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Datos y rostros de los cuidados en Cuba

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Lirians Gordillo Piña

SemMéxico/SEMlac, La Habana, Cuba, 9 de diciembre del 2022.- Estudiantes de tercer año de sociología de la Universidad de La Habana compartieron con especialistas sobre la agenda de cuidados en Cuba, algunos datos y rostros que dejan ver sus desafíos.

El intercambio ocurrido el 7 de diciembre, fue organizado por la Universidad de La Habana, la Red Cubana de Estudios sobre Cuidados y el Proyecto Palomas. Casa productora para el activismo social, como parte del programa de actividades de la jornada de 16 días de activismo contra la violencia contra las mujeres y las niñas.

La violencia de género está asociada a la división sexual del trabajo, la cual impone mecanismos violentos que expropian a las mujeres de tiempo, de posibilidades de realización y bienestar”, dijo Magela Romero Almodóvar, coordinadora de la Red Cubana de Estudios sobre Cuidados.

Reconocer el cuidado como un derecho y un deber lo ubica en la agenda de los derechos de las mujeres y en la agenda para el desarrollo en Cuba, un país que vive un sostenido envejecimiento demográfico, insistió Romero Almodóvar.

“Los cuidados son un derecho y un deber ciudadano y en ese sentido cada persona -sin distinción de su sexo, edad, procedencia social, territorio, color de la piel, religión, etc.- tiene el derecho de ser cuidada, de cuidar la vida y de autocuidarse”, explicó la también profesora universitaria.

Para la investigadora, contar estas problemáticas a través de audiovisuales es una forma de hacer incidencia política, una manera de sensibilizar y una herramienta muy útil para la docencia. Por eso el interés de presentar al estudiantado universitario el documental Ellas, sus cuidados y cuidadoras del Proyecto Palomas.

El filme reúne las voces de siete mujeres y un hombre, de un total de 74 historias a las cuales tuvo acceso el equipo de filmación durante el proceso de investigación.

“Las historias de vida constituyen la historia de una nación y detrás de los cuidados está escondida una mujer, y digo escondida porque siguen siendo invisibles, independientemente de toda la labor que se está haciendo desde distintos espacios; todavía queda mucho camino por recorrer”, reflexionó la realizadora Lizzette Vila.

Las cargas físicas, mentales y emocionales de las cuidadoras, la necesidad de apoyos, las intersecciones en la precarización de los cuidados, los estereotipos y prejuicios son algunos de los conflictos que plantea el documental y que ponen rostro a conclusiones de encuestas y estudios académicos.

A los testimonios presentados y el criterio de especialistas, las y los jóvenes asistentes pudieron agregar cifras incluidas en folletos y documentos distribuidos en el encuentro.

Entre ellos, el dato aportado por la Encuesta Nacional de Igualdad en 2016 que alertaba que las cubanas trabajan 14 horas semanales más que los hombres en labores no remuneradas; o el aporte de este tipo de trabajo al Producto Interno Bruto (PIB) que, según la Encuesta de Uso del Tiempo en 2002, representó el 19.6 % del PIB en Cuba, más que el aporte de la industria manufacturera (15.4 %) en ese año.

Ante estas realidades y estadísticas, se necesita que las políticas públicas tengan un efecto transformador en la vida práctica de las personas, coincidieron las personas asistentes.

En los últimos años, en Cuba se han aprobado políticas que se plantean la equidad de género y los cuidados como objetivos centrales, entre ellos el Programa Nacional de Atención Integral al Adulto Mayor en Cuba, el Programa para el Adelanto de las Mujeres (PAM), la Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y en el escenario familiar y  la propuesta de diseñar un sistema integral de cuidados.

Para Lizzette Vila, estas políticas constituyen un avance muy importante, pero aún falta que se conozcan en las comunidades y por las mujeres, que se apliquen en todos los niveles con efectividad y aporten soluciones concretas.

El doctor Jesús Menéndez Jiménez, secretario de la Sociedad Cubana de Gerontología y Geriatría, reconoció el impacto de la pandemia en la población adulta mayor y la necesidad de recursos para enfrentar los cuidados, en un contexto económico muy complejo.

“No obstante, se está visibilizando más la importancia de este tema y existen herramientas y acciones que podemos aprovechar”, insistió Menéndez Jiménez.

Desde el hacer, el estudiante Víctor Oliva preguntó cómo en las universidades las y los jóvenes pueden contribuir a una transformación integral y más amplia, desde organizaciones como la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

“Muchas veces pasa que los estudiantes no se vinculan a este tipo de proyectos porque no saben que existen”, dijo Oliva.

A lo que Sergio Cabrera Angulo, coordinador general del Proyecto Palomas, respondió que las juventudes universitarias pueden hacer desde el voluntariado y el trabajo en las comunidades.

“Ustedes como estudiantes pueden hacer un ejercicio sencillo, seleccionar una comunidad y a partir de un diagnóstico definir quiénes cuidan y qué tipo de ayuda se puede ofrecer. Muchas de estas personas lo que necesitan es que las escuchen, que les tiendan la mano, no sentirse solas. Para esto no hacen falta recursos. Pero el abandono de las personas cuidadoras es de las grandes deudas que tenemos”, reflexionó Cabrera Angulo.

Mercedes Muñoz Pos, del proyecto comunitario Luz de Vida, en Plaza, se sumó a la convocatoria de articularse para apoyar en el cuidado de las personas mayores.

“Tocamos puertas y no nos quedamos solo con los datos globales. Acompañamos a personas adultas mayores y que viven con discapacidad, con ayudas que nacen de la solidaridad de quienes integran el proyecto”, expuso.

“Pero no es solo lo material lo que más necesitan estas personas; es conversar, que se sientan atendidos/as. Lamentablemente, las políticas no están llegando a las casas de las personas. Hace falta la articulación y la comunicación entre los actores, pero todavía no se logra”, reflexionó Muñoz Pos.

liriansgp@gmail.com  Fotos SEMlac Cuba

SEM/MG

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