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Desde la mano izquierda: 75 años después

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Claudia Almaguer

SemMéxico. 25 de enero 2020.- De todas las definiciones que hay en el diccionario acerca de lo que es la memoria se menciona que alude a la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado, que es una relación de datos personales de la vida de quien la escribe o una relación de algunos acaecimientos particulares que se construyen para ilustrar la historia. Desde luego que en la recopilación de las vivencias individuales las personas solemos evocar de manera bien distinta inclusive la misma experiencia, al respecto han estudiado los neurólogos y nos explican que depende mucho de quien se es, de lo que se quiere hacer memoria y del modo en que se hace, porque no es lo mismo tomar la decisión de acordarse de algo así nada más, que llevar un diario o tener algunas fotos para conseguirlo mejor, por eso precisamente se han desarrollado toda suerte de inventos con una única intención: salvarnos del olvido.

Si bien es cierto la mayoría de las memorias que se quieren preservar son alegres, o encomiables, también lo es que algunas aún sin nuestra voluntad se fijan de tal modo que es imposible deshacerse de ellas, un acto de preservación que hace el cerebro para evitar la repetición del hecho y hacernos aprender de él a tal grado que inclusive los malos recuerdos son fundamentales para las decisiones que tomará una persona a lo largo de su vida… y también las hay memorias colectivas sobre las que a cada tanto volvemos todos, en donde lo importante no sólo es evitar el olvido sino evitar el error por todos los medios.  

Justo se aproxima una de esas fechas, el próximo lunes 27 de enero será el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto designado en la resolución 60/7 de la Asamblea General de Naciones Unidas, en este 2020 se cumplen 75 años desde que acabaron la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto pero el odio causante de esas tragedias persiste ahora con más nombres y aunque pareciera imposible que alguien ignore esas memorias el año anterior se dio a conocer que en Estados Unidos hay gente joven que ignora lo sucedido y que la tercera parte de los europeos no sabe nada o apenas ha escuchado del exterminio masivo de seres humanos que se produjo entre 1933 y 1945.

El dato se corrige inmediatamente con los diversos documentos y materiales educativos que se han elaborado para formar en este tema: “Durante el holocausto aproximadamente 6 millones de judíos e incontables miembros de otras minorías, fueron asesinados por los nazis y sus colaboradores, movidos por una ideología racista que les consideraba seres inferiores al “superior” pueblo alemán, los nazis se propusieron subyugarlos y luego eliminarlos.”

Al tiempo se han hecho nuevos descubrimientos y se ha analizado el Holocausto con otras perspectivas por ejemplo en el abordaje denominado “Las Mujeres y el Holocausto: Valentía y compasión” hay una comprensión mucho más exhaustiva de las consecuencias físicas, psicológicas y sociales que padecieron las mujeres judías como lo fueron la desnutrición y la esterilidad derivada de la imposición de trabajos forzados, la depresión y los trastornos de ansiedad por encontrarse amenazadas y en situación de riesgo inminente, así como el severo esfuerzo adaptativo que les permitió generar para sí mismas y para sus familiares un mínimo de normalidad.

Para saber de ello por supuesto que las cifras no ayudan pero sí los relatos y los textos dejados por las víctimas que en la actualidad se pueden encontrar en las páginas de este día internacional y de los museos dedicados a su preservación como https://www.un.org/es/holocaustremembrance/index.shtml o https://www.ushmm.org/ y acá http://www.auschwitz.org/ sitios en los que vale la pena adentrarse y leer, que no es lo mismo saber que algunas mujeres sortearon la muerte a revisar el testimonio de algunas de ellas como Irene Safran quien cuenta cómo conoció a Josef Mengele en una revisión dentro de Auschwitz que con su ropa impecable y su acento amable les preguntaba a los prisioneros como se sentían o si estaban cómodos al tiempo de verlos rapados, en andrajos y completamente consumidos por el hambre. Al ser trasladada para trabajar en Alemania en noviembre de 1944 relató:

“Mientras viajábamos por Alemania, miramos por la ventana y vimos personas normales vestidas y que viajaban con sus hijos. Nos sorprendió darnos cuenta de que todavía había personas en el mundo que vivían vidas normales. Ya no parecíamos humanos, con nuestros cuerpos demacrados, caras hundidas y cabezas rapadas. No lo sabía en ese momento, pero pesaba menos de 80 libras. Me sentí muy enferma en el tren, con un terrible dolor de muelas. No pude comer mi barra de pan. Había sido afortunada y ni siquiera estaba feliz de irme de Auschwitz. Solo quería vivir lo suficiente como para contarle al mundo lo que había sucedido.”

Si entra en cualquiera de esos relatos va a encontrar esto en común, porque muchos sobrevivieron para eso, para contarlo. En un momento como este en el que el odio parecer resurgir inclusive con formas de representación política tal y como ocurrió en el pasado, o cuando la estulticia nos entrega a cada tanto fotografías irrespetuosas en los sitios donde este horror tuvo lugar, es fundamental recordar, ir a mirar las imágenes y leer esas cartas que hacen la memoria de seres humanos que fueron cruelmente asesinados o que atravesaron las más duras circunstancias. Negarse al odio es un ejercicio que debemos hacer todos. A más ver.

Twitter: @Almagzur

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