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Bárbara García Chávez: Más mujeres en política mejora la vida de otras mujeres

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  • Tres veces regidora, en dos municipios de México muy distintos y lejanos
  • De izquierda, por la izquierda, hasta llegar a la izquierda

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, Oaxaca, 16 de octubre, 2020.- De la izquierda a la izquierda y hasta llegar a la izquierda, es el sendero político que sigue Bárbara García Chávez, tres veces regidora de dos municipios distintos y distantes, uno en el norte del país otro en el sureste mexicano. Afirma que el reto de las políticas es que no deben olvidar que su paso en la vida pública debe ayudar a mejor la existencia de las otras mujeres.

El camino de la izquierda no es sencillo. La hegemonía del poder priista marginó por años a la oposición, pero ella poco o nada se dejó. No fue un dolor de cabeza ni una piedra en el zapato, solo defendió en lo que siempre creyó. Germinó en el Partido Comunista Mexicano y fue una fundadora en tiempos de caos del Partido de la Revolución Democrática.

Abogada por la UNAM, se inició en lo político cuando ingresó en 1978 a las filas del Partido Comunista Mexicano, cuando Arnoldo Martínez Verdugo era su dirigente, que dictaba una actividad formativa del concepto ideológico marxista-leninista en las escuelas de cuadros. Tiempos en los que el PCM tenía registro cuando no se los quitaban.

En ese mismo año, recuerda, José López Portillo, entonces Presidente de México impulsa la primera reforma electoral del país, que da al PCM, así como al Partido Revolucionario de los Trabajadores, al Mexicano Socialista y al Demócrata Mexicano su registro, no como una concesión sino por vergüenza, ya que había sido electo porque era el único candidato en los comicios de 1976. El mismo López Portillo (Jolopo) contaba su mal chiste cuando aseguraba cínicamente que, en aquella elección, para ganar, hubiera sido suficiente el voto de su mamá.

En esa historia había una joven mujer, por eso lo narra como si lo estuviera viviendo de nuevo, cuando el PCM ganó en 1979, 18 curules en el congreso federal, un triunfo que cuenta y celebra porque anduvo en la campaña. También atestiguó la unificación de los partidos de izquierda en 1981, cuando se conformó el PSUM cuya vida se volvió a transformar cuando cedieron su registro al PRD en 1989. Era la reunión de personas venidas de varias corrientes ideológicas, personas de la sociedad civil que no tenía partido, de grupos que habían estado en la guerrilla… pero que creían que podían cambiar las cosas. Lo difícil era ponerse de acuerdo.

En ese camino vio a muchas mujeres, pero ella y otras de ellas estaban lejos del feminismo. Las mujeres del PSUM tenían tareas preponderantes haciendo propaganda, reuniéndose con otras mujeres. Pero lejos aún estaba hablar de “violencia de género contra las mujeres”.

En aquellos años donde la tarea era armar un nuevo partido político, Bárbara García Chávez,  tras un periplo como internacionalista, buscando un lugar, se encontró de pronto en la ciudad de Torreón, Coahuila (1988), una especie de tierra prometida, como lo escuchó de la madre de un amigo, por lo que junto con su pareja siguieron a la señora a esa ciudad del norte, atractiva porque podía dar clases en alguna universidad.

Pero crear una dirección municipal del PRD, particularmente en Torreón, más que en otras ciudades de Coahuila, fue muy difícil, no había sol que calentara ni líder nacional que calmara los ánimos, todos los enviados –Porfirio Muñoz Ledo, Jesús Sambrano, Jesús Ortega y hasta un empresario de Monterrey y otros, salían corriendo. La fusión de ideas creaba muchas tensiones, las reuniones terminaban en batallas campales donde las sillas parecían caer del cielo. Todas las partes del rompecabezas querían avasallar y buscaban prácticamente adueñarse de los espacios de dirección ¿cómo amalgamar al Frente Cardenista, a los bejaranos, a los del Frente Patria Digna, a los amalios, los Pancho Villa…?

A lo más que llegaron fue a formar tres bloques: uno de asociaciones locales de Torreón, otro de asociaciones nacionales que como los primeros no creían en los partidos, pero les unía la posibilidad de un cambio para el país, y el tercer bloque que conformaban los del PSUM, “la fracción histórica, porque éramos quienes teníamos el registro”, dice entre risas. Finalmente se formó una Dirección Municipal Colegiada, curiosamente presidida por tres mujeres: Esperanza Olguín, Beatriz Granillo y Bárbara García Chávez, “quienes, por cierto, nunca llegamos a ningún acuerdo”, lo que provocó que, en 1989 en Torreón las candidaturas fueron nombradas desde la Ciudad de México.

Tres años después lograron acuerdos. Bárbara García es candidata. En la reunión estatal presentó su intención de ser candidata a la alcaldía de Torreón, sin objeción alguna le dicen que no hay problema. El problema estaba en el fondo, no en la forma, porque no había dinero para una campaña política. Los mítines se hacían en las calles y repartían volantes hechos en mimeógrafos, algunos resquicios del pasado porque la tecnología apenas se asomaba y era difícil alcanzarla si no había dinero, dice.

Pero eso no fue lo peor, apenas venía lo difícil. La violencia estuvo siempre presente, “el PRI lo era todo, con campañas abrumadoras y muy costosas”. Decidió presentarse a un debate en la Universidad Iberoamericana de aquella ciudad, una donde ella peleó por estar porque los otros dos candidatos, el del PAN y el del PRI consideraban inocua su presencia. Curioso, recuerda, muchos años más tarde le pasó lo mismo en Oaxaca.

Así que llegó, dijo lo que debía decir, estaba preparada, pero recibió agresiones del público, a mucha gente le parecía que la candidatura del PRD solo le quitaba votos al PAN. Entre los dichos de la gente, que hoy ya se catalogan como violencia política en razón de género, había expresiones cargadas de sexismo, como “vete a tu casa a limpiar”, descalificaciones por ser mujer.

Como era la costumbre el PRI ganó la elección. El PAN y el PRD tuvieron regidurías plurinominales. Ella fue designada regidora de Gobierno y Mercados, las agresiones siguieron a lo largo del trienio.

Tres años más tarde hubo nuevas elecciones. El candidato del PAN era el mismo que había competido contra ella, Jorge Zermeño. Con seriedad determinó que si Zermeño, por cierto, hoy alcalde de esa ciudad, ganaba esas elecciones se iría de Torreón. Así que no tuvo más que vender su casa y empacar. Esta vez rumbo a Oaxaca, tierra de su familia política.

La mudanza implicó una renuncia expresa no formal al PRD (1997). Fue hasta 2006 que volvió a las andadas política. Los tiempos se prestaban en un Oaxaca lleno de dificultades y muy polarizado. Deciden formar un Consejo Democrático, así lo llamaron inicialmente. Su trabajo consistía en organizar a las personas en las colonias populares y brindarles asistencia médica, jurídica, cultural y política, “una opción ciudadana de participación política”.

Vendría el proceso electoral de 2008. Sería un proceso electoral difícil, aún gobernaba el PRI, con Ulises Ruiz, resentido con las organizaciones sociales de Oaxaca.

Humberto López Lena, empresario radiofónico, sería el candidato del Partido Convergencia a la presidencia municipal de Oaxaca de Juárez, que decide que la planilla estuviera integrada por personas venidas de organizaciones sociales, por lo que dieron con el Consejo Democrático y Bárbara volvió al camino de la política.

No eran tiempos de paridad, pero había más mujeres en la planilla, que le dio batalla al entonces candidato del PRI, José Antonio Hernández Fraguas, y aunque perdieron obtuvieron los votos que les permitió acceder como concejales a cuatro mujeres y un hombre de aquella planilla al Cabildo (2008-2010).

Todavía entonces nadie quería la Regiduría de Género y le tocó a Bárbara García. En 2017, Bárbara invitada esta vez por el Partido del Trabajo encabeza la planilla como candidata ciudadana. El contrincante del PRI fue otra vez Hernández Fraguas, quien gana la elección. Por segunda ocasión se convierte en regidora de Igualdad de Género.

Desde la primera vez que ocupó la regiduría se comprometió en estar preparada para ello, “hoy ninguna diputada, presidenta o regidora puede ignorar de qué se trata, el quehacer de gobernar está atravesado por la igualdad entre hombres y mujeres”.

Bárbara García presentó diversas propuestas con perspectiva de género, como sucedió en el presupuesto para el ejercicio de 2011, que le tocaría a un nuevo presidente municipal esta vez emanado del PAN. La propuesta fue aprobada por el Cabildo todavía en funciones, pero desechado por el gobierno entrante. Así, nada más. Son múltiples las formas de la violencia de género. No considerar el presupuesto de egresos desde esa perspectiva, con acciones afirmativas claras para las mujeres, desechar el trabajo, es también una forma de violencia machista.

Es decir, la violencia política en razón de género, no es algo que solo se presenta en las campañas política, “no, está presente a lo largo de una gestión al ocupar un cargo de elección popular o un cargo público” y son, apunta, reacciones negativas y violentas de los hombres frente a las acciones afirmativas como las cuotas o la paridad que favorecen una mayor presencia de mujeres en la política, un espacio que todavía piensan algunos es solo cosa de varones.

Ahora las mujeres que están en política deben entender que tienen la ley a su favor, existe, hay que hacerla valer, antes no era posible, dice en tanto enumera algunas de las agresiones que recibió siendo regidora en Oaxaca, una de ellas, como lo que ocurrió en 2009 cuando personal del propio gobierno de la ciudad ocupó el amanecer para pegar hojas con su fotografía y expresiones sexistas y misóginas en su contra. Aunque puso una denuncia en la entonces Procuraduría ésta no prosperó, al final, en esta tarea de desprestigio estaban involucrados además de una regidora, el propio presidente municipal, el secretario general de gobierno, hubo muchas complicidades.

Esas batallas, dice las libró sola, “ni siquiera me acompañaban las otras concejalas, las diputadas opositoras al PRI tampoco dijeron nada, quienes si se pronunciaron fueron algunas periodistas y organizaciones defensoras de las mujeres. Padecí la violencia política y fue difícil levantarse al día siguiente y llegar a una sesión de cabildo mientras ves la sonrisa cínica del presidente municipal”.

Hoy es diferente o al menos debe serlo. Y para que la igualdad sustantiva sea una realidad, es indispensable pensar en la capacitación de mujeres y hombres. A nosotras nos quieren capacitar en política, bien, a los hombres hay que adiestrarlos en género.

Recuerda a Clara Zetkin, quien aseguró que la presencia de las mujeres en la política mejora la vida de otras mujeres. De ahí que el reto es que cada vez más mujeres, de acuerdo con la paridad, ocupen estos espacios, para gobernar desde una perspectiva diferente, sin olvidar nunca que detrás de cada una de las aspirantes y de las que ganan hay todo un movimiento de mujeres que por décadas han luchado por conseguir sus derechos; su tarea es hacer efectiva la igualdad sustantiva y mejorar la vida de las otras mujeres, como dijo Zetkin a Lenin en un espacio donde ella era la única mujer.

SEM/sj

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