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Cuba: Dolor y solidaridad ante el mayor siniestro en el país

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Redacción

SemMéxico/SEMlac, La Habana, Cuba, 15 de agosto del 2022.- Más de una semana después de que un rayo cayera sobre uno de los tanques de combustible al otro lado de la bahía de Matanzas, a unos 100 kilómetros de la capital cubana, los ojos de Teresa Ramírez buscan a cada rato el punto donde, por casi una semana, ardieron las llamas más terribles que haya visto en su vida.

En la mañana del pasado viernes 12 de agosto, las autoridades declararon extinguido el incendio de grandes proporciones originado por una descarga eléctrica en la Base de Supertanqueros, tras un enorme esfuerzo de hombres y mujeres de Cuba, México y Venezuela.

Pero, para esta matancera, el miedo y el dolor persisten. Desde el balcón de su casa, en el reparto de Peñas altas, Ramírez vio el fuego crecer en la noche del día 5, sintió el estruendo de la explosión del segundo tanque al incendiarse y hasta el calor emanado cuando las llamas llegaron al tercer depósito de combustible, de los cuatro que se destruyeron.

Mientras el cielo permanece claro y especialistas buscan los restos de las personas fallecidas en medio del paisaje arrasado por el fuego y el petróleo, Ramírez no cesa de mirar y orar «para que nada vuelva a encender el infierno y para que encuentren algo, lo que sea, que pueda dar un mínimo de consuelo a las familias de los bomberos desaparecidos».

Son sensaciones compartidas en comunidades y redes sociales: el agradecimiento a la ayuda ofrecida para sofocar el fuego, por fuerzas especializadas cubanas, de México y Venezuela, y el duelo por las vidas perdidas.

A 10 días de la llamada que puso en alerta a los bomberos en Matanzas y luego al resto del país, el que ahora es considerado el mayor incendio en la historia de Cuba deja un saldo de 132 heridos, de ellos siete mujeres.

No hay precedentes de un accidente industrial de esta magnitud en la nación caribeña, con experiencia en el enfrentamiento a otro tipo de desastres naturales como huracanes, sequías, tornados y sismos.

Hasta el domingo 14 de agosto, 110 personas habían recibido el alta hospitalaria, mientras 20 permanecían en instituciones de salud, cuatro en estado crítico, cinco de gravedad y 11 de cuidado.

Dos hombres eran reportados como fallecidos por las autoridades, el joven de 24 años Elier Correa y el experimentado técnico en extinción, de 60 años, Juan Carlos Santana. Otras 14 personas permanecían desparecidas.

Las labores de búsqueda, iniciadas el mismo día en que se dio por extinguido el fuego, las asume un equipo de especialistas de los ministerios del Interior y Salud Pública, incluidos instructores penales, peritos de criminalística, médicos legistas, antropólogos y estomatólogos forenses, quienes procedieron a la inspección ocular detallada, con movimiento del sedimento del suelo, cuadrícula a cuadrícula, en el lugar donde se supone que se encontraban al momento de la explosión.

Hasta el domingo 14 en la mañana, los expertos habían encontrado fragmentos de huesos en distintas ubicaciones, pero las labores de identificación pueden demorar semanas.

De acuerdo con el ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, en el estudio pericial correspondiente se han podido identificar hasta el momento restos de cuatro personas. Ahora se trabaja en el análisis de nuevos fragmentos, para evaluar los posibles datos que pudieran ayudar a la identificación, informó.

Cuantiosos daños aún por determinar

Todavía están por contabilizarse las pérdidas materiales, en lo que ya trabajan comisiones gubernamentales para tratar de definir, además, una probable estrategia de recuperación ante el consumo de más de 100.000 metros cúbicos de combustible, la destrucción de cuatro tanques con capacidad para almacenar unos 50.000 metros cúbicos cada uno y de todo el sistema que conectaba a esos depósitos.

El incendio de la única base de su tipo y principal instalación de almacenamiento y distribución de hidrocarburos en el país complejiza la crisis energética de la nación, cuya cotidianidad en los últimos meses ha estado marcada por frecuentes apagones de más de 10 horas por la escasez de combustible, rotura y reparación de las plantas termoeléctricas, en su mayoría con tecnología envejecida.

Cuba vive una profunda crisis económica, agudizada por la pandemia de covid-19, el fortalecimiento del bloqueo comercial y financiero desde Washington y el lento avance de reformas económicas internas que buscan dinamizar el sector productivo del país.

Fuentes gubernamentales aseguran que se investiga también el impacto medioambiental en la zona, luego de varios días de emisión a la atmósfera de humo tóxico, lluvias cargadas de elementos químicos y suelos contaminados por el derrame de petróleo.

Un grupo de trabajo del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente monitorea la calidad del aire, las precipitaciones, la vegetación, los suelos, acuíferos y todos los componentes relacionados con el siniestro. Especialistas aseguran que los daños pueden prevalecer en el tiempo, aunque hasta ahora no hay evidencia de afectaciones a la salud.

Autoridades de Recursos Hidráulicos informaron que se cumplen todas las normas establecidas en el monitoreo a los embalses y no se reportan peces muertos ni contaminación en las fuentes de abasto de agua de la ciudad, aunque se mantiene la vigilancia.

Informes del Gobierno provincial de Matanzas confirman la afectación a un asentamiento de 17 viviendas, tres de ellas con daños irreversibles producto del combustible vertido a los conductos eléctricos y tuberías cercanas. Son familias que por ahora no podrán regresar a sus hogares, como la de Maikel Rodríguez Valerio, su esposa y dos hijos, quienes vieron deshecho en apenas unos días el esfuerzo de nueve años para construir un hogar.

«Su casa era la más próxima a los tanques con petróleo crudo nacional y fuel oil, de modo que no perdió tiempo en vestirse. Tomó a sus hijos de la mano, se puso a su perrita bajo el brazo y juntos salieron corriendo por la carretera del muelle», cuenta la revista Bohemia, al entrevistar al joven.

Consternación y apoyos

Sin embargo, el mayor impacto de la tragedia es el alto saldo humano. Para Lorien Rodríguez Sánchez, estudiante de cuarto año de Medicina y del equipo de Cruz Roja Cubana, «sobrevivir a la explosión la compromete más con sus compañeros», declaró al periódico local Girón.

Si bien su equipo sobrevivió a la fuerte explosión que dejó numerosas víctimas, no deja de pensar en quienes quedaron atrapados.

Lorien sufrió quemaduras de primer grado en sus brazos, pero decidió regresar al puesto de mando para asistir a los lesionados mientras no se extinguiera el fuego.

Nada es comparable con el dolor de esas familias, dice Ramírez a SEMlac. «Siento tristeza, admiración y agradecimiento por el sacrificio de quienes defendieron la ciudad de las llamas al precio de sus vidas, y hacia todos los que trabajaron para apagar el fuego».

Como muchas personas en estos días, ella ha buscado el modo de ayudar y mostrar su solidaridad, una palabra que es, dice, «realidad palpable casi desde el mismo día del inicio de la tragedia».

Las manos se extendieron para auxiliar a personas heridas, donar sangre y ofrecer material sanitario. Llegaron hasta familiares y dolientes, cooperaron en su traslado, alimentación y acompañamiento psicológico. Alcanzaron a muchas de las casi 5.000 personas evacuadas desde zonas aledañas al siniestro, con apoyo material y espiritual.

Bomberos, rescatistas, miembros de la Cruz Roja, estudiantes de Medicina y profesionales de la salud de Matanzas y otras provincias se movilizaron. Personas y entidades de la sociedad civil, dentro y fuera del país, han hecho llegar donativos, sobre todo medicamentos e insumos médicos.

«Todos llegan, lo mismo en un carro diplomático, una motorina, un camión, una rastra, una bicicleta o una volanta de caballos. Uno dijo que venía con una donación modesta y le aclaro que no existe cosa como esa, que venir y acompañarnos es una inyección de energía, nos convence del amor, la generosidad y el humanismo de nuestra gente», escribió en su perfil de Facebook la doctora Taymí Martínez Naranjo, directora del Hospital Faustino Pérez de Matanzas.

Esa institución recibió y atendió de forma inmediata a más de 60 lesionados y lesionadas por la fatal explosión ocurrida en el segundo depósito, en las primeras horas de la madrugada del 6 de agosto.

Entre las expresiones de solidaridad sobresalen la movilización de trabajadores de cooperativas y mipymes de varias provincias del país con ayudas diversas. Disney Villareal Aquino, una productora independiente de cultivos varios en Placetas y quien dirige una mipyme de producción de materiales de la construcción, llegó hasta Matanzas con comida, agua embotellada y otros sustentos para bomberos y personal que intentaban sofocar el fuego, reseñó la prensa local.

Ya lo había hecho antes, cuando viajó a esa ciudad para surtir de alimentos y recursos a hospitales y centros de aislamiento en los momentos más duros de la pandemia de covid-19, que tuvo uno de sus epicentros en Matanzas.

La llegada de especialistas en contención de incendios petroleros de México y Venezuela, con equipamiento, bombas de alto porte y 45.000 litros de espuma, así como otros insumos en más de 20 vuelos -en respuesta a la solicitud de Cuba de ayuda internacional-, fue decisivo para controlar y extinguir el fuego, que amenazaba con extenderse a una base de almacenamiento de sustancias claras, como gasolina, y otros objetivos económicos aledaños.

Rusia, Nicaragua, Argentina, Chile, España, República Dominicana, Canadá, la Unión Europea y organizaciones como la Unesco, entre otras, ofrecieron ayuda material solidaria. A ello se suman expresiones de apoyo de gobiernos, personalidades, organizaciones diversas, embajadas, así como de cubanos residentes en el exterior.

Tampoco han faltado oraciones, muestras de gratitud y acompañamientos ante el dolor por un suceso que ha estremecido a toda la nación; un desastre cuyas consecuencias se viven aún con intensidad.

SEM/MG

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