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Votos de pobreza y expropiación

+ Las 274 mil llamadas de mujeres al 911, que “no procedieron”

Por Martha Elba Torres Martínez

SemMéxico. 21 de mayo 2020.- El concepto de propiedad privada es tan viejo como la humanidad misma, y surgió desde el momento mismo en que el ser humano se apropia de su entorno natural -la tierra- y se asume como sujeto social. Vendría la división social del trabajo con el surgimiento de la artesanía y luego la revolución industrial en el siglo XVIII, establecería el derecho a la propiedad privada como característica principal del modelo económico capitalista que se impuso entonces. Para Marx y toda la teoría crítica, la propiedad privada sobre los medios de producción conlleva la desigualdad en la distribución de la riqueza.

¿Qué mosco me picó para remontarme a tales conceptos? Desde luego la homilía de López Obrador, del martes 12, para que hagamos votos de pobreza:

“Si ya tenemos zapatos ¿para qué más? Si ya se tiene la ropa indispensable, sólo eso. Si se puede tener un vehículo modesto para el traslado ¿por qué el lujo?”.

Pues se predica con el ejemplo. Yo veo un Presidente -y lo presume- viviendo a todas margaritas en un super Palacio, y con gusto por lo caro: camisas Brooks Brothers y zapatos Crockett & Jones como se lo documentaron en su momento.

Pero bueno, si tiene para comprarse camisas de 3 mil pesos y zapatos de 22 mil, y cuenta con un racho valuado en 24 millones de pesos ¡qué bueno! Pero que todos y todas aspiremos a andar chancludas y al calzón darle la vuelta, es tanto como asesinar el espíritu de superación. Y entonces viene el ¿para qué ingenieros, arquitectos?, que contraten maestros albañiles y para qué médicos si son “mercantilistas y mercenarios”.

El caso, que aun teniendo su buen rancho y obras de arte el presidente López Obrador, es la propiedad privada sobre los medios de producción -lo opuesto es la propiedad comunal y el estatismo-, lo que lo trae en guerra abierta con el empresariado rico del país. Y esto tiene qué ver con la propuesta del dirigente nacional de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, para que el INEGI y el SAT se metan hasta la cocina de casa de los potentados para medir su riqueza.

Primero, yo no me trago el cuento que López Obrador y Ricardo Monreal, no estaban enterados. Todo lo contrario. Fue el cáliz. Y lo dejó muy claro el propio Ramírez Cuéllar, pues efectivamente no propone dar a conocer el patrimonio de las personas, sino “el estudio, análisis y la información científica (…) que es la concentración de la riqueza y la concentración de grandes fortunas”. Y ahí esta la clave, cruzar esa información recabada en campo con las declaraciones del contribuyente. La dinastía Bartlett y no pregunten.

Porque lo dice muy claramente el tan polémico comunicado de Morena: que el INEGI “pueda entrar a cualquier domicilio sin ningún impedimento legal para medir el patrimonio inmobiliario y financiero de todas las personas. Cada dos años, debe dar cuenta de los resultados que arroja la totalidad de los activos con los que cuenta cada mexicano”. ¿Dar cuenta a quién? No lo aclara.

Dos. Ricardo Monreal dijo también que en el Senado no hay ninguna iniciativa de Morena para ampliar facultades a estos organismos, pero el propio dirigente de su partido, que es diputado federal con licencia, anunció que en el periodo ordinario de sesiones de la Cámara Baja regresará a la curul para presentar la iniciativa respectiva.

Porque la tienen bien armada. Por eso proponen “dotar al @INEGI_INFORMA (un órgano constitucional autónomo), de mayores facultades para que diseñe una metodología más adecuada para conocer las verdaderas dimensiones de la desigualdad en México”. Entonces, ¿es para hacerse público o no?

Morena y la 4T -de acuerdo al despacho de prensa- necesitan “datos confiables para erradicar la desigualdad”. Los “otros datos” del Presidente no son confiables. E insiste que “tenemos millones de dólares que constituyen una riqueza totalmente inobservada. Ya no se trata de dar cuenta del ingreso y el gasto de las familias y las personas. Ahora se demanda también medir la desigualdad y la concentración de la riqueza».

¿Qué entendemos? ¿Que efectivamente cazarán a los ricos para quitarles sus fortunas ocultas en cajas fuertes o a los narcos encontrarles sus caletas para repartirlas entre los pobres? Dice Ramírez Cuéllar que no, “ya que Morena está estimulando la generación de riqueza en México. Sigo sin comprender.

Porque si asegura que no están “buscando expropiar, ni quitar fortunas, sino ir reduciendo esta brecha enorme entre los que tienen muchísimos miles de millones de dólares y los que no tienen nada”, ¿cuál es el objeto de medir riqueza?

Y tercero. La propuesta de Morena aparece al lunes siguiente de la petición de López Obrador en el ensayo que difundió el sábado 16, sobre su nuevo plan económico -¿otro?- en tiempos de coronavirus: que las clases altas hagan un ejercicio de conciencia y consideren su nueva propuesta para lograr el bienestar de todos los mexicanos.

¿Huele o no a expropiación?…

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Pero ya entendí finalmente, el porqué de la burrada presidencial de que el confinamiento domiciliario no desató violencia intrafamiliar y contra las mujeres, toda vez que 90 por ciento de las llamadas (al 911) son falsas, según su dicho.

Primero, siempre maneja las cifras a su conveniencia. Trata de ocultar lo evidente.

Dos. Lo puede probar -como dijo-, con los datos que dio a conocer Candelaria Ochoa, titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) que confirmó un incremento del 21.6 por ciento en el número de solicitudes de apoyo por parte de mujeres del país.

El caso que de las llamadas al 911 desde que inició la contingencia el 27 de febrero al 30 de abril, de las 17 millones 225 mil 555 recibidas, sólo 3 millones 963 mil 866 (23 por ciento) fueron procedentes. De éstas, 300 mil 013 (7.5 por ciento) se trató de peticiones de apoyo por violencia por razón de género, pero solo 26 mil llamadas procedieron.

Entonces, el Presidente se va por la fácil y confunde llamadas falsas con “no procedieron” y en ningún puto momento se pregunta por qué no “procedieron” el resto, solo 274 mil. Así de poquitas.

Y lo más vergonzoso, es que Olga Sánchez Cordero, que tanto se llena la boca para hablar del género y de los derechos de las mujeres, no haya tenido los ovarios para aclarar las cosas ante el Presidente.

¿Qué es eso, de que en México aún hay un sistema patriarcal, machismo? ¡Pinche novedad! La secretaria de Gobernación descubriendo el hilo negro y el agua hervida.

Una llamada al 911 puede no proceder por diversas causas, como no responder, dejar colgada en el teléfono a la mujer, e incluso una mala atención, no se canalizó correctamente o simplemente nunca llego la policía.

Pero de eso, a que sean falsas, hay muchos golpes, sangre y hasta muerte de por medio.

¿No te da pena, Olga?

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