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Rimel y democracia

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  • Recta final en las elecciones en Bolivia con machismo incluido

Por Drina Ergueta

SemMéxico. La Paz, Bolivia. 13 de octubre de 2020.- “Talleres para la mujer: Empoderamiento liderazgo y automaquillaje”, se leía en un cartel difundido por las redes sociales con el que Verónica Aguilera promovía su candidatura a diputada suplente por la sigla Creemos. Es una de las pocas referencias a mujeres que se han hecho en las elecciones bolivianas que se celebran este 18 de octubre.

En respuesta, las redes publicaron la imagen maquillada del líder de ese partido, Luis Fernando Camacho, con el cartel de “empoderado”. Al ser este conocido por su machismo, esa imagen travestida resultaba, por un lado, un golpe a su hombría y, por otro, también mostraba que lo femenino, y lo travestido, es un motivo de burla en una sociedad misógina.

Podría considerarse este un hecho anecdótico, pero es más que eso: es un ejemplo claro del tipo de sociedad que existe en este país, que mantiene un sistema patriarcal que se refleja en todo y que en las elecciones se observa en la abrumadora presencia masculina, tanto en las candidaturas (pese a que es obligatoria la paridad) como en los discursos, donde no se habla del aborto salvo para negarlo, no se habla de la violencia machista salvo repitiendo alguna promesa vaga, donde no hay campañas que pongan a las mujeres como uno de los ejes centrales de una mejor sociedad.

En los programas de los dos partidos que, de acuerdo con las encuestas, tienen posibilidades de ser el próximo gobierno, Comunidad Ciudadana tiene un subtítulo específico referido a las mujeres: promete crear un Ministerio de las mujeres, hacer políticas para eliminar todas las formas de violencia hacia ellas, así como para reducir la brecha salarial y promover el acceso de mujeres a puestos de poder. Parece sacado de un manual; sin embargo, no aterriza en temas difíciles e urgentes y que reflejan si de verdad hay interés en las mujeres, como es la despenalización del aborto. 

El otro partido, favorito según las encuestas, es el MAS (del expresidente Evo Morales) que, muy centrado en un programa económico destinado al “vivir bien” de la población en general, no hace mención a las mujeres como eje central, como sí lo son para esta propuesta la población indígena y la madre tierra, y es sólo en el punto referido a “seguridad” donde habla de “protección para las mujeres”, refiriéndose a los feminicidios y otras violencias.

Si bien hay encuestas y analistas que dicen que es posible que el MAS gane en primera vuelta las elecciones, lo que daría un gobierno con un enfoque más social que liberal, también es posible que se vaya a una segunda vuelta donde entonces, señalan, ganaría CC. Este partido, para gobernar, debería aliarse con el resto de fuerzas que pueden tener presencia parlamentaria y aceptar sus condiciones: como Creemos, en la que su líder Camacho ve natural que las mujeres se hagan cargo del hogar, además de trabajar, o como el partido Frente Para la Victoria liderado por ‎Chi Hyun Chung que es abiertamente misógino y militante contra la “ideología de género”. 

Según algunos analistas y también versiones que no dejan de tener cierta base en la lógica política y por hechos recientes, como la compra de armamento y la difusión de la idea de un fraude electoral, es posible que el actual gobierno de facto no permita que el MAS vuelva al poder, tal como las encuestas lo hacen pensar, y que se genere una situación de violencia para posponer nuevamente las elecciones o que tomen el control las fuerzas militares. En una situación así, como la que se ha vivido este último año, no sólo que se perdería la democracia y se instalaría un panorama de violencia y represión hacia ciertos sectores populares, sino que en esta coyuntura todas las aspiraciones de las mujeres para tener una vida mejor desaparecerían. 

Bolivia vivirá una semana crucial donde se espera que el 18 de octubre se realicen las elecciones, esperemos que gane quien gane se conforme finalmente un gobierno legítimo y democrático y que las mujeres también estén presentes en las decisiones y en las políticas.

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