Claudia AlmaguerLa Opinión

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 Volvamos con cautela

Claudia Almaguer

SemMéxico. 15 de mayo 2020.- No estoy segura que debamos volver tan pronto, pero si salir del ensimismamiento, del sopor y de la incertidumbre. Hay tanta gente perdiendo sus certezas, sus comodidades sus seres queridos, es posible que nos pase también y tendremos que ser fuertes. Es indispensable proteger a los demás y tener salud para hacer nuestro trabajo.

Hace unas semanas le compartía aquí mismo del desgaste profesional que presentan las áreas dedicadas a la atención de mujeres, niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia, espacios de trabajo integrados en su mayoría por mujeres abogadas, médicas, policías y peritas, un personal que en la Fiscalía Especializada para la Atención de la Mujer de San Luis Potosí no había parado nunca y no paró ni siquiera estando en medio de dos crisis.

Dirá que es nuestra obligación y estará en lo cierto, pero eso no debe invisibilizar que cada una de nosotras también cuida de otros en casa como es la condición casi ineludible y desigual de cualquier mujer mexicana, que algunas somos jefas de familia y hacemos de su principal sustento, que dedicamos muchas horas al trabajo pero también a criar y a estudiar o a crear como tendría que ser en la complejidad que nos caracteriza.

Cuando a principios de marzo comenzó la crisis sanitaria, se fueron a casa quienes tenían la  salud comprometida y quedamos algo más de la mitad, apenas el año anterior rozamos las 8 mil denuncias atendidas por un total de 52 personas, así que ante una situación como el coronavirus lo más probable era que la demanda de atención no disminuyese así que se tomaron las medidas necesarias para conservar la salud de las personas y la nuestra, se proveyó material, se limpió constantemente, se solicitó el lavado de manos y la asistencia del menor número de personas para presentar las denuncias.

Sin embargo, el domingo 12 de abril en una guardia cualquiera, me tocó atender a una víctima, al finalizar la actuación le pregunté si trabajaba y me respondió que sí pero que en su centro de salud le habían dado una incapacidad por ser un caso sospechoso de Covid.

No hubo nada que decir, es imposible exigirle a una persona en esas condiciones que elija entre su vida y su salud, no hubo dolo ninguno ni egoísmo ni irresponsabilidad, hemos corroborado en otras circunstancias el caos emocional y psicológico que produce la violencia, definitivamente encontrarse en una situación así implica un riesgo y causa un estado de zozobra permanente. Hay que escribirlo porque no lo hicieron los medios amarillistas a los que les fue filtrado el incidente de manera dolosa y errónea.

Mi deber fue reportarlo e irme a casa. Sentí miedo por supuesto, como cualquier otra persona en su sano juicio. Pensé en cómo le iba a decir a mi hija lo sucedido, en que tendría que avisar a mi médico porque soy asmática y cobarde, detesto profundamente estar enferma al igual que el olor a cloro de los hospitales, las agujas, los cables y sobre todo el sufrimiento. Si usted ha padecido ya una neumonía sabrá de lo que le hablo. El caso es que me quedé encerrada durante dos semanas completas, 336 horas sin salir de mi habitación. 

Afortunadamente la persona a la que atendí y yo salimos bien de todo esto en parte gracias a la atención que tuvieron las autoridades de salud, pero lo que nos sucedió sí que causó un fortalecimiento de las medidas que se habían tomado porque en esta Fiscalía sigue siendo indispensable la interacción de las víctimas con el personal adecuado que pueda identificar el riesgo real en el que se encuentran y realizar los actos jurídicos necesarios para protegerlas además de la investigación del delito.

¿Tendríamos que aclarar que las medidas no violan ningún derecho? De ser necesario hay que decir que por el contrario se garantizan dos en específico: en el proceso de atención convergen el derecho de las víctimas para acceder a la justicia y el derecho del personal a trabajar en condiciones que no pongan en riesgo su salud ni la de sus familias, las medidas sanitarias permiten que ambos confluyan sin ningún conflicto.

Y parecería completamente irracional que alguien se queje porque le piden que se lave las manos, o use cubrebocas o tome sana distancia, pero en cualquier caso está absolutamente justificado que así sea y habremos de habituarnos todos y todas a integrar estas medidas a largo plazo si queremos como en este ejemplo recibir atención de las instituciones, o salir a la calle y al trabajo pronto.

Luego de las notas publicadas en diversos medios de la entidad acerca de que algunas personas pertenecientes al gremio médico se han enfermado por coronavirus al igual que policías y gente cuya labor se considera esencial es necesario reflexionar acerca del sentido de comunidad que tenemos en San Luis Potosí y en cómo se actuó durante la contingencia.

Pensar en las consecuencias que tienen nuestros actos en la vida de los demás.

Es ciertamente encomiable que la estrategia gubernamental del Estado se conduzca de manera cautelosa pero la otra parte de esta responsabilidad corresponde a la ciudadanía, depende de su madurez y de su amor al prójimo. Ojalá que ahora sí seamos un buen ejemplo. A más ver.

Dedicado a las compañeras de la FDM, con ustedes a la guerra.

Twitter: @Almagzur

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