Bellas y AirosasCOLUMNASElvira Hernández Carballido

Bellas y Airosas| Norma Mogrovejo: Un amor que se atrevió a decir su nombre

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Presentación 28 de agosto

Elvira Hernández Carballido

“…si la palabra lesbiana sigue vetada, si el análisis que las lesbianas hacen del heterosexual no tiene lugar porque incomoda al poder heterosexual académico de hombres y mujeres entonces la academia no está cumpliendo su papel de apoyar las transformaciones sociales y recoger la experiencia situada de sectores subalternos y seguirá teniendo una visión parcial e interesada de la realidad, en ese contexto de dictadura heterosexual será difícil que las lesbianas denuncien cualquier tipo de violencia lesbofóbica o generen producción lésbica necesaria, porque, como en toda dictadura, él o la disidente se va a callar”.

SemMéxico, Pachuca, Hidalgo, 25 de agosto, 2021.- Los estudios realizados por Norma Mogrovejo siempre logran quitar mil telarañas de los ojos, sacuden el alma porque tiene toda la razón y dan los argumentos mejor construidos sobre “Un amor que se atrevió a decir su nombre”, por eso debe celebrarse que en este 2021 haya vuelto a editar una obra pionera y representativa.

El texto, como bien evocó Francesca Gargallo en revista Fem, al empezar el siglo XXI, surgió durante la década de los noventa cuando Norma, necia como ella sola -para nuestro beneficio- decidió hacer su tesis doctoral sobre la historia lésbica en América Latina. Exploró, analizó, criticó, señaló, incomodó, pero, sobre todo, hizo visible una palabra, un sentir, un amor atrevido, rabioso, cierto, único.

La fuerza de su argumentación, la manera de aprovechar o desechar categorías, de sacudir a la academia feminista, de bordar y descoser teorías imperantes en esa época, dieron toda la fuerza a su texto para recibir una mención honorífica en su examen profesional, recibir el premio The First Annual Martin Duberman Fellowship in Lesbian, Gay, Bisexual and Trangender Studies de la Universidad de Nueva York 1997 y convertir esa investigación en un libro que hoy vuelve a ser editado.

En efecto, “Un amor que se atrevió a decir su nombre” será presentado en el Museo del Estanquillo el sábado 28 de agosto a las 12 horas y además de la presencia de la autora, comentarán el libro Geo Vidiella y Mariana Pérez Ocaña. Esta versión actualizada provoca una reflexión sobre lo que se a avanzado, sobre lo que todavía falta por discutir, las voces que se han sumado, la violencia todavía latente, los retos que todavía están latentes en cualquier escenario social.

Sin duda, sus aportaciones históricas son significativas, pero sobre todo la mirada analítica y crítica de Mogrovejo porque ella no ha buscado solamente recuperar, también ha logrado reconocer avances y retrocesos, los puntos de acuerdo y de desacuerdo, atrapó voces para que fueran escuchadas en cada página, aunque también silencios de quienes se negaron a dar su testimonio.

Algo que siempre he admirado en Norma es esa magia de provocar, de aproximarnos a un abismo donde surgen preguntas y de hacernos naufragar en un mar de respuestas guardadas en botellas de cristal que flotan a nuestro lado para salvarnos de cualquier prejuicio, para hundirnos y convertirnos en sirena, para dejar flotar desafíos, alianzas y complicidades. Me encanta escucharla y leerla, siempre lanzando al azar tantas preguntas que dan en el lugar justo que removerán conciencias, almas y pecados: ¿Quién es una lesbiana? ¿Cómo se define una lesbiana? ¿Por una o más experiencias sexuales o amorosas? ¿Es posible concebir a una lesbiana como cualquier mujer que tiene relaciones sexuales con otra mujer y llega a enamorase de ella? ¿Podríamos denominar lésbicas a las novelas que relatan historias sexuales entre mujeres? ¿Cuándo hablar entonces de literatura lésbica o lesboerotismo? ¿Importa aquí, ahora, quién escribe sobre lesbianas para “etiquetar” la obra como “literatura lésbica”?

Mogrovejo no deja de preguntar y al mismo tiempo de responder, para que surjan más preguntas y escribir, tantas conferencias, tantos artículos y textos, donde te ofrece contextos puntuales, donde explorar pensamientos de ayer y ahora, sin dejar de citar referencias obligatorias, sin dejar de cuestionar. Así, en uno de sus tantos artículos, advirtió:

“Si bien la declaración de Monique Wittig, una de la teóricas del lesbofeminismo materialista, en su texto “No se nace mujer”, que las lesbianas no son mujeres porque el concepto mujer es una construcción de la masculinidad para su servicio, sirvió de base para el pensamiento post estructural y la teoría queer que ponen en cuestión la estabilidad del sujeto como concepción esencialista de la identidad, en un contexto latinoamericano, la categoría mujer sigue siendo un concepto político porque plantea problemáticas no resueltas que sustentan sistemas de poder, de ahí que es un sujeto al que el feminismo no puede obviar ni renunciar, ni las lesbianas dejar de considerar su valor histórico en nuestra propia construcción.”

“Un amor que se atrevió a decir su nombre” permite romper con los mismos señalamientos que una vez la misma Norma hizo, gracias a ella la historia de las lesbianas yo no está construida a retazos, ya no está llena de mutismos o exilios forzados, rompen con la clandestinidad, dejan de estar al margen. En esta reedición su propuesta no solamente sigue latente o se actualiza, no ha perdido su tono provocador, cómplice y aliado:

“Pensarnos como lesbianas y en una genealogía, tendría pues como objetivo fundamental, rescatar la historia de resistencia de mujeres al sistema patriarcal heterosexista. Y en esa historia recuperamos a todas esas lesbianas aún sin saber que lo eran, las que resistieron al matrimonio obligatorio, a una sexualidad impuesta, a construcciones genéricas impuestas, a roles impuestos y en ese entramado es posible encontrar mujeres con prácticas sexuales diversas pero con una actitud de ruptura a las imágenes de mujer heterosexual y disciplinada para su tiempo, si entendemos por heterosexual un sistema social que impone relaciones de obligatoriedad entre mujeres y hombres, como si fuera un principio natural inscrito en la cultura, así, la cultura heterocentrada organiza sobre la heterosexualidad un diseño completo de actividad social e individual, lo que tiene unos claros y contundentes efectos opresivos.”

Explorar este libro, palpar la postura de su autora, representa encontrar argumentos sustentados en un riguroso aparato crítico. Al abrir el texto surgen voces ya no necesariamente desde un clóset sino desde el alma. Leerlo con atención apuesta por comprender que la lucha lésbica debe asumirse desde lo político-público, que hay errores, pero también voluntad y, sobre todo, que late en cada página la reivindicación del derecho a amar y ejercer una sexualidad no heterosexual.

Así que, sin olvidar el cubrebocas, asistan a la presentación de este libro pionero y clásico sobre el movimiento lésbico latinoamericano.

En algunos de los análisis que Mogrovejo hizo sobre la poesía escrita por lesbianas hay una poeta, Tatiana de la Tierra, que hasta la fecha considero que sus palabras son flores convertidas en dardos, luciérnagas que provocan la envidia del sol, un amor que se atreve a decir su nombre y “Bitácora de la lesbiana” inspira para admirar el trabajo que hasta la fecha Mogrovejo realiza con toda pasión y total inteligencia:

“el camino hacia el lesbianismo implica renunciar al camino que ya estaba escrito.

todo lo que debería ser y hacer se reemplaza con todo lo que da la gana.

en el fondo, ser lesbiana es un cambio de mano del poder. es cierto que el poder siempre nos pertenece, pero muchas veces se les permite a otros manejarlo. la lesbiana reclama su poder.

la ceremonia de iniciación del lesbianismo es un matrimonio con una misma. se camina sola hacia el altar, vestida con el traje de la piel, con cada paso se deja el destino que nunca fue propio y se acerca al que sí lo será. a la entrada de la puerta del lesbianismo se detiene. entonces se promete ser fiel a sí misma. se besa y se abraza su propio cuerpo.

así que se entra, desnuda y enamorada, al lesbianismo.”

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