Mujeres

Aurelia, víctima del sistema ineficaz en derechos humanos, aún mantiene vivos sus sueños de estudiar y trabajar; cumple una sentencia de 13 años

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  • Aurelia fue discriminada, acusada y sentenciada por ser mujer, indígena y migrante. Sentenciada a 13 años de prisión, por un sistema de justicia sin perspectiva de género. 
  • Integrantes de Red Guerrerense por los Derechos de las Mujeres se reúnen en el Penal de Iguala con Aurelia García Cruceño, acusada de homicidio en razón de parentesco.

Josefina Aguilar Pastor  

SemMéxico, Chilpancingo, Guerrero, 23 de agosto del 2022. – En tanto espera su sentencia, Aurelia García Cruceño, sueña con que al salir, pueda trabajar, y construir una casa para su mamá y su papá, e incluso estudiar para maestra, en octubre próximo, se cumplirán tres años recluida, acusada de homicidio en razón de parentesco.

Aurelia, es llamada por uno de los reclusos que hacen de guardia al interior del Centro de Readaptación Social (Cereso) en Iguala, sale buscando a quien la mandó llamar, bajo la sombra de un árbol están Ana Gabriela y María de Jesús Candela Garzón, Viridiana Gutiérrez Sotelo e Irma Georgina Carreón Gómez, integrantes de la Red Guerrerense por los Derechos de las Mujeres (RGDM).

Esta, es la segunda ocasión que las activistas visitan a Aurelia en el penal de Iguala, donde desde el 4 de octubre del 2019, fue recluida, tras ser acusada de homicidio en razón de parentesco.

¡Aurelia!, ¡aquí, somos nosotras!”, le dicen a la joven que con la mirada, y moviendo de un lado a otro la cabeza busca a quien la llamó, “Ah sí, -contesta ella- ¿díganme?”, responde al momento que suelta una sonrisa de asombro y felicidad.

Cada una de las activistas la abrazan, se presentan, pues la última vez que la visitaron fue en el mes de marzo pasado, ya no las recuerda bien, aunque en aquella ocasión, le entregaron cartas y mensajes de apoyo del resto de las integrantes de la RGDM.

Se le nota más “llenita”, contenta, dice que ha estado bien, hace algunas semanas la aislaron por tres días, tenía tos y gripa, pensaron que podría ser covid y para prevenir más contagios, la separaron del resto de sus compañeras.

Está contenta porque ahora ya puede hablar todos los días con su mamá, con quien los primeros meses de su reclusión, no tuvo comunicación, lo que la ponía muy triste. Extraña a su tía, con la que vivió cuando ocurrieron los hechos; no sabe de ella desde hace un año, también desconoce del porque ya no la visita ni le habla “me dijo que siempre me iba a apoyar, que estaría conmigo y no sé por qué no ha venido”, dice Aurelia y baja la cabeza, triste.

A casi tres años de reclusión, Aurelia se ha adaptado a la vida en prisión, trabaja en un puesto de venta de aguas frescas al interior del penal, el dueño, le paga 500 pesos, dinero que utiliza para satisfacer sus propias necesidades personales, incluso comida cuando la que le dan por parte del reclusorio, no es de su agrado, tal como lo hacen otras reclusas y reclusos.

A veces ve la televisión en compañía de sus compañeras, o hacen ejercicio después de que las “encierran”, en sus celdas, escucha música en una pequeña radio que con sus ahorros pudo comprar.

Dice que no sabe cuándo saldrá libre, pero al salir, solo quiere irse con su madre y padre, acompañarlos y trabajar con ellos en los campos agrícolas, “ahorita están cortando pepino en San Luis Potosí”, o al corte de chile y jitomate cuenta Aurelia.

Quiere poder trabajar y ahorrar para construir una casa para su mamá, donde viva con toda su familia,  quizá regresar a su pueblo Xochicalco, en el municipio de Chilapa.

También sigue soñando con ser maestra, enseñar a niñas y niños. No piensa tener hijas ni hijos, cuando dice esto, baja la cabeza y la voz, “sé que no puedo borrar lo que hice, los recuerdos son como cicatrices que no puedo borrar, a veces pienso muchas cosas, pero mis compañeras siempre me ayudan para salir adelante”, comenta.

Aurelia le tiene mucha estimación a su abogada, a la que ve como a la hermana que siempre quiso tener, que la apoyara y acompañara, ya que aunque tiene una menor que ella, nunca han podido llevarse bien.

Dice que su abogada no sabe cómo pagarle todo lo que ha hecho por ella desde que la encarcelaron, no la ha dejado sola, siempre está pendiente de lo que necesita, incluso la ha acompañado en aquellos momentos oscuros en los que ha pensado en el suicidio.

Las activistas le manifestaron su apoyo incondicional, igual que su abogada con quien también mantienen constante comunicación, le dejan unos números telefónicos, para que en caso de necesitarlo, las contacte a cualquier hora.

Hacen bromas, ríen, Aurelia se le ve relajada en confianza. Tras casi una hora de plática, las activistas de la RGDM se despidieron de Aurelia, quien a pesar de su sonrisa, su rostro denota tristeza. 

Agradeció la visita y las abrazó. Esperará dice, la próxima visita. Voltea un poco antes de encaminarse completamente al interior del penal donde la espera su celda para seguir cumpliendo su sentencia.

El pasado mes de enero de este año, Indalecia Pacheco León, magistrada del Tribunal Superior de justicia (TSJ), propuso reponer el proceso realizado en contra de Aurelia al identificar situaciones de discriminación en la aplicación del sistema de justicia en particular, y frente a la sociedad en general, por ser mujer, por ser indígena, migrante y encontrarse en situación de pobreza. Propuso reducir la pena de 13 a ocho años.

Sin embargo, la Fiscalía General del Estado (FGE), interpuso el recurso de amparo, inconforme con la resolución, emitida, comentó la magistrada, lo que dilataría el proceso de Aurelia.

La defensa de Aurelia, también ha interpuesto un amparo, buscan que el Tribunal Superior de Justicia, tome en cuenta los elementos enumerados por la jueza, sin embargo, hasta el momento, no hay resolución alguna.

SEM/MG

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