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Mujeres y Política

En las corporaciones policiacas les enseñan a menospreciar a las personas, de forma más patente, a las mujeres

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, 23 octubre 2017.- La violación sexual cometida contra Yndira Sandoval Sánchez a manos de una policía en Tlapa de Comonfort, Guerrero, es una muestra de la vulnerabilidad de las mujeres detenidas por elementos de las corporaciones policiacas mexicanas de todos los ámbitos de este país y también ante elementos del Ejército Mexicano. Y aunque quisiéramos que tratara del único caso, resulta que no es así. Bastaría levantar la tapa de esa alcantarilla para descubrir lo que hay dentro.

El problema fundamental, sin duda, es la impunidad solapada por el jefe inmediato del jefe inmediato, una cadena que alcanza al presidente municipal, al gobernador de una entidad o al presidente de la República y que pasa por los mandos superiores de las corporaciones municipales, estatales o federales, según el caso.

Por ejemplo, en marzo pasado, Marisol Hernández Terrazas, fue detenida por policías municipales de Oaxaca de Juárez, esposada y torturada en los separos de la Policía Municipal, donde las policías Benita Eugenia Toros Sarabia y Mónica Mejía Mejía, placas 518 y 642, la obligaron a desnudarse y a realizar sentadillas mientras ellas se reían.

Al igual que en el caso de Yndira Sandoval, Marisol Hernández Terrazas fue puesta en libertad casi de manera inmediata. Aunque se interpuso una denuncia, lo cierto es que todavía hoy, siete meses después, nadie ha sido detenido por este abuso de poder y tortura en contra de una ciudadana.

Así que sin conocerse, Yndira y Marisol, pueden compartir hoy dos historias parecidas, porque ambas fueron sometidas por mujeres policías. Una sufrió una violación sexual, la otra fue objeto de burlas y de abuso de poder y tanto en el caso que ocurrió el 17 de septiembre como el de hace siete meses hoy todavía no hay una sola persona detenida.

Ambas sufrieron, posterior a las detenciones arbitrarias, acoso y hasta amenazas, porque una cosa nos queda muy claro, en estos tiempos de confusión, parece que retrocedemos a los años del terror policiaco o quizá no nos dimos cuenta que en realidad nunca se fueron esos tiempos y vivimos una simulación.

Cada vez que una mujer sufre una detención y también para obtener una “confesión”, su cuerpo se convierte en objeto sexual para los policías, que realizan con ellas tocamientos y hasta violaciones sexuales, además de sufrir insultos, golpes y amenazas. Es decir, las mujeres son más vulnerables a sufrir toda clase de torturas.

En la prensa mexicana están registrados muchos de estos casos que confirman cómo las corporaciones policiacas no son garantes de la seguridad de las mujeres y menos del respeto a sus derechos humanos. Y este hecho, ha sido, incluso denunciado por organismos como Amnistía Internacional, que en 2016 presentó una investigación sobre cien mujeres detenidas en México, quienes revelaron los abusos sexuales, violaciones y tortura como métodos para obtener “confesiones” por parte de estas corporaciones policiacas, además de la marina y del ejército.

72 de esas cien mujeres, reveló el estudio de Amnistía, fueron objeto de abuso sexual, como sería el caso de Marisol Terrazas por policías municipales de la ciudad de Oaxaca, y 33 más fueron violadas sexualmente, como sucedió con Yndira Sandoval.

Lo otro que puso en blanco y negro, aunque ya es asunto conocido, es el tamaño de la impunidad que prevalece en estos casos y es justamente lo que no tendría que pasar con Yndira Sandoval, quien a través de los medios, entre ellos SemMexico (goo.gl/2sYCGS), denunció este fin de semana la grotesca actuación de la policía Claudia Juárez, la protección de sus superiores inmediatos, la dilación en la atención para tomarle su declaración, los cuestionamientos y revíctimización de la que fue objeto por parte de los servidores públicos de la Procuraduría y del personal médico del ISSSTE; la intimidación y las amenazas veladas y no tan veladas e, incluso, donde los medios de comunicación se prestaron a tergiversar los hechos. Acciones que en conjunto ponen en riesgo su vida.

A mí no me extraña en absoluto que las policías, mujeres, cometan ese tipo de actos cavernícolas. La forma de actuar contra las personas es aprendida en las propias corporaciones, donde como me explicó hace unos años el obispo Raúl Vera cuando investigaba la violación de elementos del Ejército Mexicano a trabajadoras de una zona de tolerancia, les enseñan a menospreciar a las personas, de forma más patente a las mujeres. Por eso, como sucede en Oaxaca de Juárez, es normal que rechacen ser sensibilizados en materia de derechos humanos, como política pública afirmativa mínima.

Y si observamos el contexto de lo que sucede en Guerrero, donde desaparecieron los 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, la violencia por el rejuego de cárteles y la complicidad de policías y militares, no es nada extraño el actuar de las policías.

Lo que me parece peligroso es que estos hechos se nos vuelvan cotidianos. Por eso decimos #YndiraSomosTodas

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