Bellas y AirosasCOLUMNASElvira Hernández Carballido

Bellas y Airosas| Periodistas del ayer y el derecho a votar de las mexicanas

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Elvira Hernández Carballido

SemMéxico, Pachuca, Hidalgo, 19 de octubre del 2022.- Otro 17 de octubre que nos obliga a reflexionar y a evocar, hoy las mexicanas podemos votar, pero hasta 1953 no lo habíamos podido hacer, por eso esta fecha es muy significativa porque nos hacemos visibles como ciudadanas con derechos. Sin embargo, esta tenacidad y constancia para lograr llegar a las urnas para votar y ser votadas tiene muchos momentos del ayer que muestran esa necedad, esa fuerza, esa convicción. Les invito a evocar tres muy representativos donde periodistas del siglo XIX, principios del XX y tercera década del mismo escribieron con gran compromiso sobre el tema.

Pioneras: Laureana y el semanario La mujer mexicana

“El gobierno de las sociedades no puede fundarse más que en estos dos dogmas supremos: la voluntad de uno solo o la voluntad de todos. El primero engendra el despotismo, el segundo consagra la democracia; el uno descansa sobre una usurpación que el tiempo debilita poco a poco hasta que al fin lo arruina; el otro descansa sobre el principio de igualdad y libertad que el tiempo afianza y desarrolla a medida que los pueblos se nutren y fortifican…
La soberanía de la nación es la base de la organización política, la fuente del poder, el principio y la sanción de la autoridad. ¿No resulta evidentemente que es preciso que la nación exprese su voluntad para que se sepa cuál es? ¿Y qué es la voluntad nacional, sino la expresión libre de todos los seres que componen a la nación? ¿Y cómo se conocerá esta expresión sino por el sufragio universal?” (Violetas del Anáhuac, 1889)

Este fragmento fue escrito por Laurena Wright, fundadora y directora del semanario Violetas del Anáhuac (1887-1889) y representa una de las primeras demostraciones públicas de que el tema de la política no lo resultaba ajeno a la población femenina de México pese a que en ese momento no eran consideradas ciudadanas. Las mujeres que escribieron en este periódico heredaron el tesón y perspectiva de Laureana Wright, quien murió en el siglo XIX, pero ya había sembrado en cada una de sus colaboradoras el interés por reflexionar sobre la condición femenina. Fue así, como muchas de las que escribían en Violetas del Anáhuac, fundaron La Mujer Mexicana (1904-1908) al iniciar el siglo XX. La publicación tuvo diferentes directoras, pero siempre mantuvo su línea editorial. Estuvieron al frente de ella: Dolores Correa Zapata, Luz F. Viuda de Herrera, Laura Méndez de Cuenca y Antonia L. Ursúa.  Desde su primer número hasta el último persistió la idea de que había terminado la época en que se consideraba a la mujer un ser pasivo, inconsciente e irresponsable, porque ellas habían adoptado la ideología feminista que les permitía transformar el comportamiento femenino y, a su juicio, nada mejor que el periodismo para transmitir esas ideas. De manera discreta pero constante consideraban que las mujeres tenían derecho a estar en el espacio público y que si eran educadas en un contexto digno también podían decidir quién las gobernara.

“Si se considera a la mujer como niña, que como a tal se le proteja y se le ampare; si se la considera como mujer, que le den todos los elementos educativos y todos los derechos sociales y políticos de los que disfruta el hombre, como es el derecho a decidir quién nos debe gobernar. Desgraciadamente no sucede ni lo uno ni lo otro, especialmente en México, donde la mujer conserva casi todas las prescripciones del feudalismo paterno y marital; donde el hombre, monopolizador de la instrucción y de la luz, al ir desprendiéndose de sus errores, supersticiones y fanatismos, ha tenido especial cuidado de refundirlos y depositarlos en ella, queriéndola dejar en la ignorancia, haciéndola invisible como ciudadana y haciéndola guardar silencio cuando de política se trata.” 
(La mujer mexicana, julio de 1904)

Voces anónimas y firmas visibles

Otras mujeres buscaron en las publicaciones fundadas por hombres los espacios para opinar sobre temas de actualidad. En el Diario del Hogar, dirigido por Filomeno Mata, por ejemplo, se insertaron textos con firmas femeninas, y aunque no fueron colaboraciones constantes, destaca que, de manera sencilla e inocente, el voto femenino fue un tema abordado:

Ya el club femenil “Las hijas de Cuauhtémoc” empezó la campaña, dándonos ánimos para los próximos comicios. Yo, humilde servidora de ustedes, hago un sencillo esfuerzo con el mismo objeto de explicar que la política no nos es ajena y por lo tanto podemos acercarnos a la gente del pueblo para explicarles sus derechos e ilustrarlos sobre los datos necesarios para que su elección sea libre y espontánea. Por eso, cada una de vosotras, entusiasta patriota, pueden contribuir a vuestros ideales ilustrando a todos los individuos que a su alcance estén y que por su poca cultura no comprenden la trascendencia de las elecciones… Cada individuo que hayamos convencido detallando los méritos de nuestros candidatos será un coto y sin votar personalmente habremos votados cuantas veces encontremos un adepto. ¿Veis cómo podemos votar? 
(31 de julio de 1911)

Cabe destacar también que esas publicaciones representativas del porfiriato, en algunas ocasiones, advirtieron la lucha femenina en sus escenarios públicos. Es así como se puede encontrar una nota en la primera plana de El Imparcial donde se informaba “Las mujeres solicitan tomar parte en la lucha electoral”. El reportero destacó que las sufragistas mexicanas dijeron “gallardamente” que si tenían obligaciones lucharían por tener derechos. Su propuesta fue la siguiente:

“Que el primer magistrado dirija al Congreso de la Unión una iniciativa pidiendo que a las mujeres les sean reconocidos los mismos derechos que a los hombres, en lo que se refiere a votar y ser votadas en las elecciones para el desempeño de puestos públicos.”
(31 de marzo 1911)

El texto fue firmado por más de cuatrocientas mujeres, entre las que estaban Juana Gutiérrez de Mendoza, María López Trinidad Castro, Luz Álvarez, Laura Mendoza, entre otras. Sin embargo, aunque el suceso salió en primera plana, el reportero lo minimizó al buscar testimonios de hombres que coincidieron que la Constitución otorgaba el derecho de votar a todo mexicano y jamás prohíbe a las mujeres hacerlo, por lo que les parecía absurdo que se proteste al respecto, aunque se reconoció que, si bien nadie las excluía expresamente del ejercicio de los derechos políticos, pero tampoco se los otorgaba.

Elvira Vargas

Fue en la década de los años treinta cuando surgieron variados grupos de mujeres que consideraron que se debía luchar por conseguir el voto femenino, entre ellos: “La liga de orientación femenina”, el “Bloque nacional de mujeres revolucionarias”, “Partido feminista revolucionario”, la “Confederación femenil mexicana”, la “Republica femenina”, entre otros. Y fue así como en 1935 surgió el Frente Único Pro Derechos de la Mujer. Representó la organización femenina más importante en la historia de las mujeres mexicanas. Aglutinó a más de cincuenta mil mujeres de diferentes ideologías, clases, profesiones, edades y estados.

En esa misma época aparecieron las primeras reporteras mexicanas, entre ellas destacó Elvira Vargas quien, desde muy jovencita, al mismo tiempo que estudiaba la carrera de Derecho, entró a trabajar por necesidad al periódico El Nacional. Nunca desaprovechó noticia alguna, a veces por suerte conseguía una exclusiva, pero sin duda su capacidad para tomar decisiones y reaccionar a tiempo la hizo toda una profesional del periodismo.

Elvira Vargas hizo eco de la demanda por el derecho a votar de las mexicanas y en cada conferencia cuestionaba a Lázaro Cárdenas sobre el tema, presidente de México en época, a tal grado que, en algunas ocasiones, entre broma y en serio, el ejecutivo le ganaba la pregunta y la interrogaba: “Señorita Vargas, ¿me preguntará hoy también sobre el voto de las mujeres? Por supuesto, señor, es un tema de agenda e importancia nacional.”

Poco se acercó a Cárdenas para entrevistarlo, y cuando lo hizo aprovechó para hacer preguntas diferentes a las de sus compañeros, un ejemplo fue cuando lo interrogó sobre el voto femenino. La insistencia en el tema indica la clara conciencia que tenía Vargas de que la demanda del voto femenino representaba, como ella misma lo calificó, “la piedra de toque que habría de abrir otras opciones de vida”.

“El mismo día en el que el señor Presidente de la República recibió en esta ciudad a los representantes de la prensa, manifestó al redactor de El Nacional, una pregunta especial sobre la cuestión del voto femenino que tanto ha venido agitando al elemento interesado en los últimos días, que la actitud del Ejecutivo respecto de la concesión del completo ejercicio de la ciudadanía para la mujer es la de fomentar, por cuantos medios sean posibles y necesarios, la organización de la trabajadora en entidades económicas o sindicatos o toda otra agrupación tendiente a beneficiar a la mujer que la dirija e indique los medios y las leyes de defensa de sus derechos como asalariada, creando conciencia de clase, un espíritu de trabajo y un deber de compañerismo. “La organización en tal sentido” dijo el señor Presidente, “acelerará forzosamente el desarrollo de la personalidad social y económica de las trabajadoras, dándoles una fuerza que obligue el apoyo del elemento masculino y de las leyes a sus peticiones. Por eso es necesario aprovechar toda oportunidad para indicar especialmente a las trabajadoras del campo —ya que las de la ciudad han recibido más beneficios de la revolución— la forma y el camino que deben conducirlas primero a integrar agrupaciones más sólidas”.

En una columna compartida por los reporteros de El Nacional, titulada “La entrevista de hoy” cada semana se elegía a un personaje para charlar sobre sucesos noticiosos o de interés general. Durante un tiempo Elvira Vargas decidió hablar con mujeres y el tema fue la participación política de las mujeres.

En una entrevista a una abogada llamada Silvia Téllez esta mujer aseguraba que las mexicanas no tenían la suficiente educación ni tenían el criterio para comprender la política y por lo tanto consideraba que el voto no podía todavía otorgárseles.

“La idiosincrasia de la mujer mexicana no es para la política es de tal manera sencilla e influye en el corazón de su esposo e hijos o el padre que no tiene la fuerza de resistencia necesaria para no guiarse por los varones de su casa. No creo yo que vaya a representar una fuerza pública en la política, diferente de los individuos que forman un hogar. Si va a guiar su votación por el hombre de su casa, no tiene objeto que voten.”

Pese a que, a través de las preguntas, Vargas intentó demostrar que las declaraciones de su entrevistada no estaban bien fundamentadas decidió contra argumentar con otra entrevista, con una mujer de más convicción y discurso seguro. Fue así como charló con la doctora Esther Chapa:

—Y del voto, en concreto, ¿qué opina?
Es indudable que en la lucha de la mujer mexicana por la consecución del voto sin restricciones viene a ser un factor de primerísima importancia la creación del Partido de la Revolución Mexicana, que tiene en su programa de trabajo y en sus principios de lucha por ese derecho para la mujer. El reconocimiento de la capacidad de la mujer mexicana para intervenir en la vida cívica del país de una manera amplia y decidida por lo que la adhesión de todos los grupos femeniles y de todas las mujeres a ese partido facilitará nuestra tarea para llegar al triunfo de nuestras aspiraciones.
-Hace unos días, -interrumpo-, una señorita economista opinaba que la mujer con la concesión del voto no había logrado otra cosa que el derecho para que se le hiciera, como a los hombres, fraude en las urnas electorales, ¿qué me dice?
No lo creo, contesta, menos cuando la clase trabajadora dentro de la que se cuenta una inmensa mayoría de votantes se organiza mejor cada vez y tiene más clara conciencia de clase y de responsabilidad. Pero suponiendo que así fuera, de todas maneras, el voto para la mujer tiene un gran significado. Ya no sólo porque la coloque en las mismas circunstancias que el hombre, sino porque le da cierta entidad moral y social; más respetabilidad en el campo de sus actividades; una categoría que no se concreta a depositar un voto, sino algo más alto y noble: calidad social y humana.

Recuperar estos testimonios en este aniversario del derecho al voto para las mujeres mexicanas es un ejemplo de que el tema ya preocupaba desde hacía tiempo y que nunca fue ajeno a las periodistas que a su manera lo abordaron desde sus páginas. Hoy un reconocimiento a su necedad inspiradora.  Hoy valorar como nunca ese 17 de octubre de 1953.

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