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La toma de la CNDH una respuesta ante la crisis humanitaria: Laura Castellanos

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  • Feminismo de la periferia con acciones directas, radicales que debe leer bien la 4T
  • Hay una convergencia clara entre colectivas anarquistas y grupos de madres feministas

Sara Lovera

SemMéxico, Cd. de México, 10 de septiembre, 2020.- La toma de las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), que se mantendrá por tiempo indefinido, debe entenderse como una respuesta de mujeres jóvenes y madres del feminicidio, víctimas de la injusticia y el desplazamiento que responden con acciones directas, antiautoritarias y radicales a la crisis humanitaria que significa la violencia contra las mujeres, legitimada por el Estado para los hombres.

En respuesta, estas mujeres de la cuarta ola del movimiento feminista han recibido del gobierno de Andrés Manuel López Obrador indolencia, desdeño y reprimendas. Cuando, hoy, es el movimiento más importante de la protesta social contra el sistema y tiene el mérito de haber colocado en la agenda nacional el ominoso fenómeno de la violencia contra las mujeres. 

Así lo dice y lo explica la periodista Laura Castellanos, en conversaciones con el programa radiofónico Julio Astillero y SemMéxico, en donde advierte que pronto veremos nuevas acciones y nuevas tomas de edificios e instituciones. Esto, reflexiona, debería hacer reaccionar al gobierno, en lugar de acusarlas de estar manejadas por intereses partidarios o empresariales. Y se pregunta, ¿dónde están las mujeres de la 4T, las de la administración?

Movimiento de jóvenes y de madres que actúa en todo el país, de mujeres jóvenes que votarán por primera vez en 2021 y es posible que den un voto de castigo a Morena, que no reconoce a este movimiento amplio de mujeres de nuevo cuño.

Estudiosa a fondo de los movimientos subversivos, guerrilleros y contestatarios del México contemporáneo, señala que estamos en presencia de un feminismo radical surgido de la emergencia, constituido por mujeres jóvenes y madres que también se asumen feministas. 

A la pregunta de Julio Astillero de ¿qué está pasando en la CNDH? Laura Castellanos responde: Es la constatación de la aparición de esta emergente cuarta ola del feminismo en México, que surge en el gobierno de López Obrador.

En la toma de la CNDH, hay dos expresiones convergentes, madres que hace tiempo que se están manifestando y estás jóvenes feministas. Pone como ejemplo a Yesenia Zamudio, a quién le asesinaron a su hija y se asume feminista. Una voz contestataria que se ha vuelto viral en las redes sociales. Hay muchísimas más, se las ha visto en marchas, en manifestaciones, plantones como peticionarias hartas de la falta de justicia.

Se trata de nuevos rostros del movimiento feminista urbano periférico, que, por ejemplo, en el Estado de México ya tomaron oficinas. Uno que manifiesta el hartazgo ante distintos tipos de violencia de género, de desplazamiento por violencia feminicida, y otras violencias de Estado.

Esta nueva oleada de feminismo, detalló, brotó en el país como consecuencia de los abusos policiacos, el secuestro y las arbitrariedades. Movimiento que está en contra de los agravios continuados contra las mujeres.

Después de su presencia, de chicas embozadas y anarquistas, sin academia ni viejas consignas, se pensó que la pandemia había menguado. Pero es un hecho que en los primeros cinco meses de crisis sanitarias por la COVID-19, creció la violencia en casa y la feminicida. Con datos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio y de la Red Nacional de Refugios, Castellanos afirmó, a contrapelo de las interpretaciones oficiales, que hubo 550 casos de niñas y adolescentes desaparecidas, 41 por ciento más en todo el país, mil 500 mujeres asesinadas, 21 mil denuncias de delitos sexuales y más de 90 mil llamadas de auxilio por violencia en la familia, que sólo en los refugios aumentó el 71 por ciento la demanda de servicios.

Madres feministas y “luchonas”, ¿pagadas?

Hay que ver a estas madres, inicialmente apoyadas por las colectivas feministas del Frente Nacional Ni Una Más, que en convergencia, se expresan por la crisis humanitaria de la violencia de género.

Y cuál fue la respuesta, narra, ante ello este gobierno las ha desdeñado. Actúa indolente y está más preocupado por un cuadro –el de Madero- que frente a la situación de oprobio.

El gobierno, además, responde con recortes a instituciones y programas. Por eso, en el escenario de futuro inmediato, “veremos más acciones” del tipo de la toma de la CNDH. “Vamos a ver si finalmente eso hace reaccionar al gobierno y deja atrás sus prioridades, sus mega proyectos y el enorme gasto para el béisbol”, Intereses sólo del presidente.

Julio Astillero preguntó si esto sólo era una responsabilidad del gobierno Federal. Laura señala, no sólo, esto implica al gobierno Federal, cierto, pero es lo que vivimos, una violencia de Estado, que tiene que ver con la negación del derecho a la justicia, la inexistencia de un sistema judicial ineficiente, que no ha puesto cuidado, ni invierte en los programas para atender la violencia contra las mujeres.

Julio Astillero pregunta, ¿no son movimientos pagados, de derecha, de poderes que se han visto desplazados?

Laura sonríe. No para nada, contesta. Hay que entender -se refiere a un artículo que escribió en marzo pasado en The Washington Post  en español, donde colabora y publicado por SemMéxico https://www.semmexico.mx/?p=19472 Titulado: México abandona a las mujeres violentadas en esta contingencia 

Recuerda haber escrito que este movimiento, que no es un enemigo del régimen de AMLO, brotó de una nueva generación de mujeres que están cambiando la emergencia, por una táctica de acción directa, de acciones trasgresoras, fuera de las instituciones, contra el sistema establecido, contra la corrupción, contra la impunidad en esta sociedad.

En la entrevista, explica a Julio Astillero que no se trata sólo de un movimiento mexicano, está en todo el mundo. Es muy potente en Chile y en Argentina, pero desde luego México es un referente. Abunda en la reflexión. Mira, dice a Julio, culturalmente la violencia contra las mujeres por ser mujeres –como sostiene la socióloga Irma Saucedo- es una conducta que en la sociedad está legitimada por el Estado para los hombres.

Las mujeres -sigue- en un país donde se cultivó la abnegación y la sumisión femenina, apuntalada por los contenidos de las telenovelas, reflejada en el cine mexicano, dice a las mujeres que tienen que aguantar, llorar a las y los desaparecidos, a las víctimas de asesinato y deben quedarse en casa. Pero eso cambió. 

Recordó entonces a Luz María Dávila, madre de dos hijos que fueron acribillados en Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez, Chihuahua, quien en 2010 se le puso al frente a Felipe Calderón para exigirle justicia y ha escalado hacia el feminismo. Ese fue un punto de inflexión, me contó.

En ese hecho, donde una ama de casa increpó al presidente de la República –la información fue recogida por muchos medios y la imagen circuló- era una madre exigiendo justicia para resolver el asesinato de sus hijos. En ese momento se rompió el muro que separaba la figura presidencial de una ama de casa, y desde ese momento las madres no han parado. Han salido a buscar justicia, están cavando en muy diversas regiones del país, en las fosas clandestinas, rastreando, para encontrar a personas desaparecidas; han salido para hacer marchas, plantones y todo tipo de acciones públicas.

Luz María Dávila y todas esas madres – que se las retrata suplicantes- escalaron a un segundo nivel. Muchas de ellas se asumen feministas, como Yesenia Zamudio, son mujeres empoderadas y al converger con las colectivas feministas anarquistas, de la periferia, realizan acciones radicales, juntas toman instalaciones, hacen protestas y pintas, actos de confrontación con el Estado.

Son mujeres que están practicando un feminismo vivencial. Más que feministas teóricas, se han explicado su situación al vivir directamente la injusticia de género – como en los 70, como en los pequeños grupos-, están combatiendo el hostigamiento sexual, la marginación, y exigen a los gobiernos que actúen.

Las jóvenes y el 2021

Se trata de una generación de jóvenes -entre 17 y 30 años de edad- que no paran. Así, Laura Castellanos, autora de cuatro libros, el más reciente Crónica de un País Embozado 1994-2018 (Ed. Era), en donde relata, entre otras cosas, este movimiento anarquista embozado, el que se ha visto pintando las puertas del palacio y construyendo fuegos, lanzando diamantinas (2019).

Y este es el reto para la 4T, entenderlo y no suponer que son “movidas por fuerzas conservadoras”, este gobierno y su partido, tiene el desafío de leer e interpretar lo que dicen estas acciones y cómo esperar las reacciones de los distintos niveles del Estado y sus instituciones. Saber que esta población menor de 35 años está cuestionando a las instituciones que las desdeñan.

Laura Castellanos va más allá. También es una provocación para los partidos políticos, para Morena, que no deben olvidar que, en las elecciones del próximo año, atentos a cuál será la reacción de esta enorme masa de enojadas. Van actuar, van a dar un voto de castigo al partido del presidente López Obrador, que no lo olvide.

Julio Astillero insistió. Este debate por la toma de la CNDH es también objeto de personas oportunistas en los medios. Antes fustigaban acciones como las de las colectivas ahora “se aprovechan del enojo”.

Laura Castellanos sonríe otra vez, toma aire y vuelve a decir. Sí aprovechan y que bueno, pero se pregunta, dónde están las mujeres de la 4T, donde las mujeres de la administración, cuál posicionamiento han hecho, cómo no reconocen que este movimiento amplio de mujeres ha colocado en la agenda nacional el tema de la violencia de género y eso, remata, es un gran logro, no hay que demeritarlo. Y si está en los medios, que así sea.

SEM/sl/sj

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