Impunidad/Violenciaviolencia

El último cumpleaños de Wendy: Crónica de un feminicidio

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Juana Andrés Rivera/Foto: Archivo Tlanesi

Estudiante de la Escuela de Trabajo Social “Vasco de Quiroga”

SemMéxico/Tlanesi. COMALA, Colima, 24 de enero 2021.- Llegaron en una camioneta sus cuñados y su suegra, muy envalentonados. Unos traían palos, otros machetes, queriendo abrir el falsete para entrar y sacar de la casa a Wendy (nombre ficticio), quien se encontraba en el fondo resguardada, temblando de miedo. En la primera oportunidad que tuvo escapó; había ahorrado unas monedas a escondidas, tomó a su hija, subió a la ruta y se trasladó de un poblado a otro, donde se encontraba su familia.

Hasta ese lugar, su pareja —a quien llamaremos Carlos— y algunos de los familiares de éste, llegaron para exigirle que regresara a la casa donde vivía con él. Mientras eso sucedía en la calle, desde adentro de la casa una de las tías de Wendy, a quien llamaremos Marisa (también nombre ficticio, pues así lo pidió antes de narrar los hechos) les advertía: “Si se pasan, si abren el falsete, no respondo. A Wendy no se la van a llevar a la fuerza. Si ella dice que no, yo respeto su decisión. Pásense para que vean de a como nos toca”. Después de intercambiar palabras y sin lograr su propósito, la madre de Carlos dio la orden para que finalmente se retiraran.

Por esa vez Wendy logró ganar la partida, cuenta su tía Marisa en entrevista. Cuando la joven y su hija de apenas 7 años llegaron a su casa —en una comunidad del municipio de Comala, Colima—, estaban muy desmejoradas, flacas y hambrientas. Wendy ya no quiso regresar al domicilio conyugal, porque allá la maltrataban su pareja, su suegra y sus cuñados.

La madre de la joven murió cuando ella y su hermano aún eran muy pequeños. Ellos eran hijos de un segundo matrimonio, pues su padre ya era viudo y tenía 4 hijos más de su primer matrimonio. En 2020 también su padre acababa de fallecer.

Al paso de los días, Wendy y Carlos se reconciliaron y él se vino a vivir al domicilio de ella, pero la familia podía observar que no la dejaba ni a sol ni a sombra. A donde ella iba, allá la seguía, así fuera a la tienda. La tía Marisa la dejó como su empleada en su florería y ahí estaba él, acompañándola. Hasta dejó de ir a trabajar por estarla cuidando. Algunos clientes mejor no llegaban a la florería por temor a Carlos.

Se presentó la oportunidad de que él se fuera a Estados Unidos a trabajar por un tiempo, pero dejó de vigilantes a su mamá, a sus hermanos y, lo que aún es peor, al propio hermano de Wendy, dos años menor que ella, quien le informaba a Carlos santo y seña de lo que ella hacía, a dónde iba, con quién hablaba.

Recuerda la tía Marisa: “Aun estando en la casa cerca de sus familiares, nunca la dejó de golpear, siempre traía moretones. Cuando le preguntábamos, tan sólo se limitaba a contestar diciendo que se había golpeado con algo. Nunca decía nada, se callaba y sólo agachaba la cabeza y se iba a otro lugar”.

Los Centros de Justicia para la Mujer son el resultado de la suma de esfuerzos y recursos entre el Gobierno de la República, las entidades federativas y organizaciones de la sociedad civil, para la creación de espacios que concentran bajo un mismo techo servicios multidisciplinarias tales como:

a) Atención psicológica, jurídica y médica;

b) Albergues temporales;

c) Ludotecas con expertas/os en temas de desarrollo infantil, y

d) Talleres de empoderamiento social y económico para apoyar a las mujeres a salir del círculo de violencia.

Sin embargo, son centros que en la mayoría de las comunidades rurales del estado las mujeres desconocen, pues no existe la difusión necesaria para darse a conocer, lo que ocasiona que muchas mujeres no sepan a dónde acudir a solicitar ayuda sobre el tema de la violencia intrafamiliar y prefieren callarse antes de denunciar a quienes las violentan. Ese fue el caso de Wendy, pues al preguntarle a la tía Marisa dice que quiso pedir ayuda, pero no sabía a dónde dirigirse.

Carlos se fue nuevamente a Estados Unidos y fue ahí cuando Wendy aprovechó para terminar la relación. Él, al no aceptar, regresó antes sin avisar de su llegada, sorprendiéndola, arrebatándole el celular, le revisó todo. Era sábado, ese día la golpeó, después sacó todas sus cosas y se fue a su pueblo natal llevándose con él a su hija. Transcurrieron alrededor de quince días y Wendy, al no tener noticias de la menor, optó por poner una denuncia en el Ministerio Público. Él al darse cuenta la buscó, la golpeó y la amenazó con una navaja, pero ella logró escapar y llegar hasta donde estaban sus hermanas, quienes la ayudaron, y no le quedó de otra a Carlos que escabullirse.

Esa misma semana regresó el hombre y, aprovechando que todos dormían, entró a la habitación donde Wendy se encontraba dormida e intentó ahorcarla, pero ella logró gritar, llegaron las hermanas a salvarla y nuevamente Carlos se escapó entre la oscuridad.

Wendy ya no soportó más e interpuso otra denuncia, pero ya por las lesiones que había recibido. Nuevamente fue al Ministerio Público que se encuentra en la cabecera municipal de Comala, pero sólo quedó en eso, en una denuncia, porque no vio que hicieran nada al respecto.

Finalmente la mandaron llamar, al igual que a Carlos, para que llegaran a un acuerdo del tiempo que compartirían con su menor hija. Se decidió que sería una semana con ella y otra con él. Pero la tía Marisa observaba que Carlos no respetaba el convenio, pues a la hora de entregar a la menor, la citaba en lugares lejos de su casa, con el argumento de que tenía una orden de restricción.

Al verse para entregar a la niña retomaron nuevamente su relación de pareja. Y poco tiempo pasó para que volvieran las amenazas, el acoso y, como Carlos no vivía en la casa con ella, el hermano menor de Wendy era el que le informaba todo lo que ella hacía; hasta le robó el teléfono celular para entregárselo a Carlos, quien nuevamente revisó todo lo que ella tenía en el aparato. A los contactos que no tenían nombre, él mismo les marcaba para ver de quién se trataba, amenazándoles para que no la llamaran ni buscaran, lo que motivó que Wendy tomara nuevamente la decisión de terminar la relación.

Lo anterior provocó que Carlos se enfureciera. Con la amenaza de no entregarle a la hija de ambos, la chantajeaba y la obligaba a salir con él, citándola en lugares lejanos a la comunidad, es decir, en la ciudad de Colima. Una ocasión la citó en un motel y ella al ver que no estaba su hija, se salió dejándolo solo, lo que generó nuevamente su coraje.

Comenta la tía Marisa que un día, en una plática, la menor hija de Wendy y de Carlos les dijo que su tío y su papá estaban planeando cómo matar a su mamá, pero no le dieron importancia por ser ella pequeña.

El 19 de septiembre de 2020 era sábado, ese día Wendy organizó una pequeña fiesta con algunas de sus amigas porque el domingo cumpliría 24 años. Las jóvenes se pusieron de acuerdo para llevar lo que degustarían. Una llevó una ensalada, otra las bebidas, una más puso las botanitas y así fue como tomó forma el convivio para festejarse un año más de vida. Al iniciar la reunión era evidente la alegría que se le observaba a Wendy: reía, cantaba y bailaba sin imaginar que ese sería el festejo de su último cumpleaños. La fiesta se prolongó hasta la medianoche, se despidieron las amigas y todos se fueron a dormir.

La tía Marisa comenta que mientras eso sucedía, el hermano menor de Wendy estaba en su cuarto, escuchando música y también lo escuchaba cantar, observando lo que su hermana Wendy hacía y decía en compañía de sus amigas. El convivio terminó y se quedó todo en silencio. Dice que al parecer esperaron a que todos se durmieran, momento que el hermano de Wendy aprovechó para llamarle a Carlos, o quizás ahí lo tenía adentro del cuarto, porque nadie se percató del momento en que entró a la casa.

Esa noche, la menor hija de ambos estaba en casa de su papá. La tía Marisa cree que al parecer ya tenía todo planeado. Eran aproximadamente las 5 de la mañana del domingo 20 de septiembre cuando una de sus hermanas escuchó un grito muy fuerte: “CARLOSSSSS”. Era el nombre de su expareja lo que Wendy exclamó y fue lo último que dijo. Su hermana se levantó rápido y corrió hasta el cuarto de Wendy, pensando que Carlos la estaba golpeando. Al encender la luz se dio cuenta de que la joven se estaba desangrando sobre la cama. De inmediato fue por la tía Marisa a su cuarto.

—¡Tía —gritaba—, venga, aquel cabrón se metió y acuchilló a Wendy; se está desangrando y no se mueve; venga por favor!

 “Yo me levanté en chinguiza y fui hasta el cuarto de Wendy. Ella estaba ahí, postrada en la cama, tenía un color amarillo y su mirada perdida. Aún seguía viva, pero estaba agonizando. Tomé mi camioneta y fui al Centro de Salud de la comunidad para ver si la doctora podía venir, pero ella argumentó que no podía ir a domicilio, que no lo tenía permitido.

 “Regresé a la casa con la esperanza de que la ambulancia ya estuviera ahí. Pero no, aún no había llegado y nosotros no sabíamos qué hacer. Me sentía impotente. Las hermanas me gritaban que la lleváramos al Centro de Salud, todas llorábamos y les decía que no la podíamos mover. Yo quería abrazarla, levantarla, pero no sabía lo que era correcto. Por fin, cuando llegó la ambulancia Wendy ya tenía cinco minutos de haber fallecido. Yo les pedí a los paramédicos que le dieran electrochoques, pero dijeron que no tenía caso, que ya había muerto”.

En su artículo 124 Bis, el Código Penal para el Estado de Colima, establece lo siguiente:

Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Existen razones de género cuando se acredite cualquiera de los siguientes supuestos:

I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;

II. A la víctima se le hayan infligido lesiones infamantes, degradantes o mutilaciones, previas o posteriores a la privación de la vida;

III. Existan antecedentes o datos que establezcan que se han cometido amenazas, acoso, violencia o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

IV. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

V. Exista o haya existido entre el activo y la víctima una relación de parentesco por consanguinidad o afinidad, de matrimonio, concubinato, sociedad de convivencia, noviazgo, cualquier otra relación de hecho o amistad;

VI. Exista o haya existido entre el activo y la víctima una relación laboral, docente, o cualquier otro que implique confianza, subordinación o superioridad;

VII. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;

VIII. El cuerpo de la víctima sea expuesto, depositado, arrojado o exhibido en un lugar público; o

IX. Cuando la víctima se haya encontrado en un estado de indefensión, entiéndase éste como la situación de desprotección real o incapacidad que imposibilite su defensa. Ya sea por la dificultad de comunicación para recibir auxilio, por razón de la distancia a un lugar habitado o por que exista algún impedimento físico o material para solicitar el auxilio.

A quien cometa feminicidio se le impondrán de treinta y cinco a cincuenta años de prisión, multa por el importe equivalente de mil a mil quinientos días de salario mínimo, y privación de derechos que le pudieran corresponder en relación a la víctima, incluidos los de carácter sucesorio.

Fueron cinco las perforaciones que Wendy tenía en el cuerpo, todas alrededor del pecho, a la altura de los pulmones y el corazón. Al parecer el asesino las hizo con un picahielo porque no se le apreciaban mucho, por lo que la tía Marisa considera que se desangró por dentro.

De repente la casa se llenó de gente: los paramédicos, los policías, los peritos, los periodistas. “Nos retiraron y cerraron la puerta y no nos dejaron entrar; eran cerca de las 7 de la mañana cuando salieron ya con el cuerpo para trasladarlo a Colima. Yo aún le decía al paramédico: ‘Fíjese si está viva, ¿Está seguro que sí está bien muerta? ¡Por favor, revísela bien, a lo mejor está viva!’  Él me miró y me dijo: ‘Señora, hágase el ánimo, ella ya falleció’. Y se la llevaron”. 

En la actualidad, la tía y las hermanas de Wendy tienen la custodia de la menor; todos recibieron atención psicológica, pero la más afectada es la niña, ya que en una plática una de sus compañeritas con quien jugaba le dijo que su papá había matado a su mamá, que por eso ya no estaba. La familia tuvo que hablar con ella y decirle lo que ocurrió. La niña no olvida esa situación y hoy lo que pide es que a su papá le hagan lo mismo que a su mamá, para que también muera.

La tía Marisa comenta que recibieron apoyo de parte del Instituto Colimense de las Mujeres, que la respaldaron también con los gastos funerarios y llevan a la menor a recibir atención psicológica.

A cuatro meses del feminicidio, Carlos está recluido en el Centro de Reinserción Social (Cereso) de la ciudad de Colima, aún sin recibir sentencia. El hermano de Wendy, que también estaba detenido por presunta complicidad, ya fue liberado por no existir suficientes elementos de prueba para sostener dicha acusación y actualmente vive en casa de la mamá de Carlos. La familia de Wendy solicitó apoyo y su casa está resguardada por una patrulla. 

Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante el gobierno de José Ignacio Peralta Sánchez han sido asesinadas 3 mil 510 personas en el estado de Colima, en el periodo de febrero de 2016 a diciembre de 2020.

Entre las víctimas de asesinato se contabilizaron 406 mujeres durante ese lapso, con una tendencia creciente cada vez más grave. A pesar de que el 20 de junio de 2017 la Secretaría de Gobernación emitió la Alerta de Violencia de Género para cinco municipios del estado de Colima, la cantidad de muertes violentas de mujeres no sólo no se ha reducido, sino que año con año se ha incrementado: En 2016 fueron privadas de la vida 62 mujeres; en 2017 la cifra se elevó a 75; en 2018 creció a 79; en 2019 a 92 y a lo largo de 2020 fueron asesinadas 98 mujeres.

De los 406 asesinatos de mujeres de 2016 a 2020, sólo 65 fueron clasificados por las autoridades colimenses como feminicidios y el resto fueron catalogados como homicidios dolosos. Durante 2020 fueron 14 casos los reconocidos como feminicidios, dos de ellos en septiembre, mes en el que Wendy fue asesinada.

En los años 2018, 2019 y 2020 el estado de Colima ha ocupado el primer lugar nacional en feminicidios, con la tasa más alta del país. Durante el año recién concluido, la entidad registró 3.55 feminicidios por cada 100 mil mujeres, seguida por Morelos, con 3.14 casos; Nuevo León (2.39), Sonora (2.07) y Veracruz (1.98).

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