DesobedienciaOlimpia Flores Ortiz

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El presidencialismo que llevamos dentro

Olimpia Flores Ortiz

 SemMéxico, 6 de julio, 2020.- “Todo pasa por algo” se repite como consuelo ante cualquier fatalidad. El dicho nos retrata tal cual somos: esperanzados y proclives al pensamiento mágico. No sabemos de dónde vendrá y en qué consistirá ese acontecimiento que resarcirá lo fatal, pero lo esperamos.

A esta característica anímica de la sociedad mexicana como un pueblo religioso de grey hecho a la idea de un Salvador, que no de ciudadanos y ciudadanas, no tiene por qué escapar nuestra densidad democrática, que es en tanto esperanzada, pasiva; y en cuanto al pensamiento mágico, irresponsable. 

Por eso necesitamos un caudillo en el que cifremos la esperanza, que nos confina en nuestra mismidad; y que no es la confianza, actitud correspondida y constructiva, colectiva. Que por favor no nos decepcione el personaje porque nos manda al abismo.

Refiramos al acontecimiento que selló nuestra memoria mítica original y nuestra minoría de edad y nos determinó como un pueblo rebaño, buscador de caudillos salvadores trayendo dos citas bíblicas del libro del Éxodo, capítulo 14, cuando los israelitas cruzan el Mar Rojo: 14:13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. 14:14 Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.

El autoritarismo en los países de América Latina ha sido impronta histórica de diversa índole a lo largo de su vida independiente: surgidas de movimientos revolucionarios, o por golpes de estado o porque se tiene un partido hegemónico, o unipersonales, cuyo rasgo común consiste en la concentración del poder en una figura, una junta, un partido.

No es por nada, que América Latina haya aportado a la literatura el género de la “Novela de Dictador”. Si la literatura viene necesariamente de la vida y da cuenta de los acervos de la memoria que compartimos, entonces la literatura, sea la que sea, nos devela. Los recuerdos no son individuales, sino que conforman un conjunto de universos entrelazados. Y esta memoria que pudiéramos reconocer como colectiva, corresponde a grupos, a tiempos y a espacios con marcos sociales específicos. Paul Ricoeur se refiere a ella como “el conjunto de huellas dejadas por los acontecimientos que han afectado al curso de la historia de los grupos…”

La vida política de los países de América Latina ha sido convulsa, con períodos de relativa estabilidad. Pero en toda la lucha por el poder no se consolida aún por la vía de la civilidad democrática.  Nuestra riqueza literaria lo ilustra, empiezo con Martín Luis Guzmán, porque me limitaré a escritores del siglo XX para asentar la idea de que el dictador no está tan lejos de lo que cada uno de nosotros-nosotras somos. Y traigo a colación a los autores del género de la Novela de Dictador del boom latinoamericano.

Así nos describe Margo Glanz al co-protagonista de la Sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán, escrita en el período inmediato posterior a la Revolución Mexicana que derrocó al régimen profirista, en época de caudillos: “Aguirre tiene los atributos del príncipe aristotélico. No es demasiado hermoso, tampoco demasiado bueno. Comete errores, es venal, a veces también banal, y en ocasiones hasta fornicario…”

En este caso es la sombra del caudillo la verdadera protagonista de la novela, metáfora de la fatalidad, es la esencia del maquiavelismo del Ministro de Guerra. No es de ninguna manera una novela épica, sino de los entresijos del poder y del ánimo del personaje que nos habla de su humanidad, que pudiera ser la de cualquiera. Ese es el terror.

“¡Soy la vida, la Manzana-Rosa del Ave del Paraíso; soy la mentira de todas las cosas reales, la realidad de todas las ficciones! “ —  Miguel Ángel Asturias. Guatemala. El señor Presidente. 1946. Inspirado en Manuel Estrada Cabrera quien se perpetuó en el cargo por más de dos décadas.

Un rasgo común a los dictadores es precisamente el de sentirse la medida de todas las situaciones. Obnubilados no pueden razonar con complejidad, porque todo empieza y acaba en su figura. ¿No es esa una proyección de un rasgo compartido en el carácter?  El extravío de no poder ver más allá de las propias narices.

“Tirano, dijo el rey sabio, es aquél que con el pretexto del progreso, bienestar y prosperidad de sus gobernados, substituye el culto de su pueblo por el de su propia persona.” Yo el Supremo. Augusto Roa Bárcena. 1974. Sobre el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia de Paraguay.

¿Conocemos de algún tirano que haya prescindido del culto a la personalidad? La veneración es otro rasgo de nuestra subordinación al pastor que nos guía.

“Plomo y machete para los cabrones.” “Inteligentzia de mierda.” Alejo Carpentier. Cubano. El recurso del método.1974. Sobre sediciosos y en la que el dictador es un personaje que consiste en diferentes dictadores históricos en cualquier lugar de América Latina.

Suena a la idea que no es exclusiva del, tirano mexicano, de estigmatizar a todo grupo o persona que ose juzgar su actuación. Personaje ubicuo o síntesis de los autoritarismos crueles del mundo del “pensamiento mágico”.

“…qué carajo, si al fin y al cabo cuando yo me muera volverán los políticos a repartirse esta vaina como en los tiempos de los godos, ya lo verán, decía, se volverán a repartir todo entre los curas, los gringos y los ricos, y nada para los pobres, por supuesto, porque ésos estarán siempre tan jodidos que el día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo…” Gabriel García Márquez. El Otoño del Patriarca. 1975. El dictador es un personaje ficticio de un país ficticio.

Este es el populismo que en su perversidad representa el extremo de la discriminación del pueblo menor de edad que no puede prescindir del tirano, porque después de él, el diluvio…

“Hay muchas cosas de la Era que has llegado a entender; algunas, al principio, te parecían inextricables, pero, a fuerza de leer, escuchar, cotejar y pensar, has llegado a comprender que tantos millones de personas, machacadas por la propaganda, por la falta de información, embrutecidas por el adoctrinamiento, el aislamiento, despojadas de libre albedrío, de voluntad y hasta de curiosidad por el miedo y la práctica del servilismo y la obsecuencia, llegaran a divinizar a Trujillo. No sólo a temerlo, sino a quererlo, como llegan a querer los hijos a los padres autoritarios, a convencerse de que azotes y castigos son por su bien.» –­ Mario Vargas Llosa+ La Fiesta del Chivo. 2000. Sobre Rafael Leónidas Trujillo de la República Dominicana.

Ya de una vez, se cierra la brecha entre el poder terrenal y el divino y se consagra la incapacidad de razonamiento social. Ya nadie ve, ni construye, hay un omnipotente que nos sustituye.

¿A qué “perfil” corresponde el personaje que tenemos actualmente en la presidencia? A todos un poco, es un populista de manual. Pero lo que quiero hacer notar es que ese personaje que actúa ser, ha copado a la opinión pública manifiesta en los diferentes canales de expresión. El círculo rojo de los periódicos y de la televisión centran su atención en su persona y en su agenda. Nadie se atreve a la digresión, no por falta de valentía, porque vaya que es vilipendiado, sino porque nos ha atrapado.

De los caudillos populistas contemporáneos Bolsonsaro, Chávez, Maduro, Morales no hablaré, porque preferí hablar desde la literatura.

“El presidencialismo” que todos llevamos dentro, sus detractores y sus adherentes, ha monopolizado y pauperizado el debate político que de altura, en realidad tampoco lo fue en el pasado. Estamos atorados en la opinión de todo lo que dice y deja de decir el personaje. De todo lo que hace y deja de hacer. El torrente de comunicación que va y viene, se mueve en estrechos márgenes. Predomina la diatriba, no hay distancia para poder apreciar el contexto y el fondo de los acontecimientos; ya sea para mostrar el proyecto que lleva adelante el régimen, ya sea para criticarlo.

¿Hay modo de chisparse?  Articulemos el debate con profundidad y con amplitud, con apertura. En realidad, estamos discutiendo sobre el tipo de régimen y su institucionalidad; sobre la vigencia de los derechos humanos y la política pública. Y lo que nos corresponde, si hemos de dejar de ser la grey, es repensar cómo hacer comunidad ante las circunstancias críticas que estamos enfrentando y que van mucho más allá de la personalidad del personaje que tanto gusta como disgusta. La agenda no es exclusiva del presidente.

Por ahi no hay camino. La unidad perniciosa en torno a un caudillo, es una ficción y no es democracia jamás. Sí lo es que vayamos pautando nuevos pactos. Es hora de la responsabilidad, de que “todo pase para algo”.

En Oaxaca, emergiendo del confinamiento sin certeza alguna.

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