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Después de la Revolución ¿qué?

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Florencio Salazar

Como espejos en la sala / iluminada / de la casa sin luz. Juan Antonio Masoliver Ródenas.

Hoy la revolución mexicana es una entelequia. Inició en 1910 con el triunfo de Francisco I. Madero y concluyó con la derrota del PRI en el año 2000. Con la estructura de la Constitución de 1917, la cobertura ideológica del nacionalismorevolucionario y su objetivo de alcanzar la democracia, eliminar la reelección y alcanzar la justicia social duró 90 años.Sus saldos más significativos son la estabilidad política, el cambio periódico y pacífico de gobernantes y el ejercicio del poder civil. Fomentar una sociedad urbana con una creciente clase media.

En sus haberes también contaron la educación popular, la salud pública, el reparto agrario, el respeto al derecho de huelga y su reconocida política internacional pacifista. Y digo contaron, porque los reconocidos derechos del pueblo fueron menguando en sus resultados. Al mantenerse al ejido como propiedad social se empobreció al campo al grado de envejecer en condiciones de miseria. Las misiones culturales de José Vasconcelos y el Libro de Texto Gratuito de JaimeTorres Bodet, así como la amplia red de instituciones de educación superior, no han creado una educación competitiva y,por el contrario, en la mayoría de los planteles priva la mediocridad. Los servicios de salud son malos, están hacinados,carecen de medicamentos y se deja a la intemperie a las personas de bajos –o sin– ingresos. La política internacional ha perdido su brillo y se orienta a perder el respeto que hemos tenido como país.

La épica de la revolución es desconocida para quienes nacieron en los últimos 50 años. La mayoría de la población ignora quienes son los protagonistas de la historia nacional. Famosos intérpretes han causado pena al no conocer siquiera la letra de nuestro himno. Poco sabemos de nuestro pasado, vivimos en un presente cargado de problemas y malos augurios y pensamos en un futuro de corto plazo que nos entretenga y nos haga olvidar nuestra aciaga realidad, como es el campeonato mundial de futbol.

Desde que fue declarada la Independencia Nacional (1821), una y otra vez, prevalecen los desencuentros entre losmexicanos. Desde la guerra independentista hasta la fecha vivimos enfrentados con nosotros mismos, incapaces de resolver nuestras diferencias poniendo a salvo el interés nacional. Primero fueron las logias Yorkina y Escocesa, una liberal y la otraconservadora, encabezadas por dos surianos, Vicente Guerrero y Nicolás Bravo, respectivamente. Estas logias pugnaron por una República federal (yorquinos) o por una centralista (escoceses).

Era sin tregua el enfrentamiento entre los federalistas, aconsejados por el embajador de Estados Unidos Joel R. Poinsett,quien tenía como misión comprar el territorio de Texas; y los centralistas con el apoyo del alto clero y los peninsulares. Después de los 30 años de anarquía bajo el mando de Antonio López de Santa Ana, fueron incapaces de entender a JoséMaría Luis Mora, cuya voz aún no cesa: “La administración que sucedía era siempre peor y más ruinosa que la que había precedido, la nación se precipitaba de abismo en abismo”. Los nefastos resultados todavía no los calibramos.

México tenía 4 millones de kilómetros cuadrados y nuestras fronteras estaban en California, Nuevo México y Texas yterminaban en Colombia. La falta de visión y unidad nacional nos hicieron perder la potencia mundial que pudimos ser. Como fantasmas nos persiguen las graves diferencias del siglo

XIX. Parece que los ensayos de Samuel Ramos y Octavio Paz sobre el modo de ser del mexicano son agua sobre las rocas.

Recuerdo un cartón de Abel Quesada en el periódico Excélsior, de hace unos 50 años. Dios crea la tierra y reparte sus bienes a los pueblos. A unos les otorga mares, a otros desiertos, a otros más bosques y desfiladeros, pero a México le da todo. Unavoz celestial le pregunta si no es injusto. “Ahora los emparejo”, contesta el Señor. Y de pronto una mano poderosa hacedescender a un charrito bigotón con cara de asombro.

Seguimos sin aprender. La actual polarización puede devenir en una desgracia nacional. Cuando los extremos se enfrentan seacaba el espacio de amortiguación de los conflictos. Cuando hay más pasión que entendimiento cualquier cosa puede pasar. En ese escenario los fanáticos de uno y otro lado pueden aparecer. El presidente Andrés Manuel López Obrador juró la Constitución y observar sus leyes. No ver ni oír es propio de dictadores, no de estadistas demócratas.

Para demostrar la pobreza en nuestro país y su enorme desigualdad no hacen falta estadísticas, basta ver a niños y ancianosen la calle, a hombres y mujeres desesperadas por falta de dinero. En eso radica el fracaso de nuestra revolución. Ahora tenemos el problema de carecer de un puente de continuidad para corregir errores y aprovechar nuestro potencial. No es a rajatabla como se resuelven los problemas. Un México de oportunidades exige afrontar el desafío de seguir insertos en la globalidad pero con distribución del ingreso.

No hagamos del pasado olvido, del presente caricatura y del futuro piedra de sacrificios.

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