Juego de PalabrasYaneth Tamayo Ávalos

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Mujeres como seres de amor

Yaneth Angélica Tamayo Ávalos

SemMéxico, 21 de mayo, 2020.-Hace tiempo leí un documento de análisis sobre el feminismo de John Stuart Mill. Ahí este filósofo mencionaba que las mujeres se encontraban en una clase de sometimiento instruido, en donde sus opresores poseían sus servicios y obediencia, pero estos además buscaban sus sentimientos de tal forma que, estas dejaran de ser esclavas forzadas para convertirse en esclavas voluntarias.

Estas mujeres renunciaban por completo a sí mismas, para vivir solo del vínculo afectivo de hombres con quienes se sentían unidas, estos eran sus esposos, amantes, padres o hijos. Este vínculo irreductible entre sus opresores y ellas les hacía creer que el amor era el único camino para el que nacieron.

Los anteriores argumentos escandalizaron a la sociedad del siglo XVIII y fueron rechazados por considerar que las restricciones a los derechos de las mujeres era un sacrificio de amor que estas debían hacer en favor del bienestar general.

Pero aun cuando las mujeres a través de los años lucharon por su libertad, es en pleno siglo XXI que ese vínculo afectivo sigue siendo un arma de sometimiento femenino que esta insertada en la creencia social y en la formación educativa de las mujeres.  

Y es esa creencia la que mantiene privadas de su libertad a mujeres que en algún momento de su vida fueron realmente amadas por los que hoy son sus opresores o agresores; unas con afectos mal entendidos y otras engañadas por verdaderos dementes.

Mujeres que, si hubieran crecido alejadas del modelo idealizado de la buena hija, la buena esposa, la buena madre, la buena mujer que soporta todo por amor a su pareja o su familia, no estarían padeciendo un infierno terrenal.

No pertenecerían a ese 66.1% de mujeres que sufren violencia por parte de su pareja o esposo, y sus hijas e hijos no formarían parte del 48 % de menores víctimas de violencia y/o abuso sexual por parte de sus progenitores.

Sin embargo, la sociedad sigue mitificando y creyendo en la idea romantizada de que las mujeres deben ser seres amorosos y abnegados cuyo deber primordial tiene que ser la familia, en donde ningún entorno por más violento que sea puede estar por encima de esta.

Y es precisamente esta creencia la que coloca en riesgo a miles de mujeres que se encuentran encerradas con sus verdugos, y las cuales no pueden ser asistidas porque existen personas que aún creen que las relaciones familiares forman vínculos afectivos de convivencia armoniosa en donde no existe la violencia familiar.

Personas que, a pesar de los altos índices de violencia familiar registrados, creen que las agresiones familiares son tan normales que forman parte de una tradición familiar.

Lo anterior a causado que, estos modelos de opresión, desigualdad y violencia se legitimen socialmente a tal grado que las mujeres los normalicen y acepten, contribuyendo con ello a su perpetuación. 

Por ello es indispensable que las mujeres accedan a espacios en donde su función no sea reducida solo a las reservas sociales, ellas deben tener las oportunidades para ser capaces de subsistir sin que un hombre se ocupe de ellas y sin que se sientan socialmente comprometidas a desarrollarse como esposas o madres.

Solamente así podrán lograr su independencia, amar sin renunciar a sí mismas y optar al matrimonio o a la maternidad cómo opción personal y no como una necesidad social o de subsistencia.  

Pero además se requiere, que autoridades del Estado como el Presidente de la República deje de invisibilizar y engañar a las personas diciendo que la violencia familiar no existe porque prevalecen los afectos y costumbres familiares; negar ante la sociedad la existencia de la violencia por razón de género revictimiza a miles de mujeres que la padecen y contribuye a que prevalezca la impunidad.

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