Internacional

El impacto de consumir ropa a toda velocidad

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  • Carro de Combate lanza un ’crowdfunding’ para investigar la industria de la #ModaBasura

Por Gloria López

SemMéxico/AmecoPress. Madrid, 06 oct. 20. Cuando el edificio Rana Plaza, Bangladesh, se desplomó, en 2013, saltaron a las portadas de los periódicos las trabajadoras y trabajadores textiles y sus derechos. En estos siete años que han pasado desde el derrumbe que acabó con la vida de 1134 personas, la mayoría mujeres, y dejó heridas a más de 2500, voces expertas y alguna prensa especializada tratan de crear conciencia acerca de lo que hay detrás de la industria de la moda. Pero todavía la información que nos llega es poca, parcial e insuficiente. Carro de Combate ha lanzado el proyecto ModaBasura, mediante el que pretenden investigar el impacto socioambiental del textil, al completo. En estos momentos, se encuentran en mitad de la campaña de «crowdfunding» en Goteo para conseguir la financiación necesaria. Hablamos con Aurora Moreno Alcojor, una de las periodistas que forma parte de este colectivo que defiende que “consumir es un acto político”.

La industria de la ropa ha sido considerada la segunda más contaminante del mundo, sólo por detrás de los combustibles fósiles. Y aunque esta afirmación ha sido cuestionada – la sostenibilidad es muy compleja y es casi imposible hacer rankings de ese tipo – el impacto de nuestra manera de consumir ropa es innegable. “Queremos investigar lo que ocurre a lo largo de toda la cadena”, explica Aurora Moreno, “desde los cultivos y la extracción de materias primas, hasta los innumerables desechos, pasando por la confección, los acabados, el transporte de ropa, su distribución, venta y uso. La industria textil está construida sobre la explotación, pero eso va más allá de lo que conocemos hasta ahora, que son las condiciones precarias en las que trabajan las mujeres -en su mayoría- que confeccionan nuestra ropa, detrás de la industria de la moda hay un montón de actores y situaciones invisibles, sobre los que queremos poner luz”.

El impacto medioambiental tiene a su vez un impacto social. La contaminación que deja la industria de la moda afecta a millones de personas. En realidad, a todo el planeta. La moda es la segunda industria más demandante de agua, y genera alrededor del 20% de las aguas residuales del mundo, liberando anualmente medio millón de microfibras al océano. Naciones Unidas calcula que la industria de la moda supone hasta un 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero totales. “Que todo ello tiene un impacto sobre nuestras vidas es evidente. Queremos saber también qué pasa en los países en los que se produce de este modo, qué consecuencias tiene sobre el agua que beben y cocinan esas personas, qué pasa con los cultivos, qué pasa con la producción de algodón, donde ha habido muchas denuncias de esclavitud y explotación infantil, cómo se elabora el poliéster, los teñidos, los residuos, cómo contribuye la industria textil a la crisis climática que vivimos…”, explica la periodista.

En Rana Plaza se producía ropa para varias compañías internacionales, incluidas españolas. Realizadas por las manos de mujeres que trabajan bajo condiciones miserables. Bangladesh no es el único país donde esto ocurre ni se trata de una práctica ocasional. Estamos hablando de una estructura, de multinacionales que deslocalizan su producción para lograr el máximo beneficio sabiendo que ello implica la explotación laboral de hombres, mujeres y niñas. Sobre todo, mujeres. “Lo normal es que trabajen para talleres textiles subcontratados en los que hay muy poco control sobre las condiciones laborales. Los salarios son ínfimos y las jornadas enormes. Como el modelo es de la subcontratación, las marcas no suelen hacerse responsables de ningún problema que pueda surgir, se desentienden. Es sabido que con la pandemia muchas mujeres fueron despedidas, por ejemplo, se han dejado millones de dólares sin pagar por contratos cancelados en último momento…pero, ¿quién responde?”

La solución no pasa por comprar prendas de ropa caras, como a menudo se simplifica. Hay marcas de lujo que emplean los mismos procedimientos que las cadenas de ropa barata, donde es posible adquirir una camiseta por tres euros. Tampoco resulta creíble ese lavado de responsabilidad por el que optan algunas firmas con etiquetas que aseguran una producción “ecológica” o “moda sostenible”. “Hay acuerdos de la propia industria que a veces permite, por ejemplo, que una gran marca cree una pequeña línea “sostenible”, pero esto no es correcto, no puede ser así si el conjunto de tu producción no lo es”. La investigación tiene también el objetivo de revisar propuestas que empiezan a emerger, como el reciclaje, lo sostenible, dentro de la industria textil para saber si realmente son una alternativa o se dirigen sencillamente a crear un “nuevo nicho de mercado”. Parece que la soluciones que se requieren son mucho más estructurales.

Consumismo desmedido de una industria que es la segunda más contaminante del mundo

Hay que consumir menos. Esa es clave. Carro de Combate lo explica muy bien. Una de las principales razones por las que la industria textil contamina tanto es que fabrica para tirar. Cada año se producen al menos 100.000 millones de prendas, es decir, unas 13 prendas por persona y año. Por supuesto, el reparto no es equitativo y el consumo en países del norte es mucho mayor que en países del sur. Y para consumir tantas prendas, tenemos que cambiarlas rápido. Así, se estima que muchas piezas de ropa se desechan tras sólo siete o diez usos. Y que más del 30% de la ropa que engrosa los armarios europeos no se ha usado en, al menos, un año. Otras muchas prendas, aproximadamente un 2%, nunca llegan a ser vendidas y acaban en incineradoras.

En la actualidad el ciudadano y la ciudadana media compra un 60% más de ropa que hace 15 años. “Siempre reducir y reusar es la clave. Hay que reducir la compra. La industria se ha reorganizado de tal manera que ahora hay 6 temporadas, cada 2 meses cambia el escaparate de las tiendas y se crea la necesidad de consumir para no utilizar”. Por eso, “consumir es un acto político”. Y si el consumo es un acto político, entonces, “la primera batalla es la de la información”.

Para ello surge el proyecto #ModaBasura, para “sensibilizar en torno a los impactos socioambientales de la industria textil, a fin de evidenciar la necesidad de cambios estructurales en el sector, que vayan más allá de los cambios individuales y aborden las problemáticas sistémicas”. “Lo que queremos, fundamentalmente, es que esa conversación también se ponga sobre la mesa para que las empresas empiecen a tomar acciones serias que vayan más allá del burdo «greenwashing» que están haciendo ahora. Y para que esa conversación pueda darse, necesitamos recoger datos, viajar a los centros de producción y documentar esos impactos”.

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