Impunidad

¿Dónde estás Murat? Dice familia de víctima de feminicidio

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  • Reclaman justicia frente a un palacio de gobierno donde nadie atiende.
  • Hoy realizan audiencia porque el inculpado pidió revisar sus medidas cautelares.

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, Oaxaca, 27 de octubre del 2022.- “¡Murat dónde estás, católico, religioso, dando ofrendas en el Vaticano ¿y tú pueblo? Abandonado. ¿Qué haces con su pueblo? Asfixiarlo!” Grita a todo pulmón Angélica María Hernández Domínguez plantada en la puerta principal del palacio de gobierno en la ciudad de Oaxaca. ¡Gobierno vacío!, vuelve a gritar Angélica María, quien con un grupo de personas llegó hasta el palacio para exigir justicia para Mariela Saídi, asesinada el 19 de mayo de 2019, y cuya muerte se intentó hacer pasar como una “bronco aspiración”.

Frente a ella unas vallas de metal y detrás de la cerca un grupo de policías que no hacen muecas, no se incomodan, siguen de pie, miran hacia el frente, como si nada pasara.

¡Señores policías qué me están viendo, si fueran sus hijas ¿qué harían? ¿Ahí si hay justicia? No se escondan! Les grita.

Nada, nadie responde. Ella los vuelve a increpar:

¡No se escondan! Hoy me tocó a mí, mañana podrían ser ustedes ¿qué van a hacer?

Otra vez silencio. Uno que se va haciendo más profundo en esa plaza casi siempre bulliciosa, donde los reclamos se ahogan cada día. Personas que pasan, no se detienen, ven de reojo, pasan en silencio y siguen su camino.

¡Aquí no hay condiciones, nunca atienden, cobran sin trabajar y no hay justicia!

Los gritos siguen, pero la historia es la misma. Un joven, “al que le tocó dar la cara” señala que no hay nadie, pero que pronto vendrá personal de la Secretaría General de Gobierno. Angélica María responde ¡aquí los espero!

Esta ahí porque señala que el dolor se le convierte en indignación. La familia fue notificada que el detenido J.D. arquitecto de profesión y exnovio, imputado del asesinato de su sobrina, solicitó una audiencia incidental para modificar su medida cautelar, es decir, la prisión preventiva impuesta tras su detención en Tapachula, Chiapas, de donde es originario, ocho meses después del feminicidio de su sobrina. Fue detenido mientras paseaba con su nueva novia, una preparatoriana. ¿Habrá otras víctimas antes de Mariela Saídi? Y después ¿Lo permitirán?

Él puede quedar libre este mismo día o mañana, agrega molesta.

La audiencia que sería en un juzgado de la ciudad de Oaxaca, fue cambiada de último momento a otro juzgado en Ejutla de Crespo, a 50 kilómetros de la capital oaxaqueña. Por eso mi hermana tuvo que irse pronto, explica a la prensa.

Acusa que desde que sucedieron los hechos en 2019 la Fiscalía General del Estado de Oaxaca las ha tratado mal y negaron información directa a su hermana, la madre de Mariela Saídi, “todo a través del abogado”, sentenció un Ministerio Público. El anterior fiscal, se refiere a Rubén Vasconcelos Méndez, no las quería recibir sino hasta meses después y como siempre prometió justicia. Ahora Arturo Peimbert Calvo, el fiscal de Oaxaca no ha resuelto nada y permite que estas cosas sucedan.

J.D. exnovio de Mariela Saídi la mató aquella mañana. Su cuerpo fue encontrado sobre la carretera federal a la altura del fraccionamiento Esmeralda, en la municipalidad de San Pablo Etla, zona conurbada a la capital oaxaqueña.

Sus amigos fueron testigos cuando J.D. fue a “sacarla” de una fiesta, aquella madrugada para después asesinarla a tubazos, según se asienta en las investigaciones, dice la tía, quien reprocha la forma en que un grupo de médicos legistas pretendieron hacer pasar ese feminicidio como bronco aspiración.

“Yo los oí”, repite con un dejo de dolor. La necropsia revelaría que la joven presentaba golpes en el cuerpo, la cara y un traumatismo cráneo-cefálico que le quitaría la vida cuando “tenía un futuro por delante”.

Angélica María Hernández Domínguez cuenta que el feminicida ocultó evidencias. Avisó a sus padres que se trasladaron de inmediato desde Tapachula, Chiapas, a la ciudad de Oaxaca. No le avisó a la madre de Mariela Saídi quién supo de la tragedia hasta las 3 de la tarde, ocho horas después del feminicidio de su hija.

Nos fuimos al servicio médico forense, donde nos dijeron que estaba mi sobrina. Pero ella tenía otra ropa, la que ese día llevó a fiesta nunca apareció. La casa de J.D. estaba limpia. Había ocultado las evidencias, pero insistimos, las lesiones eran claras, no se trataba de una bronco aspiración, sino de una agresión directa.

Próxima a titularse como Bióloga, Mariela Saídi, nunca nos dijo que J.D. la violentaba físicamente hasta que la mató. La familia no sabía que vivía violencia, no sé…dice buscando respuestas.

Peleamos para que reconocieran que fue un feminicidio, luego en la Fiscalía nos trataron como si la familia fuéramos delincuentes, al grado de negar todo tipo de información, incluyendo a la madre de la víctima. Nos prohibieron ir a las organizaciones no gubernamentales a pedir ayuda. Tampoco le ofrecieron atención emocional a mi hermana, nada.

Incluso, la prensa no se enteró de este hecho, ningún medio reportó los hechos. Ella fue testigo cuando un reportero se acercó y personal de la Fiscalía le advirtieron: “no mi cuate, aquí no te metas”. ¿Quién daba esas órdenes? Todavía no lo saben, pero intuyen que fue el mismo J.D.

¿Qué traman ahora? Pregunta Angélica María Hernández Domínguez, preocupada ante la posibilidad de que el feminicida obtenga su libertad.

La justicia ha sido lenta “de todo le echan la culpa a la pandemia”, dice al recordar que han pasado más de tres años desde aquel 19 de mayo de 2019, cuando ya nada fue igual.

SEM/sj/MG

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