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¿Cuál nuevo periodismo?

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LA LETRA DESOBEDIENTE

Braulio Peralta

SemMéxico/Milenio. Cd. de México. 18 de enero 2021.- Uno lo aprende con el tiempo: la corriente de “nuevo periodismo” que se dio en Estados Unidos nunca tuvo similitudes con los que hacen periodismo en México. Hay excepciones, pero son un esfuerzo personal. En el país del norte las empresas apoyaban a escritores o periodistas acercarse a la crónica, y surgen nombres como John Hersey con Hiroshima (publicado en 1946); Lillian Ross sobre el mundo de Hollywood, en 1952; Truman Capote con A sangre fría —por muchos conocida porque allí surgió el cuño de “novela testimonial”—; hasta llegar a los famosos Joan Didion, Gay Talese o Tom Wolfe, a partir de los 60s…

Hoy los diarios y revistas fenecen, sean del país que sean. Y el periodismo combativo, eficaz escrituralmente, tanto o más que la literatura de ficción se va yendo al pozo de otra época. Hay un trabajo descomunal en aquellos que pretenden ir contra la tecnología y los fans de las redes sociales. Hoy nadie se detiene en el tiempo que exige leer un gran reportaje que al periodista le llevó meses y hasta años concluir. Hoy los medios tradicionales luchan denodadamente por sacar los presupuestos de la economía para sobrevivir y no pagan el talento de nadie. Al contrario, explotan hasta el cansancio a un trabajador que igualmente sobrevive a un oficio al parecer en decadencia. Ojalá no.

Los periodistas con empeño han emigrado al libro, que exige investigación, tiempo y esfuerzo para sacar una obra decente. Obvio, el que paga ese monumental lujo es, otra vez, el periodista (y las editoriales se aprovechan de ello). Si acaso el escritor tiene suerte —lo demandan o quieren matarlo—, entonces ese ruido no pedido ayuda a posicionarte con cierta fama y hasta prestigio. Lo que lo lleva a convertirse en “el libro de la temporada”. Comercio puro.

Pensaba esto sobre México al releer el libro de Marc Weingarten, La banda que escribía torcido, de 2013. La hazaña laboral de los que viven en Estados Unidos. Y me acordé de lo poco que hemos podido hacer en México, por el libro de José Luis Martínez S., La vieja guardia, de 2005. Escasos referentes mexicanos, y buenos. Al menos deberían recompensarlos por esas ganas de seguir en un oficio mal pagado. El tiempo, esa escuela en la que aprendemos.

SEM/Milenio

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