Mujeres

¿Cómo hacer periodismo? ¿Cómo abandonar al poder como referente? ¿Cómo voltear a mirar a las y los humanos hechos invisibles?

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  • Algunas respuestas las dio, en clase extraordinaria, Laura Castellanos
  • ¿El pretexto? Su libro La Marcha del Terremoto Feminista: Historia Ilustrada del Patriarcado en México

Sara Lovera

SemMéxico, Cd. de México, 24 de mayo, 2022.- ¿Cuáles son los desafíos de una periodista contemporánea? Una pregunta que en distintos momentos responde Laura Castellanos, una periodista que se auto define como una profesional del periodismo que conscientemente hace un periodismo subjetivo ético.

Lo narró en una clase extraordinaria, fuera del aula, en un auditorio de docentes y estudiantes, y así lo dijo: rigor en la investigación, observación detallada, ver la periferia, ver a las y los excluidos, sin estigmatizar o no romantizar.

Estaba con un auditorio de un grupo de futuros y futuras periodistas, hace unos días, en la escuela de periodismo Carlos Septién García, que está cumpliendo 73 años y por primera vez tiene una directora mujer, Anallely Díaz.

Más tarde, en entrevista por WhatsApp, puntualizó: “hago un periodismo subjetivo ético”, que rompe con el periodismo tradicional, que deja de reproducir las voces del poder y conscientemente da la voz a quienes no son visibles. También contó de dónde salió esa postura, hace ya algunas décadas.

Es que ella conscientemente –tras una experiencia de investigación hemerográfica- se interesó, se interrogó a sí misma, cómo juntar lo que investigó en una historia que diera un panorama completo, -materializado en su primer libro México Armado 2007, un trabajo de 10 años, entre la investigación y redacción-, experiencia que evidenció para Laura cómo hacer un periodismo distinto. Es decir, contrario a ese que se vende como “objetivo” y que realmente sólo les da voz y protagonismo a los hombres poderosos; ella quiso dar voz a quienes históricamente han sido invisibilizadas: las mujeres, las comunidades, aquellas y aquellos quienes a veces, sólo aparecen una fotografía de su detención, de su persecución que puede incluir, incluso, imágenes de terror o de tortura, pero no se sabe ¿quién es? ¿qué piensa? ¿cómo lo vivió?, esa, su propia muerte.

El pretexto para este alegato profesional, situado en el siglo XXI, con toda la estela de cambios tecnológicos de la comunicación, fue la presentación de su libro más reciente: “La Marcha del Terremoto Feminista: Historia Ilustrada del Patriarcado en México”, con la tinta y la imaginación de Brenda Castro Milán y que editó Grijalbo.

Explicó a estudiantes, a docentes, ahí estaba, la profesora Beatriz Zalce y otras y otros profesores, una mayoría de estudiantes hombres y futuras reporteras muy cuestionadoras, sobre este periodismo.

Fue cómo explicó su ABC. Dijo que un requisito indispensable es el rigor y la crítica, que no es otra cosa que verificar los hechos, presenciarlos en lo posible, indagar, documentarse y hacer preguntas incómodas a quienes son “fuentes” en la investigación periodística; esas preguntas, son las que ayudan a la subjetividad ética, que no tiene nada que ver con el periodismo tradicional, de escucha sólo del poder.

Armó ahí otro terremoto. El libro, publicado hace algunos meses, ha tenido una muy buena recepción, lo ha presentado en muy diversos auditorios, se lo han comentado también periodistas y feministas. ¿Por qué otro terremoto? Por la vehemencia y la emoción con que contó cómo lo hizo, qué desafíos tuvo y que fue hallando; cómo pensó en la imagen, en cómo decirlo, cómo hacer de estos asuntos tratados en la academia, algo sencillo y comprensible.

Se trata de una crónica histórica sobre el origen y desarrollo del patriarcado en México, que, según una de las exégesis, es claramente la historia del poder y del feminismo mexicano. ¿Quién sabe que el fundamento de las luchas de las mujeres nació en Yucatán, un 1916? ¿O dónde y por qué se discutió el tema de la educación para las mujeres? ¿Cuáles son las coordenadas de la violencia contra las mujeres?

Periodista/escritora

Laura Castellanos, es autora de 6 libros y coautora de otros cinco, con más de tres décadas en el oficio, expuso, todos los desafíos que le plantearon sus investigaciones, especialmente este libro; crónica o reportaje histórico que tiene un sesgo literario, eligió a una narradora, a Sofí su sobrina. Ahora sabe que el libro es bien recibido por las niñas, pero está escrito para todas las edades.

La crónica se va hilando precisamente con Sofi, quien asiste y ve una de las grandes manifestaciones de jóvenes muy jóvenes mujeres -crecimiento y cambio entre 2017 y 2020- , que transcurre en Av. Reforma, y esta niña –idealmente- va haciendo preguntas, – azorada por las imágenes en las paredes de mujeres asesinadas- y se le aparecen las protagonistas de la historia del feminismo en México, que pelearon por sus derechos y autonomía, y estas mujeres le cuentan a Sofi, los hechos. Cómo se levantaron contra sus opresores, y fueron aplastadas, desoídas, olvidadas, hasta que llegó el Terremoto Feminista que, para la periodista, es y bien califica, como el mayor periodo insurreccional femenino de toda nuestra historia – así lo escribe en el capítulo Que tiemble el Estado, del libro Mexicanas en Pie de Lucha, de aparición en este mayo- y en una multitud de artículos en los que plantea además que esa insurrección puede ser el preámbulo de algunos cambios verdaderos.

Pero su obra total, individual, La Marcha del Terremoto Feminista: Historia Ilustrada del Patriarcado en México, es la que más le gusta. La que sintetiza ese cambió que operó en su cabeza, por allá del año 2003, cuando colaboró en una publicación industrial, pero feminista.

La Marcha del Terremoto da cuenta del patriarcado, del inamovible sistema social que entraña la violencia institucional contra las mujeres. Ese puente que operó en ella, más de 20 años –aunque como periodista profesional no solamente escribe sobre las mujeres-, le dio la clave: el patriarcado ha reaccionado violentamente a cada avance, protesta, demanda, evidencia de la opresión femenina, con menosprecio e imposición.

En la charla con SemMéxico, dijo que hacer este periodismo desde la subjetividad ética, que se niega a reproducir sin cuestionar las voces del orden patriarcal, la ha llevado a reportear en sitios lejanos, a conocer a la gente que escenifica conflictos, a personajes de la estructura del poder y cómo se fue armando la protesta de las “morras”, como ella llama a las jóvenes transgresoras.

 Explicó al auditorio que el llamado “periodismo objetivo”, que sólo reproduce la voz de líderes, patrones, jefes, representa sólo un segmento de la sociedad, y no da voz a las mujeres, las comunidades, las y los indígenas, las poblaciones marginadas, pero, al mismo tiempo en la investigación hay que cuestionar a las voces patriarcales y a las voces de la gente, por eso dice no “romantizar”.

 Y ahí, frente al auditorio, dijo que el mayor desafío de este libro fue observar y descubrir cómo aumentó la violencia contra las mujeres, y cómo creció al mismo tiempo, la protesta, ¿qué era lo que eso significaba?, ¿de dónde salieron tantas morritas –así las llama y asegura que así se autonombran las jóvenes-, y descubrió que la consciencia es de mujeres cada vez más jóvenes, y se ha convertido en la vanguardia de la sociedad transgresora.

Del libro, a estas alturas, por fortuna, hay muchas crónicas.
“El libro no pone el foco en la historia del feminismo, no. El feminismo surgió como una respuesta de resistencia al orden patriarcal, entonces yo me voy a las raíces de cómo nació el orden patriarcal en México”.

El feminismo surgió como una respuesta de resistencia al orden patriarcal, dice Laura, “entonces yo me voy a las raíces de cómo nació el orden patriarcal en México”. Lo dedica, “a nuestras ancestras y a todas las morritas del siglo XXI”. Como dice la leyenda de la primera página y permea todo el libro.

Cuando Sofi, la protagonista, le pregunta a su madre por qué desaparecen y matan a mujeres en México, escucha un terremoto de ancestras y morras que marchan juntas. Luisa, su vecina, se suma a la caravana con un altavoz e invita a la adolescente a unirse.

En la clase Laura –que dice le gustaría ser docente- explicó además que otro requisito para él o la periodista contemporánea es escudriñar en la pluralidad de las y los transgresores.

La multipremiada -en 20015 recibió el Premio Nacional de Periodismo- aseguró que cuando hizo conciencia decidió hacer periodismo largo, bien pensado, pausado, capaz de reflexionar dos veces antes de teclear la nota del día, se le llama periodismo de investigación. Ahora sus reportajes y libros son referente sobre los movimientos subversivos y el uso de símbolos los muestra en Crónica de un país embozado 1994-2018 y su semejanza con las jóvenes anarquistas.

Y este movimiento, la cuarta época del feminismo, el de las mujeres, desde su perspectiva, será capaz, no sabe cuándo, de empujar la verdadera transformación de esta sociedad capitalista y patriarcal.

En la Carlos Septién se le agradeció su claridad. Se la aplaudió, se la reconoció y seguramente surgirán otros diálogos sobre esta obra que alguna crítica dice que es inédita.

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