Mujer y PoderNatalia Vidales

¡Arriba Zapata!

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AMLO propone créditos, apoyo técnico y precios de garantía a sus pocos productos.

Dios nos libre de darle otra vez la misma vuelta a la historia

Natalia Vidales

SemMéxico. Sonora. 12 de diciembre de 2018.- El título de este texto es, desde luego, de lo más desfasado; digno de un editorial de principios del siglo pasado en los albores de la Revolución Mexicana. E incluso hasta la época del presidente José López Portillo, autollamado el último mandatario de aquella lucha armada. Y si se quiere, aunque ya de manera puramente testimonial hasta Salinas de Gortari (cuya primera foto se tomó junto a un  puñado de campesinos prototipo de la ruina agraria y le puso Emiliano, en honor del caudillo del sur, a un hijo suyo).

Salinas mismo, paradójicamente si atendemos a lo arriba señalado, dio por concluido el reparto rural y derogó las leyes agraristas en 1992 creando una de corte civilista: desamortizó los bienes de manos muertas de los ejidos de manera similar a como lo hizo Juárez a mediados del siglo antepasado con las propiedades del clero.

En aquel entonces el Benemérito  fue  en contra de los bienes de la iglesia (cuando en México se dice iglesia y hasta nuestros días,  siempre se refiere a la católica) que eran inalienables e imprescriptibles: estaban en manos de Dios. Pero las leyes de reforma no los diferenciaron de las tierras comunales y ejidales de los campesinos, así que igualmente pasaron a ser objetos del comercio civil y, desde luego, los campesinos pobres en cuanto tuvieron la libre disposición de sus bienes los vendieron y, a poco, se concentraron en unas cuantas manos aumentando así el latifundismo de la época.

Los campesinos,  entonces, pasaron a ser peones y  encasillados en  las que fueron sus tierras ancestrales, hasta que  llegó Zapata, el Libertador del Sur  con su ¡Tierra y Libertad! y ¡la tierra es de quien la trabaja!  para restituirles sus parcelas enajenadas en aquellas condiciones ventajosas para los acaparadores y especuladores agrarios. Mientras,  acá,  el Centauro del Norte, Francisco Villa avanzaba con su propia revolución centrada en el poder político (se refería a Zapara como el defensor de “las tierritas”).

Creadas las leyes protectoras de las tierras campesinas  -a partir de 1917 con el artículo 27 constitucional que dispuso amén de la restitución también la dotación y la creación de nuevos centros de población ejidal para satisfacer las necesidades agrarias-, decenios después llegó Salinas y reformó la Carta Magna para que los campesinos, otra vez, pudieran disponer libremente de sus parcelas, lo que volvieron a hacer, vendiéndolas o rentándolas y empleándose en las que fueron sus tierras. Aunque todavía algunos de ellos le siguen haciendo la luchita a sus terruños.

Este breve ensayo viene a cuento porque el 2019 será el Año de Emiliano Zapata, según lo declaró AMLO y con ello vendrá el rescate del campesinado dejado en el olvido desde la política neoliberal que iniciaron De la Madrid y, ni se diga, Salinas con el TLC que privilegió a las productivas tierras de los agrotitanes (muchos de ellos rentistas de tierras comunales al amparo de las nuevas leyes agrarias que lo permiten).

Para esos campesinos dejados de la mano de Dios y del gobierno, AMLO propone créditos, apoyo técnico y precios de garantía a sus pocos productos.  Se trata, ya no de que generen mayor riqueza (ícono del neoliberalismo), sino simplemente de que vivan mejor (ícono de la justicia social).

Ojalá  desde luego –y esperemos no estarle dando la idea– que no se le  vaya a ocurrir derogar las leyes antiagraristas de Salinas y se ponga en el plan revolucionario de Zapata en ésta llamada Cuarta Transformación.  Dios nos libre de darle otra vez la misma vuelta a la historia.

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