Cultura

Se presenta hasta el 17 de febrero en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque.

163 Vistas

Redacción

Nora Castrejón

SemMéxico, Cd. de México, 31 enero 2019.- Es la segunda llamada y la sala está llena, en la sala se percibe el olor a copal. Casi sin darnos cuenta, entramos en la convención y puede que sea noviembre en pleno enero. Al centro de la escena está sentada María que entona un par de canciones con un dejo de melancolía por el pueblo añorado. Tal vez le hubiera gustado más llamarse Guadalupe, como la virgen que tiene la piel morena y que escucha sus plegarias. María, trenza su larga cabellera junto con los recuerdos del pueblo donde están sus raíces; está cansada, nos lo dice y con el cuerpo y con la voz. Sólo quiere volver a Todos Santos.

María va de la silla a la mesa y nos invita a acompañarla en la preparación del mole para el festejo de día de muertos, nos metimos hasta la cocina y hasta nos convida un buen trago del mezcal para su ofrenda. Mientras se viste con ropa típica de su pueblo y adorna con flores su cabeza, de a poco vamos habitando junto con ella las habitaciones de su memoria: La frescura del río, la boda con Juan con todo y fiesta que se prolongó por tres días, el nacimiento de su primogénito… Pero también la seguimos a los sótanos oscuros, allí donde guarda los recuerdos del día en que llegaron “los caballeros” armados al pueblo y a su casa a sembrar el miedo, el crimen y la muerte. La comunidad que intenta resistir pronto paga el precio de la dignidad. Cuando el estado es indolente, cómplice y también criminal uno sabe lo vulnerable y frágil que puede ser la vida. María lo sabe bien, su luto es por partida doble y la soledad es su única compañera desde aquéllos días. Hoy, en vísperas del día consagrado a los fieles difuntos, prepara una ofrenda para su hijo y otra para su esposo; esta vez las raíces demandan su presencia y quiere volver a Todos Santos. Está cansada de vivir una vida que no es vida, no se halla en esta casa donde es la empleada doméstica de Ángela, para quien es indispensable, pero a final de cuentas invisible.

Con una dramaturgia empática y sensible, Mónica Perea construye un unipersonal que le da voz a muchas mujeres de las que se habla poco, pero que han sido sobrevivientes capaces de reconstruirse a sí mismas, ser sostén de sus familias y en muchos casos de sus comunidades en un país atravesado por la violencia y el desamparo.  Mayra Sérbulo es una actriz solvente y experimentada que personifica a María desde la sutileza del gesto y el matiz en las emociones, lo cual permite disfrutar de un personaje vivo, con una presencia plena que llega a ser entrañable. La dirección de Sixto Castro Santillán traza con precisión el recorrido por los espacios de los recuerdos de María, en cada zona del escenario, echando mano de recursos coreográficos para lograr imágenes de conmovedora belleza, acentuadas por el diseño sonoro de Ariel Torres, que tiene en su sencillez la cualidad de ser expresiva sin avasallar. El espacio escénico de Natalia Sedano en concordancia, apela por un dispositivo sintético y sobrio, que no necesita exceso de elementos para evocar las tradiciones de muchos pueblos mexicanos.

Una puesta en escena bien lograda, que en absoluto requiere más elementos para construir el diálogo con una realidad que usualmente preferimos evadir en nuestras horas de ocio, sin embargo resuena tanto en un recoveco cercano al corazón, que la hora que compartimos con María fue suficiente para querer acompañarla al pueblo donde descansan sus difuntos, preparar con ella el pan de muerto, poner la ofrenda y finalmente encender una veladora que  también nos alumbre un poco el camino.

Todos Santos se presenta hasta el 17 de febrero en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, (Reforma y Campo Marte, a un costado del Auditorio Nacional en la Ciudad de México). Jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19 horas y domingos a las 18:00 horas.

SEM/nc/sj

Comment here

Accesibilidad