Jorge Herrera ValenzuelaRáfaga

Ráfaga

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Veinte Años Trágicos Para Los Mexicanos

JORGE HERRERA VALENZUELA

SemMéxico. 17 de junio de 2020.- Paralelo al fin del Siglo XX, terminó la era del presidencialismo autocrático, unipersonal, dominante, antidemocrático, imperante a lo largo de siete décadas. Se impuso la mercadotecnia y un empresario sin preparación política ganó en las urnas la Presidencia de la República y se habló de “un gobierno de la alternancia”. Se anunció “la era del cambió”. Comenzó el nuevo milenio con un sexenio gubernamental que se caracterizó por la corrupción y surgió con mando “la pareja presidencial.

No bastaron los primeros seis años del Siglo XXI para corroborar que el país estaba en desequilibrio política y administrativamente. Las ambiciones políticas de un grupo PRIísta cedieron el paso a otro “gobierno de la alternancia”. Aunque político con mediana experiencia, el nuevo titular del Poder Ejecutivo Federal inició una guerra contra el narcotráfico, sin una estrategia, sin conocimiento de la dimensión del enemigo y lo peor, sacó de los cuarteles a soldados y a marinos. El número de muertos fue por miles, nada se logró y el suelo mexicano quedó teñido de rojo, de sangre humana de civiles, de militares, no pocos inocentes también cayeron.

El triunfo en del candidato PRIista en 2012, propició un respiro. Retornaba a Los Pinos un militante del tricolor. Joven político sin experiencia alguna en el terreno federal. Ni diputado federal suplente, tampoco senador o dirigente estatal del partido; su círculo político estaba en Toluca. Jamás imaginé a ese jovencito que conocí en Toluca, en 1993, llegaría a Presidente de México. Tuvo buen padrino. 

Fue funcionario estatal, diputado local y líder del Congreso, para saltar a gobernador del Estado más poblado de la República y con el mayor padrón de electores. La televisión lo impulsó, hizo la difusión de imagen del gobernador para que lo conocieran en el país, incluyendo a los PRIistas y a los políticos. Obvio que era conocido de los gobernadores y amigo de algunos. Gozó de popularidad. David López Gutiérrez le creó una imagen pública envidiable y fue al primero que separó de su equipo, en un clásico acto de traición al amigo.

Se esperaba que hiciera un buen gobierno, pero el primer paso fue negativo. Integró el gabinete con sus cuates y compadres. Era lo más natural, el nuevo mandatario no conocía a los experimentados en la política y en la administración pública federal. “Asesorado” por José Nelson Murat Casab proclamó su Pacto por México, firmado por los dirigentes del PRI, del PAN y del PRD para “sacar adelante” 12 reformas constitucionales. Segundo tropiezo, el escándalo por la compra de “la casa blanca” y que su esposa, dueña del inmueble, justificara como legal la operación, por medio de un video que se vio en todo el país. 

El tercer sexenio gubernamental fue decepcionante. Afloró la corrupción. Reinó la impunidad. Día tras día errores políticos, desorden administrativo. La imagen institucional del 2000 al 2006 perdió lo solemne, en el siguiente sexenio la cosa no mejoró y tampoco fue reivindicada al cerrarse los primeros 18 años. No hubo mejoría. Creció la inseguridad. La llamada delincuencia organizada operó libremente y la no organizada asoló en las zonas urbanas. Murió el PRI. Perdió gubernaturas, escaños, curules, presidencias municipales, congresos estatales. 

A LA TERCERA, VENCIÓ

Más que los gobiernos revolucionarios, tecnócratas y neoliberales, además de los de “alternancia”, la tristemente “Docena Azul”, tres factores determinaron que los electores hicieran un juicio sumario a “los tres grandes” y los sentenciaron llevarlos al paredón. Nadie imaginó, presintió, pronosticó que partido político con escasos cuatro años de vigencia iba a noquearlos, dejándolos sobre el ring.

Concretemos. El candidato jugaba por tercera vez. Ahora lucía una playera diferente a la de colores amarillo y negro con el dibujo de un estilizado Sol, que vistió en 2006 y en 2012. La primera vez no aceptó la derrota y en un templete, montado en la Plaza de la Constitución, la señora Dolores Ibarra de Piedra le tomó protesta como “presidente legítimo”, colocándose sobre el pecho la banda presidencial. Nombró a los integrantes de su gabinete. Tres meses alteró la vida en la Ciudad de México, instalando tiendas de campaña en las avenidas Juárez y Madero

Primero dejó las filas del PRD. Se refugió en partidos “chiquitos. Reanudó su campaña, recorriendo los municipios más lejanos. Fue su tercera visita a los pueblos que jamás conocieron en persona a un político y menos que les “hablara bonito” y prometiera sacarlos de la pobreza. En esa etapa estaba por aparecer el Movimiento de Regeneración Nacional que en 2014 sería registrado, en el Instituto Nacional de Electores, como el partido político Morena, al que inmediatamente acudieron “los perredistas de hueso colorado” y se apagó el Sol Azteca.

“La Tercera es la Vencida” advirtió el candidato presidencial de Morena, quien se enfrentaba a dos jóvenes. Uno tenía puesta la chamarra de dos vistas, por el frente rojo bandera y azul marino la espalda. El otro, el más joven de los tres, lenguaraz y bravucón se impuso para ser el candidato “a vencer”, pero la playera blanquiazul se destiñó.

DOS AÑOS SIN RUMBO

Por primera vez en la historia moderna, un candidato presidencial obtuvo más de 30 millones de votos. Triunfo legítimo, indiscutible. El hartazgo que sembraron las tres administraciones anteriores, así como el compromiso de acabar con la corrupción y la impunidad llevaron a la victoria a Andrés Manuel López Obrador, a los 65 años de edad, el de mayor edad desde Lázaro Cárdenas. 

El que la mañana del martes 3 de julio de 2018 haya tomado simbólicamente posesión del despacho presidencial de Palacio Nacional, a invitación del presidente saliente, fue aplaudido por sus seguidores. Comenzó el rompimiento de los protocolos oficiales. No se detuvo un solo día y vimos al tabasqueño recorrer otra vez las 31 entidades y la Ciudad de México para dar las gracias a quienes lo eligieron. Era absoluta la popularidad del nuevo mandatario.

Las disposiciones, los acuerdos, las reformas constitucionales y su permanente campaña política, como la que realiza en estos días, le han restado muchos simpatizantes que depositaron su fe en él y ahora se sienten defraudados porque el Presidente de México no terminó en seis meses con la inseguridad, la corrupción y la impunidad siguen vigentes, los problemas nacionales no tienen solución e incurren en muchas contradicciones.

Las conferencias mañaneras son evento dedicados a descalificar a todo lo que no le parece, a lanzar acusaciones sin presentar nombres de los responsables y pruebas, generaliza. Su s colaboradores y sus asesores tienen que sujetarse a la palabra única porque él “tiene otros datos”. En la atención a la pandemia le restó, desde el inicio, toda la importancia y esa postura la ha mantenido, negándose a usar el cubrebocas e incita a la gente para “que salga a la calle, sin miedo”.

López Obrador no ha fijado el sendero del país. La economía está en declive y considera que repartiendo dinero resolverá el futuro de las familias. Ha dicho que “a los pobres no los secuestran”, el gobernador de Puebla aseveró que “el coronavirus solo contagia a los ricos, a los pobres no”. En toda la República hay manifestaciones demandando que se vaya, que renuncie. Eso es muy grave para el país.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿El Presidente de México no comprenderá que su popularidad ha caído y que sus candidatos a diputados, el año próximo, no arrollarán en las urnas?

Jherrerav@live.com.mx 

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