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“Caso Mariana expone vulnerabilidad”

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VIOLETA DEL ANÁHUAC

Isabel Ortega Morales

SemMéxico, Chilpancingo, Guerrero, 8 de febrero, 2021.-El doloroso caso de la doctora  Mariana Sánchez Dávila ha permitido a las y los pasantes de medicina  exponer la difícil condición en que deben desarrollar su servicio social  como una condición fundamental para llevar a la práctica sus conocimientos, pero también, para servir a la sociedad a través de los lugares de más difícil acceso a los servicios médicos.

Bajo la premisa de que “también yo viví esas condiciones” con que directivos evaden dar una respuesta favorable a sus inquietudes, no han prosperado hasta ahora sus turbaciones por la falta de seguridad para realizar su labor.

Mariana perdió la vida sin que sus inquietudes y temores fueran ni escuchadas ni atendidas. Ahora Analí, la directora del hospital Nueva Palestina, en el Municipio de Ocosingo, en Chiapas, está detenida señalada del delito de abuso de autoridad, como  probable corresponsable de la muerte de la doctora  Mariana Sánchez Dávila, pero es solo un hilo.

Las y los médicos pasantes tienen que cruzar dos ríos de caudalosas pruebas para llegar a ejercer su profesión. Uno es el Internado, otro el Servicio Social.

En el internado puede más la simpatía de una y un médico que su interés por aprender. Si una o un médico pasante muestra inquietud por aprender o si se atreve a contradecir con alguna pregunta a un/una residente, no solo se expone a no ser tomado en cuenta para fortalecer sus conocimientos, sino a su expulsión de las áreas de enseñanza, a ver suprimidos sus tiempos de descanso, a dejarlos en centros hospitalarios más  tiempo del que humanamente alguien pueda resistir, dejarlos/as  sin comer. 

Otra forma de castigo es que se envíen  a los centros de salud más alejados de las zonas urbanas o incluso las sub urbanas. Las zonas rurales sin comunicación son el destino de doctoras y doctores. Arrojándoles a un cuarto sin servicios sanitarios, deben salir y caminar en zonas oscuras. Y deben hacer todo, desde administrar los escasos medicamentos, registrar a la población a los servicios, dar consulta. Son expuestas y expuestos a que en las reuniones de la comunidad donde hay ingesta de alcohol tengan  riesgo de agresión física o sexual. A ser llevados o llevadas  por la noche a prestar un servicio médico sin la certeza de que en verdad se requiera su servicio. Además de ser víctimas de asaltos en sus cuartos, en los traslados a las comunidades.

Las agresiones a las médicas y médicos pasantes les llevaron a pedir a las autoridades que si no había garantías para preservar su seguridad, no acudirían a prestar servicios. Algo se hizo por parte de las escuelas de medicina, hasta que el cambio de comisarios volvió a exponerlos.

Desde 2020 las y los médicos debieron convertirse en el baluarte de los gobiernos para prestarles seguridad social, seguridad jurídica, seguridad médica, acceso a mejores condiciones de vida, al constituirse en el ejército que está dando la batalla a un virus que se ha convertido en el monstruo más temido del momento. Pero algo ha fallado. Mariana es el ejemplo de que la realidad es ajena a las mejores garantías que puedan decirnos existe para ella y para toda la comunidad en servicio social.

Ojala las y los prestadores de servicio social del área de medicina tengan mejores condiciones, ahora sí, para ayudar a la sociedad. Ojalá ahora sí puedan acudir a las comunidades revalorados. Ojalá ahora si pueda darse la empatía de esta noble profesión  y revalorar su labor.

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