DesobedienciaOlimpia Flores Ortiz

Desobediencia

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Desgarramientos de vestiduras

Olimpia Flores

SemMéxico, 22 de junio, 2020.- La arena de la política, es ahora un burlesque en el que sin parodia de por medio, los actores se desempeñan en el extremo grotesco de su papel. El sainete en torno al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), exhibe ligereza en las decisiones, inconsistencia para dirigir, falta de cálculo y de perspicacia política, imprudencia. Las personalidades de la sociedad civil que llegan a compartir responsabilidad de gobierno a través de los organismos autónomos, en general no tienen la habilidad para habérselas con la marrullera clase política de oficio. Lógicas y modales distintos. Mónica Maccise se tendió una trampa y no tuvo reflejos; qué pena.

No puedo estar en contra del reclamo de Beatriz Gutiérrez Müller al célebre y cretino ocurrente, el novel hombre de medios el señor Chumel Torres. Con los niños no, por más figuras públicas que sean. No tendría que ser una regla, sino un principio ético.  Pero a Beatriz Gutiérrez, en realidad no le salió bien, con su reacción terminó por hacerle la campaña de difusión que fue trending topic, al bullying hacia su hijo; también qué pena. Otra que no calculó.

Y el otro, que en el aire las improvisa, el ganón que cachó la bola y asestó un contundente golpe a los cientos de organismos autónomos, que ya dijo que revisará y eventualmente desaparecerá, nos pone de frente a la disputa actual por el tipo de régimen que promueve la así autodenominada Cuarta Transformación y que además tiene su ámbito de resonancia en las redes sociales. Hasta aquí la anécdota.

¿Qué se juega en las redes? ¿Ahí está el debate? O, tal vez, ahí se oculta el debate, en esa maraña de expresiones subidas de tono que generan consensos polarizados. Sería interesante desmenuzar a qué imperativo subjetivo corresponde la vehemencia, emoción y calidad del mensaje con que cada quien se manifiesta. Hay tanto acuerdo en las redes, pero sospecho que es la apariencia de una artificial intersubjetividad que no encontrará cauce.

Para el sociólogo y filósofo austriaco, Alfred Schütz, la intersubjetividad, es el escenario en el que se desenvuelve toda interacción. La intersubjetividad es así siempre interacción, la relación de dos sujetos distintos. La intersubjetividad es el proceso generador de consensos en torno a los significados de la realidad social. ¿Se producen intersubjetividades en las redes?

Hay que huir de los maniqueísmos en boga: demócratas/estatistas; liberales/conservadores, y del rasgado de vestiduras en defensa ya de la democracia virtuosa o ya del patriotismo, ese estéril valor emocional que no debe imperar sobre las necesidades pragmáticas urgentes de La República y su desplazamiento futuro. Lo que cabe es reconocer que el modelo democrático de gobernanza en torno a los derechos humanos, oculta la relación perversa entre discurso democrático-participación de la sociedad civil-responsabilidad de Estado, que no ponen en jaque a las reglas del mercado y sus instrumentos. 

El paradigma de los Derechos Humanos, no tenía por qué librarse de la enajenación por el mercado que todo lo devora y lo pervierte; las organizaciones que los impulsan y la política pública que se respalda tras de su discurso, se ven arrastradas por las grandes inercias del capital financiero que sobre

determinan al papel del Estado cuyas funciones se ven disminuidas hasta quedar como el mero árbitro de los intereses; y por lo tanto, la política pública en su conjunto sujeta al Estado que abjura de sus responsabilidad sociales y de distribución equilibrada del gasto. El Estado se debe al cuidado de los indicadores macroeconómicos en el contexto mundial de la división internacional del trabajo.

Es el curso de la dinámica del mercado, la que ha tomado de rehén al paradigma, que es además eje del discurso democrático liberal. Se hace necesario develar los subterfugios por donde el sistema se vale de él para perpetuar el orden establecido con sus asimetrías; y que en el discurso de pronto la concepción de los derechos humanos del conservadurismo, sea la misma que manosea el discurso de género al mismo tiempo que niegan los derechos libertarios fundamentales de las mujeres como es el de la Decisión, la asunción del Deseo propia y de la autonomía.

Las tendencias de la globalización y la expansión del arquetipo hegemónico que determina los parámetros y los cánones del estatus medido por el progreso y el ideal de consumo, trastornan el sentido humanista del paradigma, para someterlo a la competitividad de las leyes del mercado.

Mucho más sutilmente, el develamiento de cómo es que el capitalismo de esta etapa, ha culminado su proyecto de enajenación, al persuadirnos de que sus intereses representan nuestro Deseo y determinan nuestra vocación y nos ha sometido a una carrera sin fin de superación y rivalidad universal, creemos que por decisión propia. Además, ahora, ineludiblemente atados al vínculo virtual para existir.

La política pública, no escapa esta lógica omnipresente, porque el Estado se alinea con los principios, que a grandes rasgos, se traducen en el discurso de la democracia restringida, -representativa, elitista, dicen algunos,- aquella que –he aquí la engañifa- parte de la premisa de que somos iguales en el juego de las reglas, escondiendo justo ahí el vínculo perverso entre desigualdad, discurso democrático y mercado.   

 El sesgo penal que cautiva estructuralmente al sistema, obnubila la mirada que reivindica la condición humana, como superior a la condición productiva. Todas, todos sospechosos y tratados como potenciales delincuentes. O en su caso como anormales, inestables, enfermos, improductivos sujetos a observación. En la arquitectura legal no priva el derecho llamémosle propiciador, sino el punitivo. Prohibición y castigo como reacción instintiva y no racional. Quiero entender si en este contexto el CONAPRED se apresta a afrontar esta gran dicotomía del Estado entre Gobernanza-democracia participativa- y discriminación como el lazo social de facto instituido y el prejuicio como el valor relacional  y con todos los dispositivos del poder al acecho.  Y ahora que el Estado policía persigue a la gente por razones sanitarias.    

El subterfugio se entraña en el garlito de la gobernanza que va con el paulatino despojo de ámbitos de responsabilidad del Estado asumido por sociedad (sociedad civil, e intereses privados) y Estado. Esta es la buena intención.

 Si no ha existido una cultura democrática previa, e influyen en la interacción política y social las luchas regionales, tribales, religiosas; hoy, los procesos de cambio que ya enfrentamos como herencia de la pandemia, nos dibujan escenarios que serán más complejos.  Por tanto, las nuevas realidades exigen nuevas reflexiones e innovaciones. ¿Dónde está la arena del conflicto y dónde se dirime? ¿Está en el territorio, está en la ubicuidad virtual?

Para que el enfoque de la Gobernanza lograra la pretensión de conciliación de intereses, conjunción de propósitos y esfuerzos, tendría que revisarse desde una perspectiva de la democracia participativa que supere los vicios y simulaciones del sistema de democracia representativa, elitizado, y desfasado de las urgencias nacionales.

 Estamos ante el hecho innegable del descentramiento del Estado frente a lo público, y el paso a formas donde actores provenientes de la sociedad civil, que es diversa, porque no se limita a actores de la igualdad o el enfoque de derechos humanos, sino también al ámbito privado-mercantil y financiero que tienden sus tentáculos hacia la estructuración de lo público.  Identificar este descentramiento como la estrategia para suplir la ineficiencia del Estado, pone al desnudo las bambalinas del debate en las que sigue estando el proyecto neoliberal, que pervierte a su favor el discurso democratizador, a favor de los intereses particulares y en debilitamiento real de la propia sociedad civil.

López Obrador pretende el regreso del Estado omnipresente. El indeseable cometido será imposible sólo con una contraofensiva que reivindique una gobernanza en la que el Estado funja más como un articulador de acciones públicas y procurador de los designios democráticos y del bienestar de la sociedad.  

La democracia participativa no se concentra en élites y corporaciones. Mucho menos puede ser teatralizada por los montajes de régimen. La democracia es diversa por esencia y es incluyente, confluyente o no es. En México creemos que la democracia radica en la razón que me asiste y no en la aceptación de la razón que asiste al otro. Pobre cultura.

 La reforma del Estado por este camino, requiere de la institucionalidad política, que dé cabida a la mejor compenetración entre el Estado y la sociedad. De ello han sido intentos los organismos autónomos que efectivamente hay que defender, pero también cuestionar y direccionar.

No se trata de sustituir la representación política ya existente, sino complementarla con mecanismos de ampliación participativa, en la que los actores de la sociedad civil tengan efectivas posibilidades de ejercicio de poder e incidencia en la estructura de la política pública y en los procesos de evaluación y rendición de cuentas de todos los privados y públicos que intervienen en la gestión de servicios y de recursos públicos.

Tal vez bajo esta lógica amplia y compresiva, nadie vuelva a invitar a Chumel.

En Oaxaca, comenzando el verano sin luz.

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