Internacional

Catalanas en prisión, la mirada de una mujer privilegiada desde el interior

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* Carme Forcadell, la única inocente aquí, le llaman sus compañeras

* La expresidenta del Parlamento calatán habla de lo aprendido

J.Campbell

SemMéxico, El Catlar, Tarragona, 5 de marzo 2020.- El frecuente hábito de escribir cartas desde el interior de la prisión ahora se hace con tinta color lila. Los ya conocidos bolígrafos personalizados de Carme Forcadell con los que de manera simple apoya el empoderamiento femenino al interior del Centro Penitenciario Mas d’Enric de El Catllar, en Tarragona, que la tiene como presa política desde marzo del 2018, parecen multiplicarse.

Si bien se encuentra un poco más cerca de la casa de su madre, vive el encierro lejos de sus compañeros de causa. Tiene pocas semanas de estar saliendo varias horas, 3 días a la semana, para hacer labores de voluntariado, aunque también cuida de su madre al hacer válido su derecho a salidas.

La expresidenta del Parlamento calatán habla del trabajo que está realizando con chicos migrantes menores no acompañados o jóvenes (de entre 16 y 24 años) que han sido expulsados del sistema educativo por diversas problemáticas, lo cual implica un reto para ella pues debe acompañarles aun cuando ellas y ellos prefieren trabajar y responder al entorno en el que están, y no desean estudiar.

Pocas veces había estado frente a grupos escolares, ya que solía asesorar docentes en otro momento de su vida profesional. Sin embargo y a pesar de que le parezca valioso ese servicio, está más interesada en la vida y futuro de las mujeres con las que comparte el módulo femenil en este centro penitenciario.

No es un lugar por el que ella solía preocuparse y a partir de ahora deberá sentirse responsable o quizás en la obligación de comprender y trabajar para mejorar tanto los derechos que las mujeres privadas de libertad tienen, como la situación que las lleva a cometer delitos e, incluso, a reincidir.

Carme Forcadell deja claro que ha aprendido mucho en la prisión. Reconoce que sus compañeras son culpables de algunos delitos y que le dicen que ella es la única inocente ahí porque no ha robado, no ha matado y no ha traficado. Esos tres son los principales delitos de las 40 mujeres con las que ahora la política independentista, comparte el día a día.

Si bien han cometido delitos, subraya que en sus ámbitos familiares y sociales han sido maltratadas y violentadas por padres, maridos y la sociedad en general, por lo que tienen baja autoestima, que con algunas charlas mensuales, cursos y diálogos con psicólogos y comentarios de ella misma, las compañeras van comprendiendo su vida desde otras perspectiva y con mayor dignidad. Igual está preocupada por aquellas por las que quedan en libertad, ya que, aunque su mentalidad haya dado un giro, las condiciones sociales son complejas y la vida diaria es difícil para las que salen de la prisión, sobre todo si no tienen un lugar donde vivir o un trabajo en el que las contraten.

Al igual que las demás mujeres, Carme Forcadell se inscribe en cursos y aprovecha las charlas que ofrece el sistema. Ahora es parte del curso de informática, desde el cual aprovecha para mirar el exterior desde el encierro en el que ahora se encuentra. Es una más. Es parte del sistema penitenciario. Come con todas, hace deporte con todas, la mandan igual que a todas.

Sin embargo, el nivel escolar, profesional y la trayectoria política que ha recorrido Forcadell, la convierte en una mujer privilegiada que no sólo da ánimos y consejos personales a las compañeras, sino que las asesora jurídicamente sobre instancias a las que deben acudir para resolver diferentes situaciones sobre sus expedientes. Además, ha concientizado la situación de las mujeres al estar en prisión. No todas son visibles y visitadas como ella. Hay mujeres que no desean ser visitadas en esas condiciones, otras que no informaron a sus hijos dónde están, o algunas extranjeras que no se comunicaron con su familia y están solas en un país ajeno.

Aunque ella se siente querida y dice no necesitar nada para ella, sino pensar en las demás compañeras, sufre la prisión: “Extraño todo. Extraño a mi familia, a mis hijos, a mis amigos, una cena, una puesta de sol, beber en vasos de cristal o con cubiertos normales; extraño tomar un buen café expreso que aquí no hay. Hacer lo que tú quieras cuando tú quieras, es lo que más se extraña estando aquí dentro”.

Sin la familia y la educación, los dos pilares más importantes para Carme, cualquiera puede cometer fallas. En ese sentido ella considera que como sociedad le hemos fallado a esas mujeres que sufren el encierro y que estamos en deuda con ellas, pues no han tenido ni buenos referentes, ni acceso a derechos de manera integral y justa.

El 7 por ciento de la población del sistema penitenciario es femenil. La experiencia que ha visto Forcadell en dos años, es que solamente 3 mujeres han sido detenidas por delitos económicos. La reflexión no va en torno a la culpabilidad y el delito en sí mismo, sino a la falta de oportunidades, y a la desventaja y desigualdad que sigue habiendo en la sociedad entre mujeres y hombres.

La expresidenta del Parlamento de Cataluña fue investigada y acusada por el Tribunal Supremo de España por incumplir dictámenes durante el proceso de aprobación de la Ley de Referéndum de auto determinación vinculante sobre la independencia de Cataluña. Se sentenció en total a 12 líderes catalanes del Procés, y a ella la condenaron a 11 años 6 meses de prisión por el delito de sedición. Ella y sus compañeras en Mas d’Enric saben que está ahí por sus ideas y dice convencida que la cárcel ayuda a reflexionar lo que está bien o está mal, pero que es de ilusos pensar que la cárcel cambia el pensamiento: “No voy a dejar de ser independentista, feminista y republicana”.

SEM/jc/sj

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