Mujeres

De victimarios a víctimas, los hombres en las esferas del poder en México

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  • Las mujeres asumen la culpa y pesa mucho al momento de denunciar
  • Peligroso asumir que las mujeres denuncian hasta ahora porque tienen el foco de atención

Lorena Piedad

SemMéxico, Pachuca, Hgo., 24 de febrero, 2021.-Las denuncias recientes de violencia sexual contra Félix Salgado Macedonio, candidato de Morena para gobernador de Guerrero, y del comunicador Andrés Roemer han sido justificadas en diversos ámbitos, incluido el Gobierno de México, debido a que los actos fueron cometidos en tiempo pasado y aquí la pregunta social repetitiva es “¿por qué hablaron hasta ahora?”

El presidente Andrés Manuel López Obrador justifica la acción del político, como lo menciona Martha Canseco, “porque las feministas estamos siendo influenciadas por la oposición”, contrario a la Unesco que destituyó de su cargo a Roemer donde reafirma su “tolerancia cero hacia todas las formas de acoso”. En este contexto es donde surge la necesidad de explicar a quienes pretenden justificar la violencia sexual debido a que “las denuncian sucedieron años después de los hechos”.

Claudia Sandoval, psicóloga con estudios de género y especialista en violencia contra las mujeres en espacios públicos de Hidalgo, explica que la indecisión sobre hacer o no una denuncia de violencia sexual “tiene que ver con lo social y con la forma en la que se estructura nuestro sistema político y jurídico”.

“Las mujeres que sufren acoso, abuso o cualquier acto de violencia sexual en sus espacios, ya sea de trabajo, escolar, personales o públicos generalmente asumen la culpa y eso pesa mucho al momento de denunciar porque vemos en redes sociales que quienes lo hacen se enfrentan a servidores públicos que se niegan a darles atención, es decir, son expuestas a comentarios como ‘ya pasó, pero no le van a hacer nada’ y a nivel social las preguntas condenatorias ‘¿Por qué estabas ahí a esa hora, cómo ibas vestida, qué le dijiste, cómo lo provocaste?’”

La especialista explicó el proceso que vive una víctima de violencia sexual, ya que después del hecho, no hablará sobre él hasta que lo elabora, esto tiene que ver con la aceptación de lo que sucedió, lo cual, aseguró, no es fácil reconocer que fuiste víctima de violencia. Asimismo, manifestó que se debe tomar en cuenta que hace 20 años, incluso hace 5 años, no era tan fácil hablar de violencia contra las mujeres como lo es ahora, pese a que hoy día también nos enfrentamos con muchas barreras.

“Los movimientos feministas en México comenzaron a tomar fuerza en la segunda década de los años 2000, antes no se escuchaba tanto sobre redes de apoyo, por ejemplo. Aunque también debemos analizar que el asumir que las mujeres denuncian hasta ahora porque tienen el foco de atención es muy peligroso ya que se trivializa la violencia, es decir, ‘sí te pasó, te violentaron, ¿y?’ Como si la denuncia no fuese para hablar sobre los actos violentos y para pedir respeto a los derechos sino más bien para buscar algún tipo de beneficio de carácter público, por ejemplo en el caso de Vicente Fernández, quien dijo que las mujeres que lo denunciaron querían fama. Precisamente ese tipo de señalamientos son porque la violencia sistemática contra nosotras apenas se está visibilizando y visibilizar no es simplemente hablar de eso, es entender cómo funciona y que es una labor que todavía nos va a tomar años”.

Otro factor que impide la denuncia en tiempo y forma es el señalamiento social que implica la “destrucción” de la figura masculina en su espacio de poder por “acusaciones exageradas o influenciadas”, como lo mencionó el mismo presidente, es decir, que los hombres pasan de victimarios a víctimas, como en el caso de Roemer quien declaró que “ahora te linchan igual si echas un piropo que si descuartizas a una persona. Nunca había vivido un dolor tan grande”, además de calificar las denuncias en su contra como “un linchamiento exagerado en el espacio público”.

En tanto, los medios de comunicación también juegan un papel importante en esta transformación a víctima del agresor, como ejemplo el periódico El País que si bien informó sobre la destitución del diplomático también escribió que tres mujeres denunciaron con nombre mientras que otras han declarado anónimamente “en una tormenta contra el comunicador que no cesa”. ¿Por qué es una tormenta y no una consecuencia de un violentador sexual patológico, como fue diagnosticado Roemer por la Unidad de Género de Grupo Salinas?

La especialista analizó que lo anterior sucede debido a que se habla mucho de las víctimas y muy poco de los victimarios, lo cual exhibe que no se trabaja con los hombres y de esta forma son “destruidos” por las denuncias, mientras las mujeres son exageradas o locas.

“Es muy importante aclarar que la violencia es un ciclo, es decir, un hombre violento lo ha sido toda su vida porque la violencia siempre escala, no ocurre simplemente, a un hombre no se le ‘ocurre’ un día asesinar a una mujer, no son actos aleatorios o poco pensados, estas conductas violentas son sistemáticas y suceden todo el tiempo, la violencia no para, un ejemplo claro es lo sucedido con las pintas a los monumentos, se les acusó a las mujeres de ‘vándalas’, es decir, el escándalo es por lo que hacemos las mujeres no por lo que sufrimos las mujeres sobre todo con hombres que ocupan espacios de poder porque a pesar de que existan antecedentes de violencia pareciera que no es importante y es porque se ha trivializado tanto que a pesar de las acusaciones no pasa nada”.

La psicóloga también aclaró que en relaciones asimétricas entre un hombre y una mujer, donde él tiene ventaja por estar a cargo de un espacio con poder tiene que ver en la falta de denuncias por miedo a nuestro contexto político, en el que México tiene índices de corrupción muy altos, lo cual significa que las mujeres no confían en las autoridades “porque vivimos en un lugar donde se entiende que una persona con poder tiene influencias y está por encima de cualquier tipo de sanción legal”.

Existe una cultura, dijo, en la que cualquier hombre con algún tipo de poder aprovecha ese espacio para abusar de sus subordinadas porque un hombre violento siempre busca mujeres que están por “debajo” de ellos jerárquicamente hablando por ejemplo de edad, escolaridad, salario, o posiciones dentro de una organización y se aprovecha de esa indefensión porque está seguro de la afirmación “si yo soy una autoridad nadie puede tocarme”.

Respecto a la función de las redes sociales en una denuncia contra violencia sexual, Sandoval reveló que son muy peligrosas por el anonimato, ya que actualmente nos damos la libertad de emitir juicios mucho más crudos amparados por la ventaja de la distancia física y emocional, por lo que las mujeres violentadas se enfrentan a un proceso de revictimización. “La ‘corte’ de la opinión pública juzga nuevamente el acto de violencia, lo que ocasiona que la víctima además sienta el rechazo de la sociedad cuando se le exige algún tipo de prueba. La comunicación digital es un arma de doble filo porque permite masificar estos casos pero también nos pone en puntos vulnerables, lo cual ocasiona efectos a la salud física y emocional de las mujeres”.

“Hay que trabajar con los hombres para que dejen de ejercer violencia, hay que trabajar con las autoridades para que entiendan cómo funciona la violencia de género, ya que alentar a las mujeres a que se acerquen a las autoridades es incluso hasta peligroso, yo sí sugiero que ante una situación de violencia una mujer acuda a las colectivas feministas o a grupos multidisciplinares para un primer acercamiento, ya que nos acompañarán durante todo el proceso”.

“Casos como el de Félix Salgado deben ser inadmisibles y hay que escandalizarse por ese tipo de situaciones, debemos olvidar que las mujeres somos las que exageramos porque son pensamientos muy machistas y la violencia a las mujeres se sostiene precisamente de esa cultura misógina donde las autoridades prefieren guardar silencio en lugar de actuar, y no podemos ser cómplices silenciosos e ignorar lo que pasa, debemos tener memoria de lo que ha sucedido en el país respecto al feminismo y a la corrupción, quizá cuesta mucho trabajo cambiar estas prácticas, pero de eso se trata la resistencia política”, finalizó.

SEM/

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