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Conviene recordar que la Resolución 1325 fue impulsada por el movimiento del feminismo pacifista

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  • Las organizaciones reivindican la participación de las mujeres en el centro de la agenda de paz y seguridad, no como víctimas, sino como agentes de cambio

Por Gloria López

SemMéxico/AmecoPress. Madrid, 17 noviembre. 2020.-  La participación de las mujeres en la agenda de la paz, no como víctimas, sino como agentes de cambio, fue el núcleo central del debate que llevaron a cabo Clemencia Carabalí –lideresa afrocolombiana y defensora de los derechos de las mujeres en Colombia-, Pamela Urrutia –investigadora de la Escola de Cultura de Pau, experta en Siria y Yemen- y Soraida Hussein -responsable de Incidencia política de Alianza por la Solidaridad en Palestina-, que estuvieron moderadas por María Salvador López –responsable de Derechos de las Mujeres de Alianza por la Solidaridad-.

El acuerdo de paz que se firmó en Colombia hace cuatro años fue “una esperanza”, sintetizó Clemencia Carabalí, pero “todavía enfrentamos impedimentos para que las mujeres podamos aportar a un proceso de paz sostenible” porque “la presencia integral del Estado en los territorios es muy baja” y eso impide una verdadera transformación. “A las mujeres no nos ven, no nos oyen, especialmente a las mujeres negras”, denunció la lideresa, quien defiende la necesidad de trabajar con un enfoque interseccional.

La situación colombiana no es única. A pesar de que las iniciativas desarrolladas por mujeres para construir paz se insertan en una larga tradición histórica, ello no ha tenido su correlato en el nivel de toma de decisiones donde se decide la paz o la guerra. El protagonismo de las mujeres en las organizaciones civiles de base en la construcción de la paz no se traslada a las mesas de negociación. Solo un 13% de las personas negociadoras y un 6% de las mediadoras son mujeres. En Siria hay un Consejo Asesor de Mujeres, pero es un organismo paralelo, mientras que la representación de las mujeres no supera el 15% en los puestos de decisión oficiales y un 30% en los puestos de la sociedad civil. Son datos que ofrecía Pamela Urrutia para ilustrar la exclusión de las mujeres de los procesos de paz. “La inclusión de las mujeres es garantía de éxito de los procesos”, señaló, recordando “no se trata de incluir mujeres, sino de cambiar estructuras como el concepto de seguridad, hallar nuevas palabras y nuevos métodos.”

De algún modo, la Resolución 1325, aprobada hace 20 años y cuyo aniversario ha dado lugar a este ciclo de seminarios organizado por diversas entidades feministas y pacifistas, constituyó un hito importante en el reconocimiento de la participación de las mujeres en la resolución de conflictos, no como víctimas, sino como sujetos activos , y puso encima de la mesa la perspectiva de género como un elemento fundamental para la paz y la seguridad internacionales. Pero hoy sigue siendo necesario incluso revisar el significado de paz, como algo dinámico.

«La 1325 es un mecanismo para hacer diálogo desde lo común, pero se requiere de un enfoque situado, atento a las necesidades concretas», expresó Soraida Hussein. «Siempre decimos que queremos una paz justa en Palestina. La paz no es solo que no haya guerra», señaló. Para una mujer refugiada la paz es volver a su casa, o para la madre que tiene a su hijo en una cárcel israelí la paz es que vuelva su hijo a casa. «Vivir en un Estado en el que hay pobreza o crisis no es paz».

El protagonismo de las mujeres en las organizaciones civiles de base en la construcción de la paz no se traslada a las mesas de negociación

A pesar de la marginación a la que se les somete, las mujeres, en distintas partes del mundo, se organizan y desempeñan un enorme papel en la construcción de la paz. “En Siria, las mujeres trabajan mucho para garantizar los derechos de los niños, la ayuda humanitaria, han diseñado una hoja de ruta para el retorno seguro de refugiados…” compartió Urrutia. “No les falta experiencia, el excluirlas resta una capacidad esencial”.

No solo es que no se esté incluyendo una perspectiva de género como elemento clave para la resolución de conflictos, es que, en ocasiones, el liderazgo de las mujeres genera respuestas violentas que nos siguen advirtiendo de las resistencias existentes para que las mujeres participen en los espacios de poder planteando sus demandas y las de su comunidad.

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“No hay que esperar a que nos inviten”, sentenció Pamela Urrutia. Su compañera de mesa, Soraida Hussein, enfatizó: “las mujeres palestinas llevamos desde 1932 activas y peleando, somos las únicas que en estos momentos tenemos voz y no nos rendimos”. Por su parte, la afrocolombiana Clemencia Carabalí señaló que “hay un activismo muy fuerte de las mujeres para la implementación de los acuerdos de paz en Colombia y para el reconocimiento de la multiculturalidad” y se remitió a la Escuela de Mujeres Constructoras de Paz, como un espacio en el que las mujeres se cualifican para seguir reclamando su participación.

¿Por qué tanta resistencia a la inclusión de las mujeres, de sus experiencias y aportes? La participación de las mujeres implica un enfoque alternativo que cuestiona las estructuras de poder establecidas e impulsa la transformación de las mismas. Una paz feminista es una paz transformadora.

El ciclo ’20 años de la agenda mujeres, paz y seguridad: balance y propuestas para una paz feminista’ concluye el próximo viernes abordando La noción de seguridad: tensiones y oportunidades.

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