Botella al MarCOLUMNASMartha Canseco

Bollywood

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Botella al mar

Martha Canseco González

SemMéxico, Pachuca, Hidalgo,  29 de marzo,  2021.-En más de una ocasión he comentado que el gran reto civilizatorio es el cambio cultural. Qué el individualismo dé paso a la comunidad, qué el dinero deje de ser Dios y qué Dios deje de ser el dinero, qué el amor se sobreponga al odio, qué el respeto total por este planeta se imponga sobre los intereses de las grandes empresas y empresarios, qué la ambición por el poder se transforme en solidaridad.  Sobre todo, qué las mujeres nos dejemos de concebir cómo hasta ahora nos han impuesto y qué los hombres dejen de pensarse cómo hasta ahora se les ha obligado, entre otras muchas cosas más.

El cambio cultural llevará por inercia a la transformación social. Pero es como un difícil parto, la humanidad está teniendo un penoso alumbramiento, creo que nunca había sido así de complicado. La llamada era de acuario tendrá que ser mucho más firme, más enfática y convincente, estamos por pisar fondo.

Y lo que hay que procurar es qué el cambio cultural se dé por ahí donde el sistema patriarcal tiene a sus soldados ideológicos: la religión, la economía, la procuración e impartición de justicia, la escuela, los usos y costumbres, pero sobre todo los medios de comunicación plagados de violencia simbólica.

No es nada difícil hacerlo, sólo se requiere voluntad. Pongo un ejemplo: lo que está ocurriendo con la industria cinematográfica en un país tan tradicionalista como la India.

Me estoy refiriendo al famoso Bollywoood. Los estudios fueron creados en 1930 en la ciudad más poblada de ese sub continente, Bombay. Bollywood es el nombre coloquial de una contracción de dos palabras Bombay y Hollywood, la famosa meca del cine norteamericano.

Hay años en que Bollywood produce más películas que el epicentro del cine estadounidense y que van dirigidas a un público de mil 300 millones de habitantes. Por eso es pieza fundamental de la cultura popular de ese país. Los actores y actrices llegan a ser adorados como dioses y diosas, ese alcance tiene.

Y es ahí donde se está impulsado un cambio cultural muy significativo. Un ejército de guionistas, productoras y productores están cambiando el papel tradicional de las mujeres en las películas y series hindúes. Ya no son sufridas y abnegadas víctimas de la violencia de género, salen adelante por sus propios medios, son profesionistas exitosas, no hay hadas madrinas que les cumplan sus sueños ellas los cumplen con su tenacidad y empeño. Sobre todo, ya no piensan en casarse ni tener hijos.

Yo las estoy siguiendo en la plataforma televisiva Netflix. Por cierto, el país latinoamericano que más cine hindú consume es Perú.

Así puede ver películas y series como “Guan Juan Sexena”, la historia de la primera mujer pilota de la fuerza aérea india. “Dangal” sobre las atletas de lucha grecorromana, “Miss India” una ficción sobre una mujer empeñada en convertirse en la empresaria más famosa de su país. “Leila” también una ficción sobre una heroína del futuro.

Miniseries como:” Crime of Delhi” sobre el famosos caso verídico de la joven estudiante de medicina que fue violada y asesinada en un autobús de pasajeros tan solo por atreverse a salir de paseo con un hombre y que puso a la India de cabeza. Finalmente, como castigo por su crimen, los violadores fueron ahorcados.

Recomiendo mucho también “Las Begums de Bombay” una ficción sobre un grupo de mujeres diversas y como terminan apoyándose las unas a las otras en un franco ejemplo de sororidad. Lo que más me llamó la atención fue el nombre de los capítulos que están relacionados con cada historia: Una habitación propia, El cuaderno dorado o la campana de cristal, solo por mencionar algunos.

¿Se imaginan sí acá en México IMCINE, Televisa, TV Azteca y demás productoras de medios se decidieran a dar ese salto cuántico?  Para empezarle a abonar al cambio cultural. ¡Se vale soñar!

Sé que los medios comerciales no están ni mínimamente interesados en cambiar las narrativas patriarcales, misóginas y conservadoras, son el brazo ideológico del sistema, pero otra cosa son los pocos medios públicos que existen en México.

¡Esos lo tendrían que tener como una obligación!

El caso es que tampoco lo hacen, le copian a los medios comerciales sus peores productos y sus más aberrantes posturas. Radio y Televisión de Hidalgo, dirigido por un misógino violento, pues más lejos está de un cambio de calidad. De nada sirve tener la más moderna tecnología y los estudios mejor montados si los contenidos y representaciones de género son peores que en la televisión comercial.

Ya nos hemos tardado en exigir un cambio en esa institución que nos pertenece a todas y todos, porque se paga con nuestros impuestos.

botellalmar2017@gmail.com

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