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La acción de gobierno

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Nos encontrábamos en una situación muy difícil y la única manera de recuperar la fe era trabajar duro. Justin Trudeau

Florencio Salazar

SemMéxico. 13 de octubre 2020.- Anualmente el Ejecutivo  informa al Congreso sobre el estado que guarda la administración pública. En el pasado el acto de informar era propicio para un ceremonial que poco tenía de rendición de cuentas y mucho de protocolo. Era –como han dicho los críticos- el día del presidente, en este caso, del gobernador. Ahora las cosas son distintas. Se informa y se asume la responsabilidad del quehacer público.

Las benditas redes, son causa y consecuencia de un mayor conocimiento sobre la administración. Anteriormente  el informe fue un ejercicio para hablar de ideas, abstracciones, de realidades inexistentes o de aproximaciones y reintegros. Hoy, lo que prevalece en todo informe son los datos duros, de manera indispensable e inevitable. Hoy el informe, informa.

La ciudadanía, en mayor volumen, se entera y participa de la acción de gobernar. El gobernante expone y se somete al escrutinio de los legisladores y legisladoras, de los medios y de la opinión pública. Pero, además, tiene el componente de la pluralidad política. Ello significa que no hay una sola voz, una sola mirada, porque la voz y la mirada son colectivas y diversas.

Ahora –como nunca antes- se gobierna para  tirios y troyanos, porque todos son motivo y razón de ser del gobierno. Esta entidad pública no puede actuar bajo la exclusiva voluntad del Ejecutivo. El gobierno se forma como consecuencia del pacto social y su deber es procurar el bienestar general de la población, con lo cual cobra sentido la pluralidad política, que es el componente básico de la democracia.

Remitiéndonos a José María Luis Mora se trata de mantener vivo el acuerdo en lo fundamental. El liberal del siglo XIX se refería a evitar pugnas y luchas entre partidos que expusieran  o atentaran contra la independencia  y la soberanía de nuestro país, evitando arrastrar a la población a guerras incruentas; de límites que deberían ser respetados por todos. Como en un encuentro de box, nadie puede pelear sin guantes, fuera del ring y los combatientes deben someterse al réferi y al sonido de la campana.

Los adversarios políticos –obviamente- lo son por sus diferencias. Y esas diferencias significan –al menos eso se supone-  controversias, por lo tanto los opuestos se combaten políticamente para que prevalezcan sus respectivos criterios. Las diferencias se encauzan institucionalmente con la formación de la  mayoría para gobernar, según lo defina el voto ciudadano.

Entre tanto, lo que sucede es la crítica, el señalamiento, la propuesta de acuerdos o el discurso temperamental. Y  en esta realidad,  debe actuar el gobernante,  con  tolerancia frente al crítico u opositor y conducir la famosa nave del estado (de Guerrero), lo mismo por aguas turbulentas que tranquilas, pero siempre con la mira puesta en su proyecto de gobierno.

Los gobiernos generalmente se proponen objetivos ideales. Estos objetivos pueden ser ajustados en el proceso de ejecución  y revisados  ante los inclementes mandamientos de las urgencias. El Covid-19 es un clarísimo ejemplo, pues en esta administración se han hecho varios ajustes presupuestales para atender la emergencia, dejando de lado otros proyectos.

Sin embargo, se puede variar la ruta sin perder de vista el objetivo fundamental. De ahí que los políticos tengan la capacidad de gobernar sin ideas fijas. Los programas de gobierno son condicionados por la realidad presente o emergente. De ahí la flexibilidad de las políticas públicas para responder a desafíos no previstos.

La política como  arte es esencial para gobernar nuestro estado. Tener arte en la política significa disponer de la capacidad creativa para resolver  problemas inesperados, de tal manera que las soluciones resulten satisfactorias. No solo hay que tener conocimiento, hay que tener también instinto, olfato. De ahí que el ejercicio del poder necesite su componente heterodoxo, pues no es posible gobernar siempre apegados al manual. Las soluciones dependen de la naturaleza de los problemas.

La hetorodoxia, como aplicación de ideas diferentes a las establecidas, debe entenderse –sobre todo- como  imaginación y creatividad políticas. Bajo el principio del funcionamiento de las instituciones la acción de gobierno, en nuestra entidad, ha tenido tres objetivos fundamentales: i) terminar el sexenio (dos años, dos meses, es el periodo promedio de gobierno); ii) para ello, mantener la gobernabilidad y la gobernanza (violencia histórica); e iii) impulsar lo más posible el desarrollo (atraso secular).

En alguna entidad federativa, con disponibilidad de recursos, los objetivos señalados pueden parecer de una obviedad pasmosa. Pero nuestra realidad es de conflictos constantes. Aparentemente de la nada, surgen  problemas que amenazan la estabilidad política. Gobernar Guerrero, pues, requiere –además de los atributos conocidos- que el gobernante sea prudente y disponga de una gran movilidad en el territorio. Que gobierne como dicen lo hacía Abraham Lincoln: mano de hierro en guante de seda. Firmeza en las decisiones y flexibilidad en el trato; sin enemigos. Cuando el poder tiene enemigos gobierna con odio. El odio es disolvente de la legitimidad.

Creo que Héctor Astudillo al informar a los guerrerenses sobre lo hecho durante el quinto año de su administración, dará a conocer muchos buenos resultados y avances significativos en la atención a problemas de fondo, mostrando su invariable carácter conciliador y de decisión en  el mando.

Los resultados se cuentan y cuentan. De eso se trata.

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