Emergencia COVID-19Testimonios de Vida, a un año del Covid

Mi vida no regresará

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Por: Ana Alicia Osorio González

SemMéxico, Veracruz, Ver., 12 de abril, 2021.- Mi vida se pausó. De repente me encontré a mis 30 años con una vida en pausa total, pero incluso respirar me hacía recordar que el tiempo seguía pasando. 

Esa pausa era reflejo del encierro, el COVID-19 (ese virus del que escuchábamos en las noticias que afectaba China, Italia, otro país, otro país y lo sentíamos cada vez más cerca sin que pudiera dimensionarlo),  nos obligaba de repente a cambiar todo. Esa pausa era en mis tareas diarias pero también en mí, algo en mí que me impedía concebir una vida diferente a la que conocía. 

Mis talleres, mis proyectos, mis idas a reportear a otra ciudad, mis salidas por la tarde al café con los amigos o amigas, mis salidas a reportear la nota del diario (ese evento de los alcaldes que tanto odiaba), las borracheras con los compañeros donde te cuentan los chismes más recientes, las salidas los fines de semana a “pueblear” con mi pareja. 

Todo estaba pausado… todo esperaba que de un momento a otro alguien anunciara una solución (un tanto mágica) para que todo volviera, incluidas mis antiguas quejas por tener que hacer cosas que no me gustaran. 

A un año de la pandemia, finalmente lo veo: todo ha cambiado, yo he cambiado, con mil cosas que me gustan y mil más que me duelen porque todas las personas hemos tenido pérdidas. Finalmente lo veo: mi vida no regresará. 

No regresará (cuando menos por ahora) ir abrazando a todo el mundo por la vida. No regresarán las reuniones gigantes de la familia donde todas y todos reímos. No regresará el trabajo que perdí (porque en medio de una pandemia las condiciones laborales eran irrisorias). No regresará (a corto plazo) ver la cara de las personas mientras camino por la calle.

No lo hará mi amigo del otro lado del país a quien no veía desde hace seis años y a quien de vez en cuando otra amiga le dedica una publicación con una imagen de él sonriendo y unas líneas sobre su forma de ser, ese amigo a quien “ese virus” se llevó en menos de 24 horas.

Ese amigo cuya muerte me hizo ver que el Covid estaba llevándose más de lo que creía. 

No regresará mi doctor, el que me atendió cuando me dio coronavirus y me hizo mantener la calma con sus eternas bromas. Él, contra todo pronóstico, no perdió la batalla atendiendo a las decenas de personas que desfilábamos por su consultorio a diario para que nos checara por el Covid y usábamos de pretexto para platicar con alguien más, lo hizo contra las olas del mar en uno de sus pocos momentos de descanso. 

La lista sigue, puede seguir. El mundo no es el mismo. 

Siempre que mi psicóloga (punto a favor de la pandemia, acepté que necesito ayuda para mi salud mental) me pregunta por mi vida o mis hábitos le respondo “prepandemia o postpandemia”. Por eso me dijo hace unos días que todas las personas estamos de luto y muchas no lo admitimos. “El mundo como lo conocíamos ya no existe, se perdió, todas las pérdidas duelen y generan un luto”. 

En medio de ese luto parecía imposible seguir el trabajo que tanto amo: ser reportera. Pero seguí. Y aquí estoy, reporteando. 

Dejé uno de los medios de comunicación donde estaba y con ello las salidas a los eventos todos los días, pero sigo, salgo solo a lo necesario (una manifestación, un viaje a otra ciudad ya pactado, una entrevista que por su complejidad deba ser en persona…espacios donde hay riesgos de contagio pero también que llenan el corazón). 

Se vuelve complicado, se pierde la empatía que se genera al estar frente a frente y algunos trabajos que son imposibles realizar (¿cómo hacer una crónica de un lugar donde no puedes oler las flores?), pero se gana la posibilidad de hacer entrevistas con personas que están en otra ciudad sin necesidad de moverse y el inventar nuevas formas de historias que contar (más documentos, más información suavecita)…. y quizá, la pandemia me dé oportunidades de trabajo a distancia. 

Muchas veces me he preguntado ¿Cómo le hubiéramos hecho si la pandemia fuera en otra época, una sin internet, sin la tecnología actual? no tengo respuesta, pero sin duda que haya internet da facilidades… he podido trabajar y he podido ver crecer a la hija de una amiga a través de los videos de la pantalla. 

Y al seguir la vida, sigo yo, con los riesgos que eso implica. Si al inicio de la pandemia decidí dejar de ver a mi familia y a mis amistades, ahora ya no es tan estricta esa precaución… ellos y ellas asumen que existe un riesgo, pero también asumen que tenernos presentes nos da fuerza en medio de los cambios. 

Mi rutina diaria consistía en levantarme a la hora del evento que tuviera planeado, bañarme y acudir; ir y venir de mi casa a los eventos durante el día mientras aprovechaba para escribir para SemMéxico y Testigo Púrpura. Visitar a mi familia o amistades en la noche, ver una serie con mi pareja o leer. Pero frecuentemente (al menos una vez cada 15 días) y ni decir si había una explosión de ductos o cualquier emergencia que me hacía salir corriendo para informarlo. Los fines de semana no distaban mucho pero a veces con viajes cortos de placer.

Ahora no tengo horarios, intento mantener una rutina, pero mi casa es el espacio donde mayor tiempo pasó. Mi trabajo en la computadora lo reparto en el día, las visitas a mi familia o amistades son escasas y cuidar mi salud se ha vuelto algo que por fin está sobre la mesa todos los días (ejercicio, mejor comida, psicóloga, médica de cabecera).

La cercanía con la familia, la pareja y mis amistades súper cercanas que no me han dejado caer, la búsqueda de entrar a una maestría (que no me hubiera animado si la situación fuera distinta), las plantas que empecé a cultivar en la pandemia, la bicicleta con la que por fin empecé a hacer ejercicio y el bendito internet (los memes, sobre todo los memes)  me recuerdan que no debo quejarme tanto de la vida que ya fue, de las pérdidas, y enfocarme en la actual: las sonrisas detrás del cubrebocas que no se ven, los abrazos contenidos que no se dan y las entrevistas que vendrán mediadas por una pantalla pero donde las mujeres me cuentan su vida, dándome la confianza para contar su historia…

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