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Cuba: Nuevos tiempos para la moda

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Lirians Gordillo Piña

SemMéxico/SEMlac, La Habana, Cuba, 29 de agosto del 2022.- Conciencia ambiental y cambios en la manera de concebir el ciclo productivo están en el centro de la moda circular, también en Cuba.

La ingeniera civil cubana Solanch Almanza opina que la moda circular es imprescindible frente a la crisis climática que vive el planeta y las dificultades económicas y de oferta que experimenta la nación caribeña.

«Lo ideal sería tener una economía circular en la que los productos, los bienes y servicios estuvieran concebidos desde el principio para generar el mínimo de desechos y que se insertaran nuevamente en el ciclo de producción», dijo Almanza en la conferencia virtual «Moda circular», el pasado 27 de agosto, en un encuentro convocado por el capítulo universitario del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas, vía Google Meet.

«La aspiración es lograr un ciclo en el cual desde el diseño se piense en el reciclaje de cada pieza y que, una vez terminada su vida útil, pueda insertarse nuevamente en el proceso de reelaboración con el consecuente diseño, producción, distribución, consumo y reciclaje», insistió la creadora del proyecto Se permuta mi closet.

Creada en 2021, esa iniciativa se dedica a organizar eventos en los cuales se intercambian piezas de vestir y se adquieren otras a precios módicos. El emprendimiento que protagonizan jóvenes cubanas también promueve conciencia ambiental.

Aunque se permuta mi closet es la primera experiencia cuyo objetivo es promover la moda circular en Cuba, diferentes negocios locales van mostrando un interés creciente por cambiar el paradigma hegemónico de la moda basada en el consumo rápido, los estereotipos de género, racistas, heteronormativos y excluyentes de las tallas grandes.

Sobre todo en la capital cubana, pero también en otras provincias, se extienden las ventas de ropa de segunda mano en portales y garajes, aparecen en las redes sociales emprendimientos que dan un segundo uso a textiles o piezas de décadas pasadas. También se han vuelto populares la mensajería en bicicleta y colecciones de moda recientes reciclan materiales, superan las tallas normativas y el clásico estilismo de las pasarelas.

Además de estas características, Almanza mencionó otros rasgos de proyectos afines a la moda circular que han estado marcados por la pandemia de covid-19 y son expresión de la inventiva ciudadana.

Durante la pandemia, el aislamiento obligatorio y la necesidad de conectar con los públicos hicieron que los emprendimientos prestaran más atención a las redes sociales, comentó. Aumentó el interés por construir un discurso llamativo, dedicado a las juventudes, y creció la visibilidad de pequeños negocios y el trabajo colaborativo.

La joven ingeniera cubana dijo que, en Cuba, como en otros países, los pequeños negocios asumen el diseño, la comercialización, la distribución y la atención al cliente. La tienda y el taller suelen estar en el mismo lugar y se utilizan métodos más amigables con el medio ambiente.

«Defendemos mucho las marcas locales; apoyar a los negocios de tu localidad contribuye al desarrollo de la comunidad», reconoció.

Además de cuidado ambiental, la moda circular trae beneficios inmediatos para el bolsillo de las personas y ha sido una práctica socorrida desde hace décadas en la nación caribeña. Ventas de ropa de segunda mano importada a muy bajos precios en tiendas estatales y el arreglo de piezas por costureras de experiencia, madres o abuelas han sido estrategias de emergencia más que de conciencia.

«Esto es algo que se ha hecho siempre, pero con nombres menos fashion», dijo la emprendedora cubana.

Por ejemplo, la práctica de alquilar prendas de vestir que hoy asumen grandes tiendas y marcas internacionales es ya una tradición cultural en Cuba, pero enfocada en trajes para bodas, celebraciones de 15 años para adolescentes o galas.

Pese a sus beneficios, esta mirada a la circulación de prendas de vestir y la moda sufre limitaciones, sobre todo culturales.

«En nuestro país, muchas personas prefieren comprar ropa de procedencia industrial antes de comprar a artesanos y personas que manufacturan. Por ejemplo, en Cuba se usa el lino, que es un tejido muy natural y muy fresco, ideal para nuestro verano y también se hacen diseños muy modernos», analizó Almanza.

El intercambio y los bazares también son opciones más accesibles frente a la reducción drástica del mercado nacional, la inflación y la dolarización de las tiendas que comercializan ropa y zapatos, entre otros productos.

«Por ejemplo, un par de zapatos de alguna marca china, que suelen ser muy baratos en otros países, ahora mismo pueden costar alrededor de 4.500 pesos cubanos, esto representa 64 por ciento de un salario medio alto (unos 7.000 pesos); y si tienes un salario promedio (3.840 pesos), representa 117 por ciento», ejemplificó.

Atrapadas y atrapados en este contexto, apostar por nuevos tiempos para la moda es una alternativa que ofrece segundas oportunidades a la población cubana y a emprendimientos locales. Por eso Solanch Almanza es optimista.

«Cada vez hay más personas que se interesan por estos temas, que son más conscientes y se preocupan más por lo que consumen. Todavía no somos mayoría, pero los cambios sociales se van dando así, de a poco», concluye.

SEM/MG

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