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“Leona Vicario y los Sentimientos de la Nación”

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Isabel Ortega Morales

SemMéxico, 14 de septiembre, 2020.- Es el año 1813. En Chilpancingo sus habitantes reciben al Cura Morelos que, junto a otros libertarios, habrán de dictar los Sentimientos de la Nación en la Parroquia de Santa María Asunción hecho que otorga ideales al movimiento armado perseguido desde el poder y desde la prensa del momento.

Un hecho también está marcado en ese año. En mayo se aplica una de las estrategias más sentidas de rescate que por cruzar por un lazo de amor, no ha sido significado, la fuga del Colegio de Belén de las Mochas, de la literata, periodista, estudiosa de bellas artes y ciencia, Leona Vicario, recluida en ese lugar tras ser declarada culpable de sostener con su pecunio el movimiento armado, de ser espía de los insurgentes a partir del contexto social en el que se desenvolvía, de pasarse a las filas del movimiento contrario al poder. Ese mes, tras 42 días de cautiverio, tres insurgentes disfrazados de oficiales virreinales, logran su rescate y trasladan entre huacales, a Leona, que no emprende el viaje a Tlalpujahua, Michoacán, en solitario, sino que se acompaña de una imprenta que estaría al servicio de los Insurgentes.

El contexto histórico señala que Leona Vicario sostendría en ese lapso una intensa correspondencia con Andrés Quintana Roo -su esposo y a quien se atribuye la estrategia de su escape- y el propio Morelos, quien preocupado porque a la benefactora y defensora de la insurgencia le habían confiscado sus bienes como parte de la acción para castigarla, buscaba tuviera dentro de las posibilidades del movimiento, seguridad. Algo que no alcanzó en ese lapso a Leona y Quintana Roo, que se habría casado en esa entidad, aunque sin poder confirmar quien esto redacta, se habría citado a la población de Chilapa como sede de ese matrimonio.

La correspondencia sería de vital importancia. Una mujer como Leona Vicario no estaría en la tesitura de un intercambio vano de conversación con dos ilustres personajes, ni ellos con quien se habría distinguido en la sociedad por su inteligencia, su dedicación al periodismo y a la literatura. Sin duda en las misivas habría un intercambio ideológico, una visión de estado, una aspiración de libertad y fraternidad. Todo no exento de ideales por su pertenencia al grupo Los Guadalupes, uno de los cuatro grupos que existían y entre los que destacaba junto con el de la Virgen de los Remedios, aunque los Guadalupes integrados por criollos y con afán libertario.

Leona Vicario fue una mujer fuerte, al romper con una estructura social y poder vivir sola a los 17 años tras quedar huérfana, siempre cuidada por su tío, Agustín Pomposo Fernández, abogado y literato, proclive a la sociedad virreinal; congruente con su formación profesional y su dedicación a solventar con recursos económicos y con su propia filtración al poder del conocimiento del combate a los insurgentes y hacerlo saber para alertar; como mujer, de estar al lado de su convicción patria y de su condición de esposa y madre como estuvieran las circunstancias. Como pensadora al dilucidar una ruta libertaria; ideológica con una visión de estado.

Una mujer que logró salir adelante en una de las crisis políticas más difíciles de la historia, perseguida por plumas que buscaban descalificar su vena ideológica para reducirla a un valioso, pero menospreciado valor del amor.

Es el año 2020. México, como el mundo, está inmerso en una crisis sanitaria seguida de una crisis económica. Y parece que la ruta está carente de ideología y más cargada de intereses ajenos a la propia fraternidad. El Gobierno Federal ha declarado en Honor a Leona Vicario éste año. Pero no ha sido tan relevante por la propia inmersión de la incertidumbre. Aunque quizá valga la pena revisar más a profundidad su aportación y encontrar en la misma los altos ideales que condujo a Leona a ser considerada como Benefactora, guía, Madre Dulcísima de la Patria. Y tal vez nuestra entidad federativa, Guerrero, aún esté en deuda con la Madre de la Patria por su participación en el Primer Congreso de Anáhuac.

Confiese Sr. Alamán que no sólo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos y que los sentimientos de la gloria y la libertad no les son unos sentimientos extraños; antes bien vale obrar en ellos con más vigor, como que siempre los sacrificios de las mujeres, sea el cual fuere el objeto o causa por quien las hacen, son desinteresados, y parece que no buscan más recompensa de ellos, que la de que sean aceptadas. Por lo que a mí toca, sé decir que mis acciones y opiniones han sido siempre muy libres, nadie ha influido absolutamente en ellas, y en este punto he obrado con total independencia y sin atender que las opiniones que han tenido las personas que he estimado. Me persuado de que así serán todas las mujeres, exceptuando a las muy estúpidas, y a las que por efecto de su educación hayan contraído un hábito servil. De ambas clases hay también muchísimos hombres”.

Leona Vicario

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