Claudia Almaguer

Desde la mano izquierda

198 Vistas

Hablar de las mujeres, un ejemplo

Claudia Almaguer

SemMéxico, 6 de julio, 2020.- Hay un gesto que sucede todo el tiempo cuando las feministas manifestamos la necesidad de tener perspectiva de género y cuando se expone la situación que padecemos las mujeres en el mundo: alguien invariablemente levantará la mano para hacer un comentario que minimice el problema, cuestionando la posición de la expositora o recordándole que ya las mujeres tienen “demasiados” derechos.

El problema se produce cuando esta indiferencia o negación es lo común y hay una mayoría conforme con que les cueste a las mujeres la cultura machista que permea en las sociedades. Pongamos un ejemplo:

En 1990 entró en vigor la Convención de los Derechos del Niño y fue ratificada por 196 países, esto quiere decir que llevamos treinta años con un instrumento que no sólo reconoce los derechos humanos de la infancia sino la obligación de protegerlos de manera especial, como un deber superior de garantizar a niñas y niños derechos como la igualdad, el sano y libre desarrollo, la identidad, la alimentación, la salud, la educación etcétera.  

En relación con el derecho de vivir una vida libre de violencia, la Recomendación General número 31 emitida en 2014 por su Comité de Expertos en conjunto con el de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer reconoció de manera específica que las prácticas de violencia contra las niñas como la mutilación genital o el matrimonio infantil se sustentaban a partir de prejuicios y estereotipos de género.

Dentro de las variadas expresiones de esta violencia por razón de sexo, género y edad se encuentra el abandono de las niñas, las restricciones alimenticias, los exámenes de virginidad, las lesiones causadas por ritos culturales como marcas y quemaduras, el planchado de senos, la lapidación, las acusaciones de brujería, el infanticidio, la violación, el abuso sexual y la mutilación del cuerpo.

Todas son lesiones que se producen en agravio de las niñas por haber nacido niñas, es decir, porque se las considera inferiores y por consiguiente objetos que hay que volver deseables de acuerdo con el canon cultural de su lugar de origen como los ideales de belleza y sumisión o en el peor de los casos sobre las que se puede ejecutar un delito sin recibir ninguna consecuencia.

Ante este conjunto de agresiones que se realizan con el aval de las sociedades, el deber mínimo de los Estados es contar con marcos jurídicos definidos que prevengan y sancionen dichos actos.

A pesar de ello el informe denominado “Contra mi voluntad. Estado de la Población Mundial 2020” (https://www.unfpa.org/sites/default/files/pub-pdf/UNFPA_PUB_2020_ES_Estado_de_la_Poblacion_Mundial2.pdf) publicado el pasado 30 de junio por el Fondo de Población de las Naciones Unidas inicia del siguiente modo:

“Es una mercancía con la que se comercia. Es un objeto de deseo. Es un estorbo del que librarse. Es mano de obra gratuita. Es una niña.”

Sus resultados no son para menos:

So pretexto de la pandemia del coronavirus, los programas para erradicar la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil presentan retrasos importantes que podrían generar al menos 2 millones de casos de mutilación en la siguiente década, así como 13 millones de casos de niñas forzadas al matrimonio.

Actualmente hay 200 millones de mujeres y niñas que viven afectadas por una mutilación genital, pero se calcula que 52 millones ya han sido sometidas a esta práctica inclusive por parte de personal médico, a pesar de que las consecuencias físicas y emocionales se prolongan a lo largo de la vida y que puede llegar a matarlas para este año se calculan 4.1 millones de víctimas potenciales.

En lo que hace al matrimonio infantil, concebido como una práctica de explotación que mutila diversos derechos humanos, el informe indica: “cuanto más joven sea la niña, menor será la dote o mayor el precio de la novia: una mujer más joven o una niña se considera más valiosa, ya que tiene más años por delante para la maternidad y el servicio doméstico”.

A pesar de estar legalmente prohibido en gran parte del mundo 1 de cada 5 matrimonios actuales involucra a una niña casada y 650 millones de mujeres que viven en la actualidad se casaron siendo niñas.

Aunado a ello también se encontró que a nivel mundial se prefiere el nacimiento de hijos varones y debido a esta predilección se ha encontrado que las parejas no escatiman esfuerzos para que no nazca una niña o cuando ya tienen una no se hacen cargo de su salud y bienestar porque anteponen el de un hijo. Esto ha dado lugar a un déficit de unos 140 millones de mujeres consideradas desaparecidas.

Y decía, cuando no queremos cuestionar la posición injusta en la que vivimos las mujeres, como en el caso que expongo sucede con las niñas y las jóvenes, entonces estamos de acuerdo con que se produzcan las expresiones más extremas de este sometimiento. Pero si no entonces deberíamos reconocer que no podemos medir la desigualdad a partir de una lectura individual del mundo y que tener un derecho inscrito dentro de la ley no significa vivirlo ni debería ser suficiente. A más ver.

Twitter: @Almagzur

Comment here

Accesibilidad