Lupita Ramos Ponce

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A las Mujeres ni todo el amor ni todo el dinero

Las feministas hemos cuestionado la exclusión histórica que hemos vivido

Lupita Ramos

SemMéxico, 30 agosto 2018.- Así parece pensar quienes dirigen la política en este país. Esta frase la escuché muchas veces a lo largo de mi vida; en la niñez, en la adolescencia y en la edad adulta. Casi siempre en forma de mal chiste o de refrán mal contado por familiares cercanos o desconocidos, por lo general hombres y una que otra mujer despistada buscando la aprobación masculina. En tiempos de paridad, la frase machista se transforma también, ahora es: A las mujeres ni todo el Poder ni toda la representatividad.

El reconocimiento pleno de las mujeres como ciudadanas ha significado un largo proceso de regateos que aún no termina. Las feministas hemos cuestionado no solo el ejercicio del poder desde la hegemonía masculina, sino también la exclusión que históricamente hemos vivido como género humano en el ejercicio de nuestra ciudadanía. Es decir, cuando se conforma el Estado moderno, se dio por hecho que los únicos que exclusivamente tenían la capacidad de gobernar y dirigir en todas las esferas de los tres poderes del Estado (Ejecutivo, legislativo y Judicial), eran los varones, por lo tanto, las construcciones de las estructuras del Estado se realizaron bajo las premisas de la mirada androcentrista.

Así, el Derecho fue un pilar fundamental para dar sustento a estos criterios hegemónicos: Los hombres en el espacio público y las mujeres en el espacio privado en la atención y cuidado de las labores domésticas y de la maternidad. Para realizar esas actividades las mujeres no necesitaban ser ciudadana de pleno derecho, por eso es que se les “ocurrió” que la posibilidad de votar y ser votados era un privilegio exclusivamente masculino.

Después de una larga lucha emprendida por las propias mujeres para lograr el reconocimiento pleno de sus derechos como ciudadanas a partir de la vigencia de sus derechos políticos, se logró el derecho al voto en 1953 y con esto se abrió la posibilidad no solo de votar sino de ser votadas también. 

Este año por primera vez en la historia de México, el Congreso de la Unión está muy cercano a la paridad de género: De 128 integrantes en el Senado, 63 son mujeres y de 500 integrantes en la Cámara de Diputados, 241 son mujeres.

Hasta aquí vamos bien, es decir, hemos logrado reformar la Constitución Política del país para garantizar que por ley exista la Paridad en los Congresos legislativos, sin embargo, los obstáculos y las barreras se siguen multiplicando para que las mujeres que llegan al Poder lo hagan “Sin Poder” y “Sin Representatividad”, me explico: 

Hay seis bancadas en ambas cámaras y ¿qué cree? Ninguna presidida por mujeres; todos los partidos políticos decidieron “ningunear” a sus legisladoras y designaron solo coordinadores hombres: El PRI a Miguel Ángel Osorio Chong y Rene Juárez, el PAN a Damián Zepeda y Juan Carlos Romero, el PRD a Miguel Ángel Mancera y Ricardo Gallardo, Movimiento Ciudadano a Dante Delgado y Alberto Esquer, MORENA a Ricardo Monreal y Mario Delgado y el Verde a Manuel Velasco y Arturo Escobar; por cierto, el cinismo encarna en Manuel Velasco, quien además tiene la triple función de ser Gobernador de Chiapas, Senador y Coordinador parlamentario, (pedirá licencia al Senado y en diciembre regresa a la Cámara a cumplir su doble función, claro, difícil dejar los privilegios que representa el poder).

Cada Cámara tiene una Presidencia de la Mesa Directiva y ¿qué cree? Las dos van a ser presididas por hombres. Aquí es donde imponen aquello de “A las mujeres ni todo el Poder ni toda la Representatividad”, los partidos políticos siguen en sus regateos, seguirán en su Junta de Coordinación Política en diálogos entre hombres. No entienden que no entienden, así es, no entienden que la sociedad ya cambió: Sin Mujeres no hay Democracia.

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