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Cuba: Un proyecto para vivir en armonía con la naturaleza

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Lisandra Fariñas

SemMéxico/SEMlac, La Habana, Cuba, 26 de septiembre del 2022.- Plant Ve es la realización de un sueño, una manera de vivir en armonía con la naturaleza, o al menos así lo describe Yislem Ávila Trujillo, su fundadora. Fruto de su pasión por las plantas ornamentales, y tras muchos años y obstáculos superados, este emprendimiento agroecológico produce hoy, además de las plantas que ama, otras aromáticas y hortalizas, así como algunos frutales.

Lo que en 2013 era un terreno lleno de hierba, basura y escombros, hábitat de roedores e insectos en el reparto Atabey, del municipio capitalino de Playa, desde el 2016 y de la mano de Ávila Trujillo comenzó a cambiar su rostro. Así puede verse en las propias imágenes que el proyecto comparte en sus redes sociales, a través de Instagram y Facebook.

«Mi petición fue para utilizarlo como vivero de plantas ornamentales, pero la delegación de la Agricultura de Playa condicionó la entrega a producir alimentos y decidí aceptar el reto. Luego este mundo de la agricultura pasó a ser una de mis grandes pasiones», cuenta a SEMlac.

Ese sentimiento le hizo sentir que aquel pedazo de tierra era el rumbo correcto, cuando en 2017 quedó sin trabajo. Desde entonces se dedicó a tiempo completo a su autoconsumo el cual, después de participar en 2019 en el taller del Proyecto Cuba Emprende y de sus asesorías, se convirtió en Plant Ve.

Este emprendimiento, comenta, le ha permitido demostrarse a sí misma que es capaz de hacer realidad un sueño, pero su propósito es llegar mucho más lejos. «Quiero ser autosustentable», confiesa y explica que la idea es cerrar ciclos, usar todo lo que la naturaleza brinda y reinvertirlo en la producción.

«Quiero utilizar mi propia semilla, obtenida de producciones anteriores, mejorar el suelo con la materia orgánica que elabore de los desechos que se generan de las limpiezas y podas; confeccionar fertilizantes y plaguicidas con productos caseros, cosas así», detalla Ávila Trujillo.

Eso no significa desestimar aportes de otros proyectos solidarios dispuestos a seguir la línea del reciclaje, apunta y agrega que también aspira a trasladar a la comunidad esos conocimientos y colaborar para crear conciencia en las generaciones más jóvenes.

La agroecología es su aliada en este empeño. Es, en primer lugar, una cuestión de salud, pues los productos agroecológicos que emplea le permiten tener la certeza sobre la inocuidad de los cultivos que obtiene para su familia y amistades, a la vez que aporta al cuidado del medio ambiente, al no agredir la naturaleza con químicos.

«Las producciones tienen mejor sabor y en el contexto actual es lo que tengo a mi alcance para obtener mejores resultados», añade. Sin embargo, no es un camino fácil, debido a que exige mucho estudio e investigación.

También la reutilización y el reciclaje forman parte de su emprendimiento. «En el contexto económico que vive Cuba, y creo que en el mundo entero debe ser así, hay que aprovecharlo todo. Soy de las que piensa que en el campo todo tiene uso, y trato de darles a las cosas una segunda oportunidad», dice.

Si no reciclamos el volumen de basura sería mayor, agrega. «Existen muchas campañas para el cuidado del medio ambiente, pero en mi opinión las acciones son insuficientes todavía, haciéndolo en mi pedacito me siento bien y eso me hace feliz».

En «tierra de hombres»

Aun cuando miles de mujeres cubanas actualmente trabajan la tierra, la agricultura continúa siendo mayoritariamente un territorio de hombres, quienes tienden a descalificar el conocimiento y el trabajo de ellas. Según datos del último informe sobre desarrollo humano publicado en Cuba, en 2019, poco más del 15 por ciento de las personas ocupadas directamente en la agricultura son mujeres.

Ávila Trujillo puede dar fe de esas situaciones, porque las ha vivido. Más de una vez ha escuchado expresiones como: «tú sola no puedes hacer nada de eso», o ha visto cómo la mayoría de los hombres del campo que colaboraban con ella no confiaban en sus orientaciones y métodos de mujer citadina, aunque pudiera tener resultados.

«Me han llamado complicada y se han negado a seguir colaborando con el proyecto porque he pretendido cambiar patrones tradicionales y estar en contra del uso de productos químicos y otras ideas», agrega, aunque reconoce que también ha recibido apoyo de otras personas que la han estimulado a seguir y a no rendirse.

Para ella, el principal obstáculo, hasta ahora, es justamente la carencia de fuerza de trabajo, pues no puede contar con la familia a tiempo completo.

«Cada cual tiene sus propias responsabilidades y necesito ayuda sobre todo para labores de limpieza de maleza, poda y mantenimiento sistemático», comenta.

Lograr fuerza de trabajo con deseos de sumarse a la línea del proyecto y que se comprometa ha costado trabajo, afirma y menciona además las dificultades propias de adquirir insumos, semillas, materia orgánica y herramientas.

A pesar de los tropiezos, Ávila Trujillo se muestra feliz por poder dedicarse a algo que la apasiona, y hacerlo a su manera. «Disfruto el modo en que evolucionó aquella idea o pasión inicial hasta ser un proyecto más definido, y eso me ha permitido hacer algo, aunque sea pequeño, por el medio ambiente», asegura.

Esta emprendedora destaca, asimismo, como algo positivo, la posibilidad de vincularse con otros proyectos para colaboraciones e intercambios, lo cual representa una oportunidad para crecer.

«Las redes de emprendedores son un gran apoyo, sobre todo para aquellos que estamos empezando, opina. Se aprende mucho de la experiencia de otros, son espacios para intercambios, soluciones de problemas, promoción. Creo que son todas ventajas y en consecuencia forma parte de la filosofía de Plant Ve integrarse y apoyar a otros», remarca.

El envío de donativos a las provincias más afectadas durante la pandemia de Covid-19 es una de las vivencias colectivas más hermosas que le permitió su emprendimiento y la convencen de su importancia.

«El trabajo agrícola, sobre todo en la ciudad, se ve como cosa de guajiros y personas que no han tenido la oportunidad de hacer otras cosas y eso es un tremendo error», considera. La realidad, sostiene, es que sin alimentos no sobrevivimos, de ahí que sea necesario incorporar a nuevos emprendedores/as y que vean la parte bonita de la agricultura.

«Actualmente existen muchas personas interesadas o con intenciones de producir alimentos; saben que es necesario, pero no siempre saben cómo empezar», acota.

En ese sentido, Ávila Trujillo concede gran relevancia a los espacios de aprendizaje, para que quienes lo deseen puedan conocer desde el marco jurídico para la tenencia y entrega de tierras, hasta cómo manejar los cultivos para obtener mejores resultados. Sin embargo, actualmente existen muy pocos, subraya.

Necesitamos cursos, talleres, intercambios con productores, círculos de interés en las escuelas y proyectos sociales, enfatiza, e insiste en la importancia de promoverlos para que los interesados los conozcan.

Desde Plant Ve, esta emprendedora aspira a aportar a ese propósito y para ello sueña con crear en su sede un espacio para educar y concientizar a la niñez y juventud de la comunidad sobre la urgencia del reciclaje, el cuidado del medio ambiente y el poder aprovechar todas las posibilidades que la naturaleza pone en nuestras manos.

SEM/MG

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