Soledad Jarquín Edgarviolencia

De los dos detenidos, uno fue liberado el año pasado. Ellas no aparecen

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Soledad Jarquín Edgar

Quinta parte

SemMéxico. Oaxaca, 25 enero 2019.- Este año, el 5 de julio, se cumplirán 12 años de la desaparición de Daniela y Virginia Ortiz Ramírez, durante un trayecto entre su casa en la comunidad de El Rastrojo, San Juan Copala, y la población de San Marcos Xinicuesta, en la región de la mixteca oaxaqueña.

De ambas jóvenes pertenecientes a la etnia triqui, que entonces tenía 20 y 14 años de edad, nada se sabe desde que su madre Antonia Ramírez las vio alejarse en un taxi color amarillo.

Desde la denuncia de su desaparición interpuesta el 13 de julio de 2007 en subdelegación de la Procuraduría General de Justicia del Estado en Putla, donde se abrió la averiguación 187/2007, al menos tres procuradores de Justicia y un fiscal, así como tres gobernadores (Ulises Ruiz Ortiz, Gabino Cué Monteagudo y el actual Alejandro Murat Hinojosa) han conocido del caso, pero las respuestas institucionales reflejan el más alto grado de impunidad.

Emelia Ortiz, su prima, hace un recuento de la actuación de los tres procuradores y del fiscal que pueden resumirse de esta manera:

Evencio Nicolás Martínez Ramírez, quien era procurador de Oaxaca cuando sucedieron los hechos, en una reunión con familiares de las dos jóvenes desaparecidas dijo que no podían arriesgar a su gente (considerando el conflicto que vivía la etnia triqui en aquel momento). “Si quieren encontrar a su gente, busquen comunidad por comunidad y que si las encuentran les voy a aplaudir”.

Fue con el procurador Manuel de Jesús López López fueron detenidos dos personas: Miguel Ángel Velasco fue detenido el 19 de diciembre de 2011 y Francisco Herrera Martínez el 9 de enero de 2012. Ellos fueron señalados por testigos de haber sido vistos cuando llevaban, en una camioneta con los ojos vendados y las manos atadas a las hermanas Ortiz Ramírez. Otros dos implicados no fueron detenidos, se trataba de José Ramírez Flores y Timoteo Alejandro Ramírez, quien fue asesinado en Yosoyuxi el 20 de mayo de 2010 y sobre quien en 2006 pesaba una denuncia por la violación tumultuaria a una menor de 13 años.

El siguiente procurador fue Héctor Joaquín Carrillo, con él refiere Emelia Ortiz, nos reunimos en febrero de 2013, acordamos que nos volveríamos a ver en un mes, entre tanto, el funcionario anunció buscaría a su homologo veracruzano para que apoyara con una “cuerdas” con las cuáles, personal de la fiscalía debería descender en una barranca para buscar a las jóvenes, donde supuestamente habían sido arrojadas. Pero nunca hubo la cuerda ni hubo otra reunión.

Con el Fiscal Rubén Vasconcelos Méndez las cosas no mejoraron.  En la última reunión de octubre pasado, la respuesta fue que valorarían si había condiciones para entrar a investigar en el barranco ubicado en la comunidad de Yerba Santa. En tanto que el poder judicial liberó a Francisco Herrera Merino, uno de los dos detenidos, el 28 de diciembre 2018, porque la juez aseguró que lo dicho por los testigos no es verídico.

En suma, Emelia Ortiz refiere que para su familia la ausencia de sus primas ha sido una pesadilla, pues nadie tiene la certeza de que fueron asesinadas.

Se refiere a Antonia Ramírez, la madre de sus primas, quien desde aquel día vive un calvario, la tristeza y las enfermedades han estado presentes en ella de manera permanente.

El 5 de julio de 2007, Daniela de 14 años acompañó a su hermana Virginia, de 20 años de edad y profesora bilingüe, a la población de San Marcos Xinicuesta, a donde nunca llegaron. Lo que indica que fueron desparecidas en el trayecto. Como no regresaban Antonia llamó al celular de su hija mayor el sábado por la mañana desde la caseta telefónica de la población, un hombre contestó y colgó.

Pensó que se había equivocado, volvió a marcar a su hija y esta vez una mujer respondió diciéndole que no conocía a Virginia, “me preocupó que mientras me respondían, se escuchaban voces de hombres, música y de botellas”.

Ese mismo día inició la búsqueda de sus hijas. En la comunidad le dijeron que tal vez ya tenían novio y que se habrían ido con ellos. Antonia no creyó porque sus hijas le habrían avisado. Por eso salió de su casa e inició la búsqueda en las terminales de transporte donde ellas transbordarían un taxi, pero nadie le dio una respuesta.

Días después, le informaron que sus hijas fueron vistas cuando eran llevadas en una camioneta con los ojos vendados y las manos atadas. Al paso del tiempo, Antonia Ramírez recibió la noticia de que sus hijas habían sido asesinadas y sus cuerpos arrojados a un barranco en Cumbre Hierba Santa.

Antonia se sostiene de una esperanza: volver a ver a sus hijas.

Emelia dice que un factor determinante para que la impunidad persista es el hecho de ser pobres, indígenas y mujeres.

SEM/sj

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