de #Torreón. (1/2)”. Señalaron a dos personas, a un enfermero y a un amigo de éste, a quien presentaron de oficio machetero.

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Gobernantes de Coahuila declarando haber resuelto los homicidios en menos de 24 horas. Foto tomada del Twitter del Gobernador @mrikelme de #Coahuila

Se agradece que el Gobernador utilice el término “feminicidio” dando línea para lo que siga. Sin embargo, llama la atención la manera despectiva de siempre por parte de las autoridades, al señalar los que pudieran ser chivos expiatorios en las investigaciones.  Sorprende la velocidad para presentar culpables y mostrarlos ante la prensa nacional, también es interesante que se haya señalado como móvil del triple homicidio, el robo. El gobierno estatal actuó tal vez bajo la presión del joven titular federal del IMSS, que forma parte del grupo de allegados al Presidente de la República, sobre todo si éste pidió que el crimen no quedara en la impunidad. Particularmente, estos feminicidios se dan en un contexto en el que se está identificando a personas trabajadoras del sector salud, como héroes de la contingencia sanitaria provocada por el Covid19, pero también como objetos de agresión.

El fiscal de Coahuila, Gerardo Márquez, afirma que no hay datos que le permitan inferir que el trabajo de estas mujeres en el área de salud, haya sido el motivo por el que fueron privadas de la vida. Con ello el fiscal ha tomado una de las opciones. Acá fue un crimen de odio y una represalia familiar, o fue un crimen de odio y un castigo laboral. El funcionario ha tomado postura. Ambas son intolerables. Asesinar mujeres por envidia, porque quisieron tomar su auto, porque visten uniforme blanco, porque atienden enfermos o por lo que sea, es totalmente intolerable. Los feminicidios se dan, con pandemia y sin ella. Va Coahuila en el número uno porque Monclova fue la primera ciudad a nivel nacional en que se desbordó una clínica por Covid19, y ahora porque se asesina mujeres que cuidan la salud y la vida de personas enfermas por Covid19.

Este mismo fiscal es el que lleva la investigación (COA/FG/XX/PGE/2019/AB-13292 expediente 00081/SAL/ULE/2019) por la cual he tenido que salir una vez más, el año pasado y éste, de mi hogar y de mi país, por meses. Este mismo funcionario lleva meses conociendo las agresiones de las que soy víctima. Ha desestimado el recurso de investigación, de peritaje experto nacional, ha descartado declarar al respecto. Ha omitido que un policía fuera a buscarme a mi oficina, haciéndose pasar por campesino, y portando un arma, vistiendo con ropa de civil, pidiendo verme con urgencia de manera personal; ha omitido que el director de TvAzteca regional haya dado la indicación al Director de Seguridad Pública Estatal de que me lastimaran. No le creeré porque no sabe integrar carpetas de investigación, porque el hostigamiento que sufrí, implicó también la sanción que pretendieron imponerme por haber pintado un muro violeta que visibilizaba por primera vez el feminicidio en el estado de Coahuila. A este fiscal no le voy a creer que ahora sí está investigando y mandando a alguien a prisión para hacer justicia. No lo haré porque hoy en día tiene en prisión a un hombre inocente, para castigarme, porque no lograron hacerlo con el mural u otras vías.

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Mural contra el feminicidio en Saltillo, realizado en casa de la autora de esta editorial.

Las mujeres tenemos prácticas con las que podemos curar, sanar, cuidar mujeres sometidas a malos tratos y pobreza, experimentar, indagar y practicar anticoncepciones, abortos, embarazos, partos, dolencias psicosomáticas, etc. No se nos condenó al inicio, pero para el año 1484, el Papa Inocencio VIII, preocupado por lo que se decía de la brujería, protegió la paz y el orden de su imperio cristiano con la promulgación de la bula “Summis Desiderantes” con la cual afirma la necesidad de suprimir la herejía y la brujería en el valle del Rhin, con lo que la Iglesia reconoció la existencia de nuestros “vuelos nocturnos”. Se envió a los dominicos Heinrich Kramer y James Sprenger a Alemania, para que investigaran lo que sobre el tema había, iniciando ahí la primera “caza de brujas”. Un par de años más tarde escribieron lo que ellos llamaron “Malleus Maleficarum”, conocido como manual de la inquisición, manual de brujería o Martillo de las Brujas.[1] Pretendieron hacer una descripción de las mujeres y lo que “convenía pensar de ellas”, y detallaron la persecución, tortura, quema, enjuiciamiento, condena y castigo para todas. Esta asechanza no sólo se dio en países católicos, sino en toda Europa, lo que para el s. XVIII terminó con la vida de alrededor de cien mil víctimas, 90% de ellas, mujeres. Esto es lo que pasa hoy con el feminicidio que nadie quiere ver y que el Estado no quiere reconocer. Esto pasa con las mujeres que hablamos y actuamos en este siglo.

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Mujeres quemadas como brujas durante la Inquisición. Grabado medieval. Fuente: Wikiwand 

Las cifras que la pandemia esconde no han cambiado. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública previas a la pandemia, en México hay 10 mujeres asesinadas al día. Este mismo 8 de mayo la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) advirtió en un comunicado que la violencia doméstica ha aumentado durante la cuarentena por el Covid19. A diferencia de lo que el presidente declaró en sus homilías mañaneras; el hogar no es un espacio seguro para las mujeres. Si bien Coahuila no es el estado del país en el que más mujeres son asesinadas, tan sólo el año pasado los feminicidios aumentaron 600%. Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública para 2019, de los 16 millones de delitos que se hicieron públicos, hay 95% de impunidad, incluidos los delitos de violencia feminicida. Con estos datos la duda se reitera. Se fabrican culpables en la fiscalía de Coahuila o la justicia es selectiva cuando la presión por la imagen gubernamental es evidente.

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Enfermeras enfrentando la pandemia. Imagen tomada de internet.

Me van a disculpar quienes siguen de amorío con la 4T, pero el desprecio a lo femenino y a las diversas maneras en que nos manifestamos, violentándonos, denigrándonos, discriminándonos, cosificándonos, o eliminándonos de manera física o verbal, no impedirá nuestra toma de conciencia, ni la recuperación de nuestra dignidad. Nuestra participación en la toma de decisiones y la crítica al poder, está decidida. El cambio del rumbo de este país, después de la pandemia, es nuestro. Seremos nosotras como en el 8M, las que tomaremos el control de calles, cuerpos y vida. No nos detendrán. Una vez más, callan a una, y exponencian el grito de todas.

La autora invitada es Maestra en Derechos Humanos por la Universidad Nacional de La Plata, Argentina Asesora de Pastoral de la Comunicación, Diócesis de Saltillo, A.R.

[1] Un brillante estudio histórico lo realizó Jules Michelet en su libro La bruja. Un estudio de las supersticiones en la edad media, publicado en 1862.

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