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Día Mundial de las Personas Refugiadas

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“Las mujeres huyen por lo que son, por ser mujeres”

Cada año, el 20 de junio se celebra el Día Mundial de las Personas Refugiadas

 Andrea de Lucas

SemMéxico/Amecopress, Madrid, 20 de junio, 2021.-  Un refugiado o una refugiada es una persona que “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opiniones políticas se encuentra fuera del país de su nacionalidad y no puede acogerse a la protección de dicho país”. En 2019, antes de que la pandemia de COVID-19 asolara el planeta entero, se contabilizaron un total de 79,5 millones de personas desplazadas a la fuerza según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

En España, y conforme las cifras del Comisionado Español de Ayuda al Refugiado (CEAR), se presentaron ese mismo año un total de 118.264 solicitudes, más del doble que en 2018. De todas ellas, únicamente se llegaron a resolver 60.198 expedientes, donde también se suman algunos acumulados de otros años.

Hay que tener en cuenta que durante 2020 y 2021 el perfil la persona que solicita refugio en nuestro país ha cambiado, por las limitaciones de movilidad internacional que ha ocasionado la pandemia del coronavirus, y que ha hecho que muchas personas de Latinoamérica, por ejemplo, no hayan podido salir de su país de origen a Europa. Este último año, las personas que más han llegado a las costas españolas lo han hecho desde África: Magreb, Marruecos y Argelia, es decir, quienes podían salir de sus países por vía marítima.

Refugiadas por Género

Dentro de todas las dificultades a las que se enfrentan las personas refugiadas que buscan asilo en otros países, hay que destacar la discriminación, persecución y violencia a la que se enfrentan las mujeres refugiadas por el simple hecho de ser mujeres.

Desde CEAR, María Ángeles Plaza, coordinadora estatal de salud mental, nos cuenta que “los motivos de persecución son prácticamente los mismos para todas las mujeres del mundo” como pueden ser los matrimonios concertados, la mutilación genital femenina, la trata de personas, la violencia estructural contra las mujeres, la persecución por diversidad sexual e identidad de género a la que también se enfrenta todo el colectivo LGTBI, etc.

“Primero huyen de sistemas patriarcales, de la desigualdad de poder que existe en la mayoría de los países y de sistemas que legitiman, mantienen o perpetúan la impunidad de la violencia de género hacia las mujeres”, recalca Plaza.

Otra de las diferencias del por qué hombres y mujeres huyen de sus países de origen, son las causas por las que se les persigue: “Muchas veces decimos que los hombres huyen por lo que hacen, porque son activistas, porque son narcotraficantes, o porque luchan contra el narcotráfico, por su profesión (…) y la mayoría de las mujeres huyen por lo que son, es decir, porque son mujeres” explica la coordinadora.

“Luego además hay mujeres que son activistas, periodistas, que tienen otros roles, pero la mayoría podemos decir que huyen de sistemas patriarcales donde no las permiten tener acceso a los mismos recursos que los hombres”, matiza.

Pero, aunque el perfil las personas que piden refugio haya cambiado por la situación de pandemia mundial, no significa que haya disminuido el número de mujeres, en este caso, que necesiten asilo en otro país, simplemente se enfrentan a la dificultad de que no pueden llegar: “Las mujeres de Venezuela, por ejemplo, huyen a Colombia porque es donde pueden acceder, y las mujeres de Centroamérica muchas llegan a EE.UU, otras no”, aclara María Ángeles Plaza, añadiendo que “los procesos migratorios a veces son condicionados por dónde puedes salvaguardar tu integridad física y psicológica, y la de tu familia”.

“Las redes sociales de apoyo son el mejor predictor de recuperación de salud mental”

Dentro del marco psicológico y de todas las problemáticas que se encuentran las personas refugiadas, tanto mujeres como hombres, cuando llegan a su país de destino, la coordinadora estatal de salud mental comenta que “las redes sociales son el mejor predictor de recuperación de salud mental, y hay que facilitar a las personas ese contacto y ese vínculo de no aislamiento, vincularles con sus redes sociales de apoyo es una de las mejores intervenciones que podemos hacer de cara a mejorar la salud mental de las personas refugiadas”.

“Es verdad que el proceso de inclusión es difícil pero nuestro objetivo siempre va a ser el empoderamiento, la no revictimización, el poder dar voz a esas personas y que sean protagonistas de su historia”, nos cuenta Plaza, comentando además que el proceso de empoderamiento para las mujeres refugiadas es muy importante: “A estas mujeres que vienen de espacios vinculados al hogar donde no han podido desarrollar ciertas habilidades hay que dotarlas de recursos, porque tienen esas habilidades y se deben reforzar para darles autonomía”.

Y es que al final, aunque las mujeres no tengan mayores dificultades para encontrar asilo al ser consideradas muchas veces colectivo vulnerable, lo más complicado es el proceso de inclusión por las diferentes barreras sociales: el idioma, la cultura, los recursos de los que disponen, etc.

“La inmigración no viene por un efecto llamada, viene por un efecto salida, por buscar una vida mejor”

Sobre esto, la asociación Médicos del Mundo analizó cómo es el trato que reciben las personas migrantes al llegar a España, llegando a la conclusión de que no se le da la suficiente importancia a su salud mental, por lo que todas las patologías previas que tienen se acaban agravando.

En este contexto, la presidenta de la asociación, Nieves Turienzo, explicó en la presentación de su informe que “la falta de información provoca empeoramiento de la ansiedad, y los recursos que existen tanto en Canarias como en Melilla no son suficientes”, recalcando algo muy importante: “La inmigración no viene por un efecto llamada, viene por un efecto salida, por buscar una vida mejor como han hecho muchos españoles que han salido durante muchos años al exterior”.

Por otro lado, Judith García Padilla, abogada del servicio jurídico de la Asociación Comisión Católica Española de Migraciones (Accem), nos explica que muchas mujeres refugiadas huyen porque en su país de origen “ni si quiera está penado de forma específica la violencia contra las mujeres, o porque incluso estándolo, el Estado no es capaz de darles una protección”.

Además, recalca que las mujeres refugiadas deben estar en espacios seguros en los que “no compartan espacios con hombres, porque pueden haber sufrido determinadas formas de violencia en las que se pueden sentir incómodas o pueden tener cierto temor a compartir espacios con ellos”. Por ello, el procedimiento a seguir cuando llegan al país de destino es intentar que “sean espacios lo más seguros posibles, cómodos y adaptados a las circunstancias de cada mujer”.

 

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