Mujeres

Impacto de la COVID-19 en las mujeres y las niñas

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Gabriela Ramírez

SemMéxico. 26 de febrero de 2021.- Durante el Consejo de Género del Grupo editorial OEM, se discutió el día de ayer el impacto de la COVID-19 en las mujeres. Aquí un panorama general basado en información de distintas agencias de las Naciones Unidas que reafirman que en el caso de las mujeres y las niñas, las repercusiones de la COVID-19 se ven exacerbadas en todas las esferas: 

Repercusión económicas. Las mujeres y las niñas sufren, en especial, repercusiones económicas más graves, ya que por lo general ganan menos, ahorran menos y tienen puestos de trabajo vulnerables o viven en pobreza.

A medida que las mujeres asumen mayores responsabilidades de cuidado en el hogar, sus puestos de trabajo también se ven afectados de manera desproporcionada por los recortes y los despidos colectivos. Esto amenaza con hacer retroceder los ya frágiles logros que se han conseguido en cuanto a la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, lo que limita las posibilidades de las mujeres de mantenerse a sí mismas y a su familia, sobre todo en el caso de los hogares encabezados por una mujer. En muchos países, la primera ola de despidos colectivos ha sido particularmente grave en el sector de los servicios, incluidos el comercio minorista, la hostelería y el turismo, en los que las mujeres están sobrerrepresentadas. 

En todo el mundo, las mujeres de 25 a 34 años tienen un 25 % más de probabilidades que los hombres del mismo rango de edad de vivir en la pobreza extrema.

Acceso a la salud. Si bien los primeros datos indican que mueren más hombres que mujeres por la COVID-19, la salud de las mujeres en general se ve afectada negativamente por la reasignación de recursos y el cambio de prioridades, incluso en los servicios de salud sexual y reproductiva.

Las mujeres pueden correr riesgo o estar expuestas debido a la segregación ocupacional por sexo: En todo el mundo, las mujeres  constituyen el 70 % de la fuerza de trabajo del sector sanitario y tienen más probabilidades de trabajar en la primera línea, especialmente las enfermeras, las parteras y las trabajadoras sanitarias de las comunidades conforman la mayoría del personal de servicio de los establecimientos de salud —como el personal de limpieza, lavandería y comedores— y, por eso, tienen más probabilidades de estar expuestas al virus. En algunas zonas, tienen menos acceso al equipo de protección personal o a equipo de tamaño adecuado. A pesar de estas cifras, por lo general no se ven reflejadas en la toma de decisiones a nivel nacional o mundial sobre la respuesta a la COVID-19. 

Repercusiones en la salud sexual y reproductiva: La prestación de servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los servicios de atención de la salud materna, es fundamental para la salud, los derechos y el bienestar de las mujeres y las niñas. Si la atención y los recursos críticos destinados a prestar esos servicios se desvían a otros, podría haber un aumento de la mortalidad y la morbilidad maternas, las tasas de embarazos en la adolescencia, el VIH y las enfermedades de transmisión sexual. Se estima que, en América Latina y el Caribe, otros 18 millones de mujeres perderán el acceso regular a métodos anticonceptivos modernos dado el contexto actual de la pandemia de COVID-19.

> Ha aumentado el trabajo de cuidados no remunerado. 

Las mujeres están a la vanguardia de la respuesta a la COVID-19, ya que son las cuidadoras no remuneradas por defecto en la familia y conforman la mayoría del personal sanitario no remunerado o mal remunerado de las comunidades . 

El cierre de las escuelas ha puesto más presión y más exigencias en las mujeres y las niñas: Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), mil 520 millones de alumnos (87 %) y más de 60 millones de docentes están en casa debido a la ampliación del cierre de las escuelas a causa de la COVID-19. A medida que disminuye la oferta formal e informal de servicios de cuidado infantil, la demanda de ese tipo de cuidado no remunerado recae con mayor fuerza sobre las mujeres. Esto limita la capacidad de trabajo de las mujeres, sobre todo cuando el trabajo no puede hacerse a distancia. La falta de ayuda para el cuidado infantil es particularmente problemática para las trabajadoras esenciales que tienen responsabilidades de cuidado. 

El cierre de las escuelas no significa solamente que las niñas están asumiendo más tareas en el hogar, sino también que millones de niñas más podrían dejar sus estudios antes de terminarlos, especialmente las que viven en la pobreza, las niñas con discapacidades o las de zonas rurales y aisladas. 

> Con la pandemia se han dictado medidas de restricción de la circulación y aislamiento social, la violencia de género está aumentando exponencialmente. Muchas mujeres se ven obligadas a confinarse en su casa con su abusador justo cuando se interrumpen o se tornan inaccesibles los servicios de apoyo a las supervivientes.

En muchos casos se observan aumentos de más del 25 % en los países que cuentan con mecanismos para tomar denuncias. En algunos países los casos denunciados se han duplicado. 

Junto con el aumento de las cifras, la violencia contra las mujeres está adquiriendo una nueva complejidad: la exposición a la COVID-19 se está empleando como amenaza; los agresores se aprovechan de que las mujeres no tienen posibilidades de pedir ayuda o escapar; las mujeres corren el riesgo de que las dejen en la calle sin otro lugar adonde ir. Al mismo tiempo, los servicios de apoyo tienen muchas dificultades. Los servicios judiciales, policiales y sanitarios, que son los primeros en responder a las denuncias de mujeres, no dan abasto, tienen otras prioridades o no pueden ayudar de ninguna otra manera. Los grupos de la sociedad civil se ven afectados por el confinamiento o la reasignación de recursos. Algunos refugios para víctimas de la violencia doméstica están llenos; otros han tenido que cerrar o se están utilizando como centros de salud. 

> Todas estas repercusiones se amplifican aún más en contextos de fragilidad, conflicto y emergencias, en los que la cohesión social ya está agrietada y la capacidad y los servicios institucionales son limitados.

Ante este panorama, el Secretario General de la ONU, António Guterres ha señalado que es fundamental que todas las respuestas nacionales den un lugar central a las mujeres y las niñas: su inclusión, su representación, sus derechos, su posición social y económica, su condición de iguales y su protección. No se trata solamente de rectificar las desigualdades de siempre, sino también de construir un mundo más justo y resiliente, en pro de las mujeres y las niñas. 

En el documento sobre Políticas Mujeres y COVID-19 del Secretario General se destacan tres prioridades transversales en ese sentido:

1) GARANTIZAR LA IGUALDAD DE REPRESENTACIÓN DE LAS MUJERES EN TODA LA PLANIFICACIÓN DE LA RESPUESTA A LA COVID-19 Y LA TOMA DE DECISIONES AL RESPECTO. Los datos recabados en todos los sectores, incluidas la planificación económica y la respuesta de emergencia, demuestran sin lugar a duda que las políticas sobre las cuales no se consulta a las mujeres o que no las incluyen en la toma de decisiones son menos eficaces —así de simple—, e incluso pueden causar daño.

2) IMPULSAR UN CAMBIO TRANSFORMATIVO EN PRO DE LA IGUALDAD ABORDANDO LA ECONOMÍA DEL CUIDADO, REMUNERADA Y NO REMUNERADA. En la economía formal, los trabajos de cuidados, desde la docencia hasta la enfermería, están mal remunerados en relación con otros sectores. En el hogar, son las mujeres quienes hacen la mayor parte del trabajo de cuidados, no remunerado e invisible. Ambos son fundamentales para la vida cotidiana y la economía, pero no solo se apoyan en normas y desigualdades de género, sino que también las afianzan.

3) CENTRARSE EN LAS MUJERES Y LAS NIÑAS EN TODOS LOS ESFUERZOS POR HACER FRENTE A LAS REPERCUSIONES SOCIOECONÓMICAS DE LA COVID-19. Será importante encarar deliberadamente desde la óptica del género el diseño de los paquetes de estímulo fiscal y los programas de asistencia social para aumentar la igualdad, las oportunidades y la protección social.

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