Claudia Almaguer

Desde la mano izquierda: Es la misoginia…

507 Vistas

Por: Claudia Almaguer

SemMéxico, San Luis Potosí, SLP, 10 de julio, 2021.- En las últimas semanas los datos de la incidencia delictiva del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública para el estado de San Luis Potosí, en el tema de las prácticas de violencia sancionadas por el código penal, han sido objeto de varias interpretaciones, entre ellas dos destacan y se contraponen: una habla de la violencia “intrafamiliar” apuntando a que su dinámica es un todos contra todos debido a la gente que no sabe convivir y otra que insiste en denunciar que en esas estructuras habita un abuso de poder donde las mujeres son las primeras víctimas debido al machismo y la misoginia.

Vamos a revisar las cifras: En 2015 se iniciaron 2294 indagatorias por violencia familiar, en 2016 fueron 3930, 2017 culminó con 5723, para 2018 hubo 6048 y en 2019 el número aumentó a 8233.

A pesar de que este delito se tipificó desde 1998 apenas consiguió visibilizarse en la incidencia delictiva en los últimos siete años y todavía no se disgrega por sexo. Sin embargo, al menos en esta entidad quienes hemos estudiado la violencia tenemos claro desde hace por lo menos una década, además del aumento de las denuncias, la diferencia sexual que caracteriza al perfil de sus sujetos: Las víctimas suelen ser mujeres y los agresores, varones sus parejas.

Podríamos comentar al respecto que hasta antes de 2007 cuando se comenzó a hablar de la perspectiva de género como visión científica y política desde la ley, la autoridad conocía de la violencia familiar mediante el inicio de una averiguación previa, pero también por medio de otros formatos por entonces permitidos como las actas, los conocimientos de hechos y las conciliaciones que no sólo podía actuar el Ministerio Público sino otras instituciones como los DIF desde sus áreas jurídicas.

Es curioso como los prejuicios colectivos contribuyeron a creer que la creación del delito era para proteger a “la familia”, nunca fue tal, se trataba mejor dicho y así está descrito en la exposición de motivos, de proteger a sus integrantes. Pero en aquel momento, seguía siendo un asunto privado, preferible el arreglo en pro de una visión de la familia tradicional que debía seguir unida, aunque ello potenciara el abuso y la mujer continuara recibiendo palizas a cada tanto, no es broma afirmar que más de una mujer fue asesinada debido a estereotipos como los aquí descritos.

Pero si en la sociedad actual se sigue creyendo que el poder dentro de las familias se reparte por igual, si la violencia en sus entrañas se imagina como una discusión de sobremesa, eso no puede significar más que desconocimiento o persistencia de los mismos falsos prejuicios que nos arrastran desde aquí hasta la agresión feminicida.

Y mire, es lo habitual que, con cada cambio de gobierno, (finalmente presidido por otro hombre) se escuche que nadie hizo nada, que todo fue mal que no se atendió a las personas adecuadas porque hay quien sí tiene el secreto que nos quitará de encima el fenómeno de la violencia contra las mujeres y hará de San Luis la entidad más igualitaria. Nada da para tanto, cada gobierno ha hecho una porción de cambios siempre objetables, con alguna buena voluntad, pero en su conjunto ninguno ha conseguido resolver este problema que se empeora a la par que nuestra sociedad se complejiza y persiste en los mismos estereotipos.

Contribuyo a la puesta de los pies sobre la tierra: En San Luis Potosí todavía hay mujeres víctimas de violencia que no se van de sus casas porque creen que las van a denunciar por abandono de hogar. A ese bulo no lo ha tirado ninguna política pública, pues esa es nuestra medida.

Eso sí, lo ocurrido durante el 2020 no ha terminado de darse a conocer, si el año cerró con 7781 carpetas por violencia familiar eso significa que las medidas sanitarias apenas incidieron en una leve disminución, con menores restricciones, hasta mayo de este 2021 van 3871 y lo más probable es que el incremento continúe.

Justo por eso dudar de ello, invisibilizar la necesidad de aplicar perspectiva de género en el análisis de este problema, o pretender hacerlo pasar de poca cosa, además de agravarlo es una burla para las víctimas, mujeres sujetas a toda una categoría de creencias que calan hondo al momento de decidir terminar con una relación violenta. Y de algún modo también es ofensivo para quienes continuamos trabajando con ellas a lo largo de la pandemia, enfrentando un cotidiano de incertidumbres, perdiendo la salud, mirando de cerca una violencia aplicada cada vez con mayor saña. Si la necedad cuesta vidas, debemos convencernos: es la misoginia. A más ver

 

Comment here

Accesibilidad